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De sabios es rectificar y rectifico

Por 30 de enero de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Félix de Azúa

Perdonen que hable de mí mismo. Quizás recuerden que estuve a punto de diñarla por causa de una obra pública chapucera que había dejado un tramo mortal en medio de una carretera recién asfaltada. Echaba yo la culpa a la Generalitat y sin embargo el asunto es más insólito y aún manifiesta cierto desorden superior. Véase.

Alertado por mi artículo, el conseller de obra pública, Joaquim Nadal, que es un lince, ni corto ni perezoso tomó su automóvil y se fue a mirar si era verdad lo que decía aquel ximplet. Vio que era verdad. En la vía aullaban trescientos metros de hoyos y socavones, una guillotina en la cinta de liso asfalto. ¿Cómo podía ser aquello posible? Pues porque ese minúsculo fragmento no pertenece a la Generalitat sino al ayuntamiento de Serra de D’Aro. Por aquel pedacito habían cruzado durante siglos, primero mulas y luego tractores buscando campos donde hincar el arado. El mínimo paso tenía derecho de pernada en el diminuto municipio ampurdanés.

/upload/fotos/blogs_entradas/asfaltar3_med.jpgNadal, hombre de acción, habló con los munícipes, los cuales adujeron que no era asunto suyo si alguien se desnucaba en aquel palmo y que no iban a poner un céntimo. Sin duda el conseller podría haber esperado a que un loquitonto de moto y botellón se rompiera la crisma una noche sin luna. Porque ya no pasan por ahí mulas o borricos sino motos, coches, camionazos y hormigoneras. Los tiempos cambian y las propiedades, por estúpidas que sean, permanecen. Como es de razón, Nadal mandó asfaltar de inmediato el trozo criminal a costa del erario. Hoy he vuelto a pasar, como dice la canción, por aquel camino negro y era ya una carretera perfecta.

Y ahora, la conclusión. ¿Cómo puede ser que las comunicaciones de un país más o menos moderno continúen legalmente como en tiempos de Indíbil y Mandonio? ¿No es de todo punto imprescindible que la red viaria se unifique en un ejecutivo centralizado? ¿O acaso la reacción que nos encadena al pasado histórico ha de mantener privilegios medievales? Es como si por las vías del AVE cruzara de vez en cuando una trocha de cabras. Glorioso.

Artículo publicado en: El Periódico, 26 de enero de 2008.

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Félix de Azúa

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017), Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) y El arte del futuro. Ensayos sobre música (Debate, 2022) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

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