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‘Ignoramus’

Por 19 de julio de 2017 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Los artistas tienen el cerebro inflamado de fantasías y por eso se les hace difícil adoptar el proceder del común. Pero si no lo tuvieran poseído por sus ficciones, no podrían luego construir esas complejas armaduras oníricas que exigen años de trabajo. El artista es su primera ficción. Así que ningún artista sabe quién es en realidad o qué desusado ciudadano ven en él sus vecinos.
 

Ejemplo. Sabemos que James Joyce fue uno de los artistas que fundaron las vanguardias que arañaban los límites del lenguaje, la luz, los sonidos o la vivienda. Pero no es así como se veía él. En sus conversaciones con Arthur Power (Ed. Universidad Diego Portales), compatriota de pocas luces con quien conversaba a veces en París, el escritor dibuja una imagen de sí mismo bastante inesperada. Opinaba que el cristianismo, ofuscado con la muerte de los humanos, había destruido "el misterio de la vida animal". Admiraba, en cambio, el trato que asirios y egipcios daban a perros y gatos. Lo remataba algo después al asegurar que los paganos tenían una mayor valentía frente a la muerte que los cristianos. 

Este arcaísmo babilónico lo confirma su rechazo del Renacimiento al que considera "una vuelta a la infancia" comparado, dice, con el gótico. Y entonces afirma que su escritura está más cerca del medievo que de los tiempos actuales. Cree que, de haber vivido en el siglo XIV, "habría obtenido mucho mayor reconocimiento". Admira que Joyce, el mesopotámico, el pagano, se tuviera por un escriba del medievo, experto artesano en la manipulación de masas pétreas, artífice de laberintos dublineses y retorcidas gárgolas con la cara de Bloom, en un taller lleno de gatos. Y sin embargo tiene sentido: uno entiende perfectamente este Joyce neogótico y (perdón) neogático.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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