Skip to main content
Blogs de autor

La siempre ubérrima y sonora Valencia

Por 17 de febrero de 2010 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Allí me voy a golpe de Euromed, con tres horas por delante para leer lo que Azorín escribía sobre la ciudad de 1890. Pasmoso: en el café España hay un joven pianista sobre una tarima, "los primeros compases de la obertura de Tannhauser resuenan en la sala sobre el tumulto de las conversaciones. De pronto se hace un silencio profundo. Del tablado se esparce por la sala como una misteriosa corriente magnética. El público escucha embelesado. Y cuando se apagan las postreras notas, un estruendoso aplauso llena el ámbito". ¡En el café España de Valencia, en 1890! Por esas fechas eran cien quienes habían oído sonar la música de Wagner en París. Poco antes Debussy hubo de viajar hasta Bayreuth para oírlo.

    A Valencia me lleva Debussy, justamente, a un concierto del excelente Grup Instrumental de Valencia que dirige Joan Cerveró. Es aquella la parte musical de España que cuida de los vientos que suenan a madera y a metal. Uno se imagina a los valencianos tocando la flauta, el trombón o el oboe por las calles, e intercambiando melodías en lugar de darse las buenas noches. La ciudad, es además, un objeto como aquellos que Debussy coleccionaba, láminas japonesas, vidrios de Lalique, marfiles eróticos.

    El concierto nos salió bastante bien. Mejor a ellos (en especial a Carlos Apellániz, impávido junto al espectro de Pas sur la neige), que a mi, trivial presentador, pero el público que rebosaba de la sala del Instituto Francés me pareció tan entusiasta como el de 1890. Las ciudades con buen oído, Salzburgo, Zurich, Aix, ¡son tan superiores a las ciudades sordas!

    El día siguiente lo dediqué al ojo. En el Museo de Bellas Artes hay dos piezas colosales. En su autorretrato, un Velázquez harto del mundo mira derrotado al espectador. Goya pintó a Bayeu con temor y temblor. No era sólo su cuñado, cosa sensacional, sino también el primer pintor del reino. No valían trampas. El de Valencia es plomo, nácar y niebla. El del Prado es doradito.

    Tras el oído y la vista llegó la paella, pero este es asunto teologal y pide otro espacio. ¿Verdad Miguel Sen?

 

Artículo publicado el domingo 14 de febrero de 2010.

profile avatar

Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

Obras asociadas
Close Menu