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Juego de palabras

Por 15 de enero de 2007 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Si alguien aún tiene dudas sobre las escasísimas posibilidades de que sirva para algo ese plan inventado por el presidente del gobierno llamado “Alianza de civilizaciones”, hará bien en leer la soberbia autobiografía de Ayaan Hirsi Ali, Mi vida, mi libertad (Galaxia Gutenberg).

Aunque nacida en Somalia, antes de cumplir los dieciséis años Ayaan Hirsi Ali ya había vivido en Etiopía, Kenya y Arabia Saudita debido a la condición de activista político de su padre. En sus desplazamientos conoció con exactitud la situación de las mujeres en los países árabes y en aquellos otros en donde iban tomando el poder los Hermanos Musulmanes. Su relato es sobrecogedor.

Sin la menor duda, para los musulmanes las mujeres son como el campesinado para la aristocracia feudal: una masa amorfa, más próxima al animal que al humano, a la que se explota sin piedad. Dado que en esos países sólo hay dos tipos de hombre, el jefe y el súbdito, las mujeres ocupan el lugar de los esclavos.

Para muchas mujeres las humillaciones, ablaciones, violaciones, asesinatos y explotaciones, resultan soportables porque han asumido el papel de animal sucio y lúbrico que les asigna el Corán. Aceptan los castigos y las agresiones del mismo modo que las bestias que lamen la mano que les da de comer. Pero para una mujer inteligente y valiente como Ayaan Hirsi, eso era imposible. En cuanto llegó a la mayoría de edad escapó del infernal campo de concentración islámico y emigró a Europa.

Su historia posterior parece una novela. Tras estudiar Ciencias Políticas la inmigrante semianalfabeta acabó como diputada del Parlamento holandés. Más tarde fue el objeto de la ira xenófoba de los nacionalistas quienes trataron de quitarle la nacionalidad. Finalmente, tras realizar una película con Theo van Gogh sobre las mujeres musulmanas, éste fue asesinado y ella vive desde entonces con guardaespaldas para protegerse de la vesania islámica.

¿Alianza de Civilizaciones? En absoluto: la lucha de la civilización contra la barbarie. O sea, lo de siempre.

Artículo publicado en: El Periódico el día 13 de enero de 2006

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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