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Juan Martínez bailó en el infierno

Por 9 de julio de 2007 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Al principio, cuando todavía se exhibía delante de la emperatriz María Fedorovna, ya tuvo un anticipo de lo que se le vendría encima. El gran chambelán le prohibió salir a escena con aquel pantalón tan ajustado y abotinado porque le pareció una indecencia. Juan Martínez hubo de bailar con un pantalón de frac. "¡Quién ha visto bailar el bolero con fondillos en los pantalones, señor!", se lamenta. Seis años más tarde bailaría cubierto de harapos y por un mendrugo de pan: tuvo la mala fortuna de coincidir con la revolución y desaprovechar cuantas ocasiones se le presentaron para escapar del infierno. "A mí la toma del poder por los bolcheviques, los famosos 10 días que conmovieron al mundo, me cogieron en Moscú vestido de corto, bailando en el tablado de un cabaret y bebiendo champaña a todo pasto".

Las peripecias de aquel hombre y su mujer por tierras de Rusia y Ucrania, con las monstruosas matanzas de Kíev como centro de la desventura, son uno de los más espeluznantes relatos que se han escrito sobre la Revolución rusa. El bailarín dictó sus recuerdos a Manuel Chaves Nogales, un hombre nacido con el siglo y muerto en el exilio a los 47 años. Excepcional periodista, pero detestado por fascistas y comunistas españoles y, en consecuencia, casi desconocido en España. Solo su magnífica biogra- fía de Belmonte ha tenido alguna notoriedad.

La razón por la que Chaves Nogales no se estudia junto a Bergamín, Pla, Baroja, Ruano y otros cronistas del momento republicano, es que nunca mintió. No se sometió a la castración española de ser sumiso de los unos o de los otros. Como dice Trapiello en su agudo prólogo, "encontramos en las crónicas y opiniones de Chaves Nogales la desinteresada e inteligente reflexión de quien supo que el mayor pecado que un hombre podía cometer en aquellos años era mantenerse libre". En aquellos años y también en estos.

El libro, que se editó en 1934 y forma parte de la narrativa completa publicada por la Diputación de Sevilla, ha sido rescatado por la editorial Libros del Asteroide. Muchas gracias, Asteroide.

Artículo publicado en: El Periódico, 7 de junio de 2007

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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