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Una visita a Polvos azules

Cuando comenté a mis amigos en Bolivia que iba a estar en Lima por la feria del libro, hubo algunos que me recomendaron lo típico -restaurantes, librerías, museos--, y otros que fuera a Polvos azules. Sabían que me gustaba buscar películas raras y me dijeron que todo estaba allí. Intrigado, decidí hacerles caso.

Polvos azules es un centro comercial, pero no uno cualquiera. Aquí casi todo lo que se encuentra es pirateado. Deambulé por galerías de ropa de marca -Lacoste, Hugo Boss--, me sorprendí por la calidad de los productos -hay piratas y piratas--, por lo barato de todo. Busqué una funda para iPod, y me dejé abrumar por los puestos de artefactos electrónicos, en los que jóvenes de manos hábiles desbloqueaban celulares a la vista de los clientes. Abundaban los errores y la creatividad: vi, entre otras cosas, zapatillas deportivas Pmua (¿Puma?) y energizantes Duff (la cerveza de Los Simpson).

Me llamó la atención que hubiera librecambistas ataviados con una camisa fosforescente que indicaba que compraban dólares y euros. Los encargados de Polvos azules saben que este centro comercial se ha convertido en un destino turístico y están dispuestos a hacer todo para que los turistas no tengan contratiempos. El comercio pirata ha sido institucionalizado (algo que, en mayor o menor medida, ocurre en todos los países latinoamericanos).
   
Pasé la mayor parte del tiempo en las galerías 17 y 18, dedicadas a películas. Había puestos específicos para los estrenos comerciales, una sección que ofrecía hentai (porno animé, entre las que destacaban las parodias de Naruto), y una dedicada al cine clásico e independiente. Los puestos tenían catálogos que hojeé exhaustivamente, impresionado por lo completos que eran: en uno de ellos, dedicado al cine latinoamericano, encontré incluso películas bolivianas inhallables en mi país. El vendedor atendía a cinco clientes a la vez, sabía todo de cine independiente, y no dejaba de ofrecer su tarjeta al final de la compra, pidiéndonos que volviéramos pronto.
   
Durante muchos años los mercaderes de Polvos azules debieron luchar contra el deseo de la alcaldía de combatir el comercio ilegal. Alguna vez sus puestos se hallaban cerca del palacio presidencial de Lima, pero cuando la UNESCO declaró  al centro histórico patrimonio de la humanidad, Polvos azules debió buscarse otro espacio. Así llegaron al lugar donde se encuentran ahora, por el paseo de la República, primero como mercado callejero, luego como centro comercial. Al no poder vencerlos, la alcaldía ha decidido unirse a ellos, o por lo menos dejarlos en paz.
   
El día que estuve en Polvos azules, sentí que me picaban los ojos y me raspaba la garganta. Un vendedor me explicó que eso se debía al gas lacrimógeno que la policía había tirado la noche anterior. Pregunté si los policías hacían batidas para confiscar productos. Me dijeron que sí, pero no a pedido de la alcaldía ni de los comerciantes legales, sino por cuenta propia, cuando necesitaban algo de dinero. De hecho, en general los policías trataban de resguardar el orden en Polvos azules.

Me fui a casa con treinta películas en una bolsa negra y lágrimas en los ojos.

(revista Qué Pasa, 13 de agosto 2010)

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13 de agosto de 2010
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El ?retorno? de Fidel Castro

La noticia del retorno de Fidel Castro a la vida pública, luego de cuatro años de ausencia, ha despertado fantasías e inquietudes, especialmente porque su inesperada reaparición ocurre justamente en el momento en que se aguardan con más desespero las reformas de su hermano Raúl, a quien heredó todos sus cargos desde julio de 2006. La vuelta de los famosos suele repetirse con frecuencia, tanto en la vida real como en la ficción, trátese de Don Quijote o Casanovas, King Kong, Elvis Presley o Juan Domingo Perón. Recurrente es también la desilusión de quienes comprueban que todas aquellas cosas que se van, como las golondrinas de Becker, no volverán, al menos como solíamos recordarlas. Fidel Castro no ha estado exento de ese tono desvaído que tiene el remake, de esa cuota de desespero que se percibe en quienes insisten en regresar. Este anciano balbuceante de manos temblorosas, nada tiene que ver con aquel fornido militar de perfil griego que desde una plaza, donde un millón de voces coreaba su nombre, proclamaba leyes que no habían sido consultadas con nadie, perdonaba vidas, anunciaba fusilamientos o pregonaba el derecho de los revolucionarios a hacer la revolución. Poco queda del hombre que durante horas ocupaba la programación televisiva y mantenía en vilo, del lado de acá de la pantalla, a todo un pueblo. El gran improvisador de otros tiempos se reúne ahora en una pequeña sala de teatro con un auditorio de jóvenes a leerles un resumen de sus últimas reflexiones -ya publicadas en la prensa- y en lugar de inducir aquel pavor que hacía temblar a los más bravos, provoca, en el mejor de los casos, una tierna compasión. Una joven periodista le hace una pregunta complaciente y le pide públicamente un deseo: ?Déjeme darle un beso? ¿Qué fue de aquel abismo que ninguna audacia se atrevía a saltar? Una señal significativa de que la vuelta de Fidel Castro a los micrófonos no es bien vista es que ni siquiera su propio hermano quiso hacerse eco, en su más reciente discurso ante el parlamento, de los sombríos augurios que ha lanzado sobre lo inevitable de un próximo conflicto militar, cuyo escenario puede ser Corea del Norte o Irán y cuyo fatal desenlace será ?según sus vaticinios- la conflagración nuclear. Muchos analistas apuntan al hecho de que el Máximo Líder apenas se digna a mirar los innumerables problemas de su país, limitándose a ver la paja en el ojo ajeno, ya sean los problemas ambientales del planeta, el agotamiento del capitalismo como sistema o estas recientes predicciones bélicas. Otros encuentran en su aparente indiferencia por el acontecer cubano, una velada señal de descontento. Si el César no aplaude algo anda mal, aunque no censure. Resulta impensable que él no esté enterado del apetito de cambios que devora hoy a la clase política cubana y sería demasiado ingenuo creer que él los aprobaría. Tantos años pendientes de los gestos de sus manos, de la forma en que arquea las cejas o del rictus de sus orejas, los fidelólogos lo suponen ahora imprevisible y temen que lo peor pueda ocurrir si se le ocurre despotricar contra los reformistas frente a las cámaras de la televisión. Quizás por eso la impaciente camada de nuevos lobos no quiere avivar la ira del viejo comandante, próximo ya a cumplir 84 años. Los que desde las esferas del poder pretenden que se introduzcan cambios más radicales, aguardan agazapados su próxima recaída. Mientras quienes se preocupan auténticamente por la sobrevivencia del proceso se alarman ante el peligro que representa la evidente declinación del mito que durante cincuenta años personificó a la revolución cubana. ¿Por qué no se queda tranquilo en casa y nos deja trabajar? Piensan algunos, sin osar siquiera musitarlo. Habíamos empezado a recordarlo como algo del pasado, que era hasta una forma noble de olvidarlo; muchos estaban disponiéndose a perdonarle sus errores y fracasos para colocarlo en algún ceniciento pedestal de la historia del siglo XX, donde su rostro -retratado en su último mejor momento- ya aparecía junto a los muertos ilustres. De pronto ha salido a exhibir impúdicamente sus achaques y a anunciar el fin del mundo, como si quisiera convencernos de que la vida después de él carecerá de sentido. Durante las últimas semanas, aquel que fuera llamado el Uno, el Máximo Líder, el Caballo, o con el simple pronombre personal ÉL, se nos ha presentado despojado de su otrora subyugante carisma, para confirmarnos que aquel Fidel Castro ?afortunadamente- ya no volverá, aunque por esta vez sea nuevamente noticia. Artículo publicado originalmente en The Washington Post

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13 de agosto de 2010
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I. De volcanes y canales imperiales

Hace algún tiempo acompañé al historiador estadounidense Mike Wallace en una visita a León (de Nicaragua, no de Castilla), pues vino con su mujer, la escritora mexicana Carmen Bullosa, invitada a participar en el Festival Internacional de Poesía que se celebra en la ciudad de Granada (de Nicaragua, no de Andalucía). Mike ganó el Premio Pulitzer en 1999 por su monumental libro Gotham, la más completa historia de la ciudad de Nueva York que se ha escrito.

            Era su primera visita a Nicaragua, y en el camino, Mike reconoció de inmediato la imagen del volcán Momotombo, que se alzaba desafiante ante nuestros ojos: "el volcán de la famosa estampilla", me dijo. Recordé entonces la historia, tantas veces contada, acerca de cómo los partidarios de que el canal interoceánico se construyera a través de Panamá, y no a través del territorio de Nicaragua, habían triunfado mostrando a los senadores de Estados Unidos, que debían tomar la decisión, una estampilla de correos donde figuraba uno de los volcanes nicaragüenses en plena erupción, argumento suficiente para demostrar la temeridad que significaría realizar aquella obra en un territorio expuesto a la catástrofe de los terremotos.  Algo que, para mí, pertenecía más bien a las leyendas del folclor político. Juan Gabriel Vásquez lo refiere en su novela Historia secreta de Costaguana.

Para Mike, riguroso historiador,  lo del volcán de marras no se trataba de ninguna leyenda, y días después me remitió copia electrónica de las páginas correspondientes del libro Panamá, creación, destrucción y resurrección, escrito por Philippe Jean Bunau-Varilla, y publicado en Nueva York en 1914. Fue Bunau-Varilla quien en 1902 urdió la estratagema de presentar la estampilla como prueba delante del senado, y el mismo que luego firmaría el tratado canalero Hay-Bunau-Varilla, actuando como representante plenipotenciario del recién independizado estado de Panamá.

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13 de agosto de 2010
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Eskups del antiprogre: Nucleares

Defiende la energía nuclear con el entusiasmo del hippie por las flores. En realidad, está a favor por las mismas razones que los otros están en contra.

No hay que enredar al antiprogre con análisis de costes y de riesgos. La energía nuclear es buena ahora y siempre. Pero, sobre todo, en casa del vecino. Transfiere la rabia de las personas a las tecnologías: al final detesta la energía solar y la eólica sólo porque los ecologistas detestan la nuclear.

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13 de agosto de 2010
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En la Feria del Libro de Bogotá

Feria del libro de Bogotá No había terminado de deshacer mis maletas de regreso a Montevideo, y ahora ya me encuentro en un nuevo viaje. Estoy en Bogotá, en la 23 Feria del Libro, donde impartiré dos talleres y participaré en una mesa redonda. Lamenblemente, el internet en mi habitación es un desastre, por lo que no aseguro que Moleskine pueda seguir con la misma fluidez de siempre.  Por lo pronto, les dejo una nota de prensa

La vigésimo tercera edición de la Feria del Libro de Bogotá arrancará mañana con Colombia como país invitado debido a las celebraciones del Bicentenario y con un espacio especial para el libro digital. La inauguración correrá a cargo del recién investido presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que estará acompañado por su ministra de Educación, María Fernanda Campo, la ministra de Cultura, Mariana Garcés y el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno. Desde mañana y hasta el 23 de agosto más de medio centenar de expositores nacionales e internacionales mostrarán las nuevas ofertas editoriales y también los clásicos de la literatura hispanoamericana. Unos 18.000 metros cuadrados del recinto ferial de Corferias serán destinados a albergar este evento cultural, de los cuales más de 3.000 estarán dedicados a las conmemoraciones de los 200 años del inicio del proceso de independencia del país. Organizada por la Cámara Colombiana del Libro y la Alcaldía de Bogotá, este año la feria contará con más de 700 eventos culturales entre los que destacará la Primera Muestra Internacional y Encuentro del Libro Digital. ?Hemos ido viendo durante el último año que el tema principal de las ferias del libro en Hispanoamérica es el libro digital, (?) así que nosotros nos propusimos que en Colombia estuviera presente?, dijo el presidente de la Cámara Colombiana del Libro, Enrique González Villa. La vigésimo tercera edición de la Feria del Libro intentará así acercar a América Latina los nuevos modelos de gestión para la comercialización y distribución del libro digital y expertos nacionales e internacionales compartirán sus conocimientos sobre los temas coyunturales en el ámbito tecnológico, educativo, fiscal y aduanero sobre estas innovaciones. Entre los invitados estarán el escritor y filósofo francés Gilles Lipovetsky, la también francesa y especialista en literatura erótica Chaterine Millet, el experto estadounidense en escritura electrónica Bob Stein y el escritor español Javier Moro, entre otros muchos. Los colombianos William Ospina y Santiago Gamboa, el argentino Marcelo Birmajer, el peruano Iván Thays, el mexicano Homero Aridjis y el guatemalteco David Unger también están entre los invitados. Los niños y los jóvenes tendrán la posibilidad de acceder a pabellones especializados donde podrán acercarse un poco más al mundo de la historia a través de la lectura. ?Esta feria tiene su fondo principal en hacer más lectores, y utilizamos el pretexto de que vengan los visitantes y se encuentren con los escritores y con sus libros, y puedan tener esa charla soñada de preguntarle a su autor preferido (?). Eso hace que al final el libro forme parte de la vida de uno?, explicó González Villa. La media de lectura de los colombianos es de dos libros por año, según el titular de la Cámara Colombiana del Libro. El 75,57 por ciento de los lectores en Colombia lo hace por gusto, el 33,59 por ciento por exigencia de estudio y el 8,72 por ciento por requerimientos del trabajo, según una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, (DANE) sobre ?Prácticas de Consumo Cultural?.

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12 de agosto de 2010
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Fogwill por Fogwill

Fogwill en Montevideo Los que lo escucharon antes, alguna vez, dijeron que era un genio. Dijeron también que tenía un talento impresionante para improvisar. Eso dijeron. Pero lo que yo vi en el Festival Eñe de Montevideo fue a una persona muy mayor que, sí, ciertamente improvisaba, pero lo hacía tan mal, tan disperso y finalmente (o por eso mismo) tan superficial e incluso frívolo, que costaba creer que era Fogwill. Fogwill el provocador; Fogwill el autor de novelas inclasificables y provocadoras; Fogwill, una de las columnas vertebrales de la literatura argentina.  Lo cierto es que el Fogwill de Montevideo era un personaje que en momentos no sabía qué decir, mezquino en ideas (incluso los malos poetas son parte de ese mecanismo maravilloso que nos envía a escribir poesía, dijo, y poco más), superficial cuando habla de novela (su crítica contra la novela lineal tenía más de perorata que de idea) y, sobre todo, un comentarista que necesitaba alguna incorrección o puteada o broma no para ponerle banderillas a su ponencia, sino como una muletilla para coger el hilo cuando lo perdía. Y hubo mucho de eso. Desde los abuelos que ahora solo pueden oír a sus nietos ?porque tocarlos está prohibido con todo eso de la pedofilia?, decirle ricos, godos y analfabetos a los españoles (que lo invitaron, por cierto, al evento), burlarse de los uruguayos que no sabían las letras de un tanguero viejo, preguntarle a una amiga de hace años por qué no se había muerto, insultar a Charlie García y Fito Páez, burlarse de Ricardo Piglia (que, a diferencia suya, en el mismo escenario, leyó una conferencia llena de ideas), etc. ¿Qué fue lo que vi en Montevideo? El triste stand up comedy de un comediante viejo, cansado, sin más magia para sacar de su sombrero. Un hombre cuyo mayor elogio a otro escritor era siempre ?Ese escribe mejor que yo?. Un gag sin mayor trascendencia ni efecto de tanto repetirse.  Mejor seguir leyendo a Fogwill. Los libros, felizmente, no se agotan ni envejecen. Aunque a veces también sucede. 

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12 de agosto de 2010
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Magnificat

A veces, al atardecer, cuando  parecía cansada, él me señalaba en voz baja, cómo, sin darse cuenta, ella confería a sus manos pensativas el movimiento desasido, algo atormentado, de la virgen que introduce su pluma en el tintero que le tiende el ángel, antes de escribir sobre el libro santo en el que está ya trazada la palabra magnificat. (I, 607)

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12 de agosto de 2010
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Hoy inventaremos la rueda

 

A veces, en una palabra de una lengua antigua, se entrevé el reverbero de la luz de días que pasaron hace miles de años. El otro día decíamos que “temen” era el cono o prisma de arcilla con inscripciones y, por extensión, el depósito fundacional enterrado bajo los cimientos, y hasta el propio templo edificado encima. Pero, esa palabra tan longeva en sus avatares que ha llegado hasta el actual “templo”, ¿no podría revelarnos algo más de la técnica de construcción y del paisaje de aquella marisma mesopotámica, si intentamos remontarnos más allá de ese prisma con inscripciones, a una época donde aún no se escribía, pero la misma palabra “temen” hubo de ser importante y significativa?

El Tigris y el Eufrates, los dos grandes cauces fluviales que enmarcan la llanura mesopotámica, trazan un amplio movimiento convergente que culmina a la altura de Bagdad, aproximadamente en el paralelo 33, que se hizo famoso hace unos años, cuando los norteamericanos prohibieron a los aviones iraquíes sobrepasarlo hacie el sur. A partir de ese punto, los dos ríos se distancian  y vuelven a reunir a lo largo del último tramo de sus cursos, y delimitan el territorio oblongo de Mesopotamia (“entrerríos”), que mide casi 500 km de norte a sur, por 160 de este a oeste. En los últimos 350 km de ese curso inferior del Tigris y el Eufrates, el declive del terreno apenas alcanza un metro por cada 26 km. Como consecuencia, el cauce de los ríos tiende a fragmentarse en ramales que se esparcen por la llanura aluvial y vuelven al final de un trayecto más o menos paralelo a la corriente principal. En la época sumerio-acadia, esos ramales creados por los ríos y otras derivaciones hechas por el hombre se explotaron para el riego de cultivos.

El régimen de crecidas provocaba catástrofes. Los ríos rebasaban sus cauces y desahogaban el exceso de caudal por toda la llanura, convirtiéndola en una marisma intransitable. Sólo emergían de las aguas las colinas artificiales formadas por los residuos acumulados por las poblaciones que se sucedían en el mismo lugar a lo largo de milenios. A semejanza del Nilo, también el Tigris  y el Eufrates dejaban capas de barro de elevado potencial productivo, pero la falta de cauce profundo hacía necesario defenderse de las avenidas mediante la elevación del suelo habitable. Los agricultores mesopotámicos no podían esperar las benéficas crecidas anuales, como los egipcios, sino anticiparse a todas y domeñar el agua. La agricultura se desarrolló en los islotes emergentes de la marisma, donde el suelo original era resultante de la transformación en humus de las plantas del pantano.

La tradición literaria expone en los relatos de la creación la forma en que se desarrolló la civilización en aquel entorno. En el número XIII de la colección de textos cuneiformes del British Museum, se relata en sumerio con glosa acadia: “Una casa para los dioses en lugar sagrado no había sido levantada. No había surgido la caña, el árbol no había sido creado. El adobe no había sido puesto, su molde no se había fabricado. La casa no había sido construída, ni la ciudad edificada, ningún ser vivo había en ella. La totalidad de los países era agua. Entonces fue creada Eridu, fue edificado su gran templo. El dios Marduk montó un armazón de cañas sobre el agua. Creó el polvo y formó un bloque con él.”

Se ve que, como primera providencia, hubo que fabricar la tierra habitable para establecer un lugar seco en medio del agua circundante. La arqueología muestra que los restos de antiguos lugares poblados se establecían sobre capas de arena y humus de limo y materias vegetales, que alternaban con estratos de cañas entrecruzadas, como grandes esteras. Los primeros habitantes levantaron sus chozas de cañas sobre un suelo tapizado de juncos entrecruzados, formando una terraza que aislaba las viviendas de la marisma. La costumbre de erigir el templo sobre una elevación artificial del terreno arraiga en los orígenes mismos de la civilización mesopotámica.

Un rasgo propio de su arquitectura era el emplazamiento de las famosas torres escalonadas, que se asentaban sobre altiplanos o terrazas artificiales de dimensiones gigantescas, designadas mediante el ya conocido vocablo sumerio “temen”, aquí con el significado de terraplén. No es una conjetura arriesgada suponer que ése es precisamente el significado primario, muy anterior a la escritura, y que las acepciones de inscripción enterrada y depósito fundacional fueron secundarias. Toda edificación, grande o pequeña, precisaba un “temen”, una cimentación previa elevada sobre el nivel del agua.

Una gran labor de terraplenado en una llanura sin límites puede parecer carente de sentido, pero justo en esa planicie desprovista de accidentes del terreno capaces de preservar a los habitantes de la amenaza constante de las avenidas era vital suplir esa carencia con relieves artificiales. Más adelante, el peligro no venía tanto de las riadas, como de las roturas de diques realizadas por los invasores o por los propios naturales del país, que se defendían al estilo holandés, muchas veces a costa de arrasar los propios campos y poblaciones.

También los caracteres pictográficos de la escritura más primitiva muestran la casa sumeria emplazada sobre una plataforma. Ahora está por ver si esta forma de investigación tiene alguna posibilidad, en el caso de enfocarla a uno de los descubrimientos que más influjo ha ejercido en la historia de la humanidad, la rueda.

La primera dificultad es que el termino sumerio correspondiente a rueda es “dubbin”, que tiene como significado primario “garra”. En la versión ideográfica más antigua conocida del término, que se encuentra representada en los caracteres cuneiformes de la época de Fara (hacia el siglo XXVIII a. C., ver dibujo de arriba), se hace evidente la representación de una mano o garra, todavía con cierto aire picassiano, pero a punto de estilizarse tanto que su traza ideográfica empieza a diluirse en la abstracción cuneiforme, donde ya se trata de expresar los sonidos de las palabras, olvidando que los signos empleados sugieran por su propia plasticidad la idea correspondiente.

¿Cómo se pasa de la garra a la rueda? Podríamos echar un vistazo a los significados de “dubbin”, que suelen depender del complejo verbal adjunto, eso que los entendidos llaman contexto. Uña, garra, pezuña y pie de cama o mesa, parecen significados de comprensión evidente. También el hocete, instrumento cortante que tanto vale para rapar a humanos y bestias, como para vendimiar o injertar. Y del cruce de dos hocetes nació la podadera, madre de la tijera. Lo mismo que las herramientas del trabajador de metales, como el punzón, el estilete o las tenacillas; y las garras de la nave, representadas por las cuadernas de refuerzo colocadas en la parte inferior de la carena de las embarcaciones. Pero que “dubbin” pueda significar rueda y por extensión carro parece menos evidente.

Las lenguas semíticas presentan una nomenclatura del carro que es de tipo secundario, o sea, no basada en la morfología del artefacto, sino vinculada con la idea de “andar” o “correr”. Así, todas ellas, desde el acadio hasta el ugarítico, el siriaco, el hebreo y el árabe, nombran al carro con el radical rkb, que significa correr o cabalgar. Lo mismo sucede con el “carrus” latino, que viene, igual que el verbo “curro” (correr), de una raíz indoeuropea reconstruída como “kers”, y de la que también proceden el alemán “Ross” y el inglés “horse” (caballo). Eso sugiere que los antiguos hablantes semíticos e indoeuropeos describían la principal prestación del carro, pero no su esencia. O sea, que no lo inventaron.

El dibujo del carro de cuatro ruedas discoidales, o sea, sin radios, aparece como carácter gráfico en las tabletas sumerias más antiguas, datadas alrededor del 3.500 a. C. En ellas, se hace patente que el carro hubo de ser una evolución del trineo, si se comparan las representaciones de ambos en la escritura, para lo que se sugiere un benévolo vistazo al dibujo de arriba.

El trineo y el carro fueron utilizados al mismo tiempo entre los sumerios, pero eso fue durante un corto período de tiempo, porque la superioridad de la rueda en terreno llano era incontestable. En otras civilizaciones, se han empleado los dos a la vez durante milenios y casi hasta la actualidad, en función del tipo de suelo y la pendiente por donde había que transportar la carga.

La escritura ideográfica de época posterior a la reproducida arriba sustituye el diseño del carro presentado como un  trineo sobre ruedas, por el de una rueda discoidal. Y ésa es precisamente la que los sumerios designaron con el nombre “gis dubbin”, donde el primer elemento “gis” corresponde a los nombres de artefactos fabricados con madera. Los sumerios describían la rueda como una uña o un filo discoidal de madera sobre el que se desliza sin fin el trineo, que ya no vuelve a tocar la tierra, y se ha convertido en un carro.

En los vocablarios bilingües sumerio-acadio aparece “dubbin” como equivalente a los carros de dos y cuatro ruedas, y también se repite en los nombres de las diversas piezas del carro y la rueda. Incluso en hitita, que ya no es semítico, sino indoeuropeo, se registra el signo cuneiforme correspondiente a “dubbin” para designar la rueda del alfarero.

Todo esto no sólo sugiere que la rueda se inventó en el seno de la civilización sumeria, algún venturoso día del IV milenio a. C., sino que el uso del carro precedió con mucho a la introducción del caballo en Mesopotamia. Y también que el caballo hubo de ser primero pieza de caza, ganado provisor de carne, animal de tiro, y por último cabalgadura. Después de todo, el caballo más idóneo para probar la primera monta es uno atalajado y reducido al carro. La época dorada de los carros de guerra, los tanques de aquellos tiempos maricastáñicos, tuvo lugar bastante más tarde,  dede el siglo XX hasta el XV a. C. Por aquel entonces, el consumo de caballos para la guerra era enorme. Muy superior al que la población necesitaría para labrar, acarrear y comer. Así fue el carro el artífice de que el caballo se convirtiera en la fuente de energía que movía los imperios, y en el compañero del humano que no puede parar.

 

 

 

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12 de agosto de 2010
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Eskups del antiprogre: Mayo del 68

No hay ideario antiprogre sin una obsesiva detestación por Mayo del 68. En caso de duda, ahí tiene siempre lista una diana para sus imprecaciones.

Hay algo de amargura en su obsesión por las barricadas de Mayo. La misma que tiene el viajero al que se le ha escapado el tren. No es el caso del viejo progre arrepentido. Éste ha convertido su recuerdo de Mayo del 68 en la Gomorra pecadora de su juventud.

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12 de agosto de 2010
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