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Escrito por

Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

Eder. Óleo de Irene Gracia

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Entre la invención y el sentimiento

 

MUÑOZ ROJAS, CIUDADANO DE CAMPO

 

Lo conocí tarde, quiero decir que no lo había leído hasta hace unos años. Quizá ya hayan pasado veinte años, pero es que Muñoz Rojas ya escribía, ya publicaba en los años treinta. Recordé haber leído algún poema suyo en "Cruz y Raya", pero para mí estaba perdido en el tiempo, entre sus campos andaluces éste poeta que ahora está tan vivo. Ahora, que acaba de morir- seguramente para no soportar los agasajos que se preparan con motivo de su centenario- el poeta se encuentra muy vivo en mis lecturas, en mi vida. Gracias sean dadas, sobre todo a Manuel Borrás, que desde Pre-Textos nos acercó a éste ciudadano de campo. No hace mucho, con motivo de la publicación de su obra completa en verso, hablaba aquí de ese poeta que perteneció a la imposible "tercera España". Un país que no pudo ser, que ya nunca será.

El poeta, enamorado y enamoradizo, muchas veces nos acercó, en sonetos, divertimientos, en cantos libres a sus lugares del corazón. A los seres humanos y a las cosas del campo. Buena idea de editor la de incluir un glosario para hacernos entender las perdidas palabras del campo. Hoy se le recuerda en esa condición casi extravagante de "cosmopolita de pueblo", viajero por el mundo y cercano a sus campos, rico y poeta y otras de las cualidades que llevó sin afectación. Un hombre extraordinario que, por suerte para nosotros, nos dejó escritas algunas de las cosas mejores que nos pudo regalar, sus escritos. Aquí tengo la edición de su poesía completa, esperando la llegada de su prosa. Hoy le despiden sus gentes en compañía de los habitantes del campo. Mañana estará bajo la sombra de una encina, allí dónde tantas veces se figuró querer estar.

Vuelvo a esos poemas finales, pasear con ellos es una forma de acercarnos al poeta que no quiso estar en su centenario.

"Amarrado a qué estoy sino a mi mismo.

A veces , dulce amarra, me sostiene

el beso o la caricia y es mi vida

aunque se llame amarra y lo parezca.

 

Jugando con palabras siempre estoy

sin saber dónde terminan por llevarme,

sabiendo que son nada y en nada quedan

salvo que la verdad, que es suya, las pronuncie...

 

Y así, entre la invención y el sentimiento

sin saber dónde el uno acaba y empieza el otro,

que no todo es puro juego, sino algo

que te duele o consuela,

y así, entre inventar y sentir

se va la vida, sin sentirla..."

 

Me llevo su libro al tren, quiero seguir entre la invención y el sentimiento.



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30 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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LIBROS, LECTORES Y RAROS EN SEGOVIA

 

 

 

Para encontrarme o perderme por Segovia no me hacen falta excusas literarias, ni gastronómicas, ni musicales, voy porque sí, porque me gusta y porque allí cerca tengo refugio y libros. Esta vez cambié mi casa por un hotel de la ciudad  en el que pasé tres rodeado de escritores, editores, críticos, periodistas y toda esa fauna que se mueve en este negocio. Un divertido, interesante y curioso tinglado que partió del pueblo de viejas librerías, Hay on Way, que encontró el eco de "The Guardian" y un director hábil llamado Peter Florence. Ayudado por Sheila Cremaschi y todo un equipo de profesionales, voluntarios, becarios y otros entusiastas han conseguido que la ciudad se llene de lectores. Han conseguido montar un espectáculo bastante peculiar. Escritores en exhibición, hablando en público de sus libros delante de gente que paga una entrada por ese espectáculo.

Irreal islote que durante unos días crea el espejismo de que otro mundo, otra vida y otras lecturas son posibles. Llenos los espacios para escuchar a Anthony Beevor, Leonardo Padura, Isabel Fonseca, Luis Mateo Díez, Jorge Wagensberg o Howard Jacobson. Como si los libros, la lectura y los lectores no fueran especies en extinción. Gente rara, gente necesaria como Martin Amis que desayunaba a mi lado inmerso en su libro, el mismo libro que cada mañana le hacia escaparse del mundo que le rodeaba. Estaba leyendo al imprescindible Vladimir Nabokov, "Mira los arlequines". Volveré a ella. Y seguiré leyendo a éste "raro", solitario y excelente escritor que es Martin Amis. Su último libro, los ensayos sobre el "horrorismo" del terrorismo y el mundo después del 11 de Septiembre, es excelente y esclarecedor. Valiente, incorrecto y provocador por ponerse al lado de la razón. Los fanáticos y los ignorantes han ocupado mucho terreno. Es necesario volver a reivindicar la razón- como hace Amenábar en su última película, como hace Maalouf en su último ensayo, de ellos quiero hablar en otro momento- para defendernos de todos lo que la desprecian:

"Cuando los talibanes, esos patanes sanguinarios, corean su eslogan: "arrojad la razón a los perros", están haciendo una especia de apuesta faustiana: aplastad la razón, acabad con ella, y cualquier cosa parecerá posible." Otra vez tenemos que pelear por la razón. Que no nos ganen los de la fe.



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28 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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DESPUÉS DE VERINES

 

 

 

Unos días en compañía de otros, mis semejantes, mis conocidos y desconocidos hermanos, hermanastros en éste oficio de otro siglo. Ser periodista de cultura es una dispersión acompañada de una especialización en vaguedades. Quizá por esos me gusta. Me permite pasear por calles desconocidas, saltar algunas tapias traseras, proponer algunas fugas y reivindicar esa dulce- o salada o agria- manera de pasar el tiempo con nosotros mismos y con esa subversión que supone ser lector.

 

En lo que leemos, en eso es dónde nos diferenciamos. También en lo que vemos, tocamos o escuchamos, pero pongamos que hablamos de literatura. En unas lecturas u otras en dónde ya no somos tan afines, ni cercanos, ni hermanos y, tantas veces, ni hermanastros. En una de esas jornadas, dónde pretendíamos entendernos y entender nuestro entorno, de manera muy tajante dije que yo no entendía a mis compañeros que se dedican a éste oficio de leer y recomendar, que no se hubiera leído a Josep Plá o a Julio Camba. El silencio de mi audiencia, después de trazar esa verbal línea "maginot" de mis gustos en el periodismo literario, me comunicó mi soledad.

 

No me importa irme al infierno en compañía de pocos. Prefiero las minorías aunque me gusta burlar la soledad en compañía. Pero no hace falta comulgar con muchos.

 

Éstos días estoy de "comunión" con una de las más felices sorpresas literarias de la temporada, Nicolás Gómez Dávila, rescatado por el editor del que más envidio su aislamiento, Jacobo Siruela, por razones que cualquiera entendería. Su libro de pensamientos dispersos es una fuente para ir y volver. No tenemos la misma fe, ni el mismo Dios, pero me deslumbran muchos de sus escolios. Uno me hizo pensar en los días de Verines y en mis "compañeros" de periodismo cultural:

"El intelectual desconfía del intelectual que se baña"



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24 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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SABER BEBER, SABER LEER, SABER VIVIR

Un hombre que amaba los libros como se debe amar a la vida. Que amaba la vida como se ama a algunos libros. Que amaba a Beatriz, y que era amado. Vivió bien. Mantuvo el humor hasta el final y algunos pasos más allá. Hoy me han despertado con la putada, con la traición, de la muerte de Toni López Lamadrid. Seguiremos de fiestas, de libros, de bebidas nocturnas, de Barcelona y Madrid en torno a algunos autores, alrededor de unos libros, tomando copas, riendo, discutiendo, disfrutando de los acuerdos y los desacordes. Seguiremos como casi siempre. Y no estará Toni López, que tanto espacio agradable, festivo, inteligente, antipedante y con tan buen humor ocupaba en las vidas de tantos escritores, de tantos lectores. De verdad le echaremos de menos. A él, a su voz ronca, a su estilo para beber, para hablar y reír. A su sorna y sus ironías. El humor se incorporaba de manera natural a su rigor como ser humano y como editor. De vez en cuando recordaba la historia de sus antepasados. Nobles que habían aumentado su fortuna como negreros. Elegantes traficantes de esclavos, redimidos por el dinero del textil, las buenas obras y las arquitecturas elegantes. Estos días he recordado a Toni, siempre viajo con algún libro de su editorial, desde hace ya muchos años, felizmente, no podemos separarnos de esa editorial que comenzó Beatriz de Moura, y que supo engancharse y engrandecerla Toni hace ya treinta años. Y le he recordado por el libro de Leonardo Padura- hablaré otro día- y porque estaba cerca de Comillas, lugar de su antepasado marqués, refugio de sus veraneos. Y También porque diariamente pasaba por Lamadrid, otro pueblo familiar. Y lo recordaba sonriente, burlándose de la enfermedad y sus canalladas. Y recordaba como de vez en cuando nos parecemos a Malcolm Lowry. Esperamos una cantina con la puerta siempre abierta, no dejamos de beber aunque no toquemos el ouka lele. También como él soñamos sentarnos al viento, beber, charlar y leer algunos libros. Le debemos por lo menos unos cuantos libros. Y algunas placenteras discusiones. Brindaremos con él. Y recordaremos como uno de esos que no ignoraba algunos de los libros que nos han unido. No merece la pena discutir con quienes ignoran algunos libros. Toni era un hombre cortés. De esa cortesía que le place a Gómez Dávila. De una cortesía que “nos capacita para respetar a nuestros interlocutores sin creer en su importancia”. Nos sentimos siempre respetados por él, aunque no fuéramos importantes. Gracias.



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22 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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UNA HABITACION CON VISTAS

 

 

Unas vistas desde mi habitación al final del verano en una playa del norte. Paseos por los paisajes de montaña, por los lagos, por monasterios en ruinas, cuevas del hombre primitivo, playas que fueron volcanes, dulce mar de sol y lluvia. Dulce compañía. Algunas tabernas en los puertos. Paradas y fondas en las tradiciones de la manera de comer de éste lado del mundo. Lecturas, la única subversión permitida en días de compañía, el ejercicio de soledad más placentero, o casi. ¿A quién le apetece escribir?

Seguramente a otros. Es posible que a mis respetables compañeros de eso que llamamos "periodismo cultural". Pero yo no soy ellos. Yo soy el que contempla. Y de vez en cuando consigue gozar.

Todo hermoso, idílico a la manera de los clásicos finales de verano en el norte y con un toque de otra época. O casi todo. No es fácil convivir con veinte personas. Sean quienes sean. Y si son tus "compañeros", tus semejantes, menos. Nunca fui capaz de convivencias marianas ni de las otras. Ni aunque fueran para orgías de los años setenta. Tengo alergia a los grupos. No me encuentro bien en los rebaños. Aunque se disimular, sobre todo si hay algo de vino en el encuentro. Hay que ser muy creyente en algo para soportar al grupo. No rezo unido. Los que lo hacen me recuerdan a las ovejas: siempre repiten el mismo balido. O unas cuantas formas del balido que ya conozco de cuando fuimos rebaño a nuestro pesar.

Otro día hablaré- se que mis promesas para algunos amigos de ésta barra no tienen mucho crédito- de los encuentros en Verines, en Asturias querida Ellis. Hoy que regreso con parada en San Sebastián, tengo buen humor y sólo me siento capaz de copiar una cita que Vásques recoge de Kundera y que éste recupera de Octavio Paz sobre el humor y la literatura. ¡Casi todo son herencias en la literatura contemporánea! Algunas veces felices herencias.

"Octavio Paz dice: "Ni Homero ni Virgilio conocieron el humor; Ariosto parece presentirlo, pero el humor no toma forma hasta Cervantes...El humor es la gran invención del espíritu moderno" Idea fundamental: el humor no es una práctica inmemorial del hombre; es una invención unida al nacimiento de la novela. El humor, pues, no es la risa, la burla, la sátira, sino un aspecto particular de los cómico, del que dice Paz ( y ésta es la clave para comprender la esencia del humor) que "convierte en ambiguo todo lo que toca"

Hoy me siento bien. Me siento ambiguo.



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20 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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Soledades voluntarias

 

 

 

Un placer solitario. Hay otros, pero sin duda el de ser lectores en soledad es de los más adictivos que conozco."la lectura de ficción es una droga; el lector de ficciones, un adicto". Ese es el arranque de un libro que ama esas soledades, que juega con esos solitarios que son los escritores. Un libro sobre escritores y lectores. Dos formas de la soledad, dos expresiones de la adicción. El libro es de Juan Gabriel Vásquez, ese escritor que sueña con encontrarse algún día, en ninguna parte, con Joseph Conrad. ¡Que buen amigo ese viajero que nos enseñó el mal, acompañado de la ilusión del viaje y del placer de la lectura.!

Este contemporáneo nuestro, después de alguna novela ejemplar, de relatos y una biografía de la que un día ya hablamos por esta barra, vuelve a compartir nuestras soledades de lectores y nos invita en "El arte de la distorsión"- así se llaman sus ensayos sobre lectura y lectores publicados por Alfaguara- a entender mejor a esos raros que escriben para procurarnos, de vez en cuando, un hechizo tan deseado.

A Javier Marías le gusta recordar esas razones por las que Stevenson justificaba su deseo de ser escritor, lo contaba en versos: "No digáis de mí que, débil, decliné/ los trabajos de mis mayores, y que huí del mar,/ de las torres que erigimos y las luces que encendimos,/ para jugar en casa, como un niño, con el papel". Dan ganas de ser ese niño, ese que juega con su papel, ese que inventa paisajes, personas, sentimientos, aventuras, navegaciones. Y que, además, lo hace sin dejar de jugar. Lo hace porque sigue jugando.

Como no podemos ser ese, intentemos ser ese lector que describe Philip Roth: "leo ficción para liberarme de mi perspectiva sofocantemente estrecha de lo que es la vida y para entrar en simpatía imaginativa con un punto de vista narrativo distinto del mío. Es la misma razón por la cual escribo"

Leer, como dice Vásquez, "para dejar esos lugares donde no hemos estado. Leemos para dejar nuestra atención y nuestra conciencia en manos de alguien que las llevará a buenos lugares, leemos para ser poseídos por la particular manera de conocer el mundo que es una ficción literaria"

No será verdad, pero me gusta leer esta verdad de las mentiras de Vásquez. Leerlo como si fuera ficción. Y de vez en cuando entender, y sentir que "eso sucede allí, en la soledad de la lectura, mientras el alférez hace una siesta".

Tengo la noche juguetona. Leeré hasta que me el sueño lo permita. Pero ni un segundo más.



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15 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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Un lector nada común

 

 

 

No somos responsables de nuestros lectores, si acaso los tuviéramos. No lo somos ni los que escribimos "ligerezas" en periódicos o blogs, ni lo son los que se toman el oficio mucho más profesional y seriamente. El otro día pensaba en lo incontrolado y democrático que son los lectores. Lectores pueden ser quiénes quieran, incluso no hace falta leer muy bien. Ni haber leído. Mucho menos importa la "calidad" de lo leído. No lector puede ser cualquiera que lea aunque sea rudimentariamente. Y eso es un negocio importante para muchos editores, libreros y escritores.

Hay lectores de todo tipo, toda condición, cultura, incultura, estupidez, fanatismo, credulidad o escepticismo. Hay lectores reales, imaginarios, mediáticos, secretos, voluntarios, pertinaces, involuntarios y accidentales. Vicente Verdú, y su libro magnífico, lúcido y con muchos menos lectores de los que se merece, ha encontrado un lector que, seguramente, no esperaba. Su ensayo, "El capitalismo funeral"- publicado por Anagrama hace unos meses, y cada día más vigente- tiene uno de esos lectores que pueden hundir un país, un continente, una televisión, un periódico, una familia o un libro con sus intenciones omnívoras de poder, fama, publicidad y otras "virtudes" que le permitan mantenerse en el poder.  Hablo del presidente Hugo Chavez. Ese político que habla, visita a Castro, cita la Biblia, canta en su televisión y domina parte del petróleo mundial. Su nueva- "vieja"- manera de entender América, las relaciones internacionales, la democracia, la cultura, la música, el socialismo o el capitalismo y la lectura le llevan a ser un comprador del libro de Verdú. El azar hizo que se tropezara con ese título que le pareció escrito para él. Hubo un tiempo que escritores españoles- no se excluye un Premio Nóbel- escribían al servicio de dictadores americanos.

Ojalá el libro de Verdú que de manera accidental cayó en sus manos sirva para encontrar un nuevo lector.

 No espero nada bueno. Se que nunca es tarde pero recuerdo otros famosos lectores y la nula influencia que recibieron de sus supuestas lecturas. Soy un lector descreído aunque mantengo fe en la lectura. Si de verdad Chavez se toma en serio esa lectura le podría ocurrir lo mismo que a la reina inglesa en esa obra cautivadora e inteligente de Alan Bennet, "Una lectora poco común". En ella la lectura genera un cambio fundamental. Observaremos los cambios en tono, estilo y pensamiento de Chavez. Lo dudo.

Recuerdo las lecturas de José María Aznar. Entre sus poetas estaba Luis García Montero. Entre sus narradores Julio Llamazares. Y como escritor de cabecera citaba al imprescindible Josep Plá. ¿De qué sirvieron esas lecturas? ¿Los leyó de verdad? ¿Acaso se puede leer y no enterarse de nada?  



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14 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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Palabras para un editor

 

Hoy el editor, librero y atlético Chus Visor recibe un premio, homenaje o algo así, en la península de la Magdalena, en la Menéndez Pelayo. Ese lugar de Santander dónde durante República comenzaron los cursos de verano, que desde hace tiempo son la cara más saludable y envidiable de la universidad  española. Hoy muchos amigos allí estarán "chusvisoreando". Yo no puedo. Me desquito, pero no me conformo, con estas palabras para Chus

 

He tenido la suerte de chusvisorear bastantes tardes, algunas mañanas y muchas noches.  Pienso seguir haciéndolo mientras la mano que mece nuestros vasos nos siga respondiendo. Me gusta chusvisorear, incluso sin beber. Hemos pasado la prueba de la amistad, hemos sabido chusvisorear en sobriedad y abstinencia. Y aquí seguimos. Así que pasen cuatro décadas. Tan contentos, tan cabreados, tan prosaicos, tan civiles, tan poéticos y tan resistentes. Al principio no fue fácil. Tuvimos que superar temporadas en infiernos varios. Y contra todo pronóstico vencimos. Hemos supervivido a dictaduras, dictablandas, incluso a  algunos presidentes de gobiernos que presumían de leer poesía. No sólo los de festejos en El Escorial, también a otros que siempre parecen estar en Babia. Y es que muchas veces chusvisoreando nos entran ganas de decir: "A este le va a votar su puta madre...y yo".

 Pero no nos apartemos del camino poético, que se note nuestra experiencia. Volvamos a Chus y su amistad. Su presencia, sus risas, sus silencios, sus cantes, su memoria me recuerda a aquello que decían de Federico García Lorca. Cuando estamos con Chus no hace ni frío, ni calor, ni Federico, hace Chusvisor. Me gusta ese clima. Me gusta chusvisorear varias veces por semana. Ahora, con esto de las lejanías vacacionales, le echamos de menos. Aunque para espantar ausencias algunas tardes nos escapamos al chiringuito de Amelia, a pie de la playa de Lapamán y, cuando se han ido los bañistas, un poco antes de ponerse el sol nos tomamos una Larios en compañía. Esa ginebra es la magdalena de Proust de los auténticos chusvisoreadores.

 

Las amistades no se compran en el mercado, ni juegan en la bolsa ni te tocan en una tómbola. Las amistades que merecen la pena te tienen que encontrar trabajando. Son un azar que requiere estar atentos, tener cierto olfato, no huir del riesgo y saber subirse en marcha a ese tren sin destino definido, un viaje inconcreto, esa feliz rareza que representa tener un amigo. La mayoría de las veces, como los sonetos, se nos escapan volando. Tuvimos suerte, supimos tomar el expreso chusvisor en la estación adecuada. La cosa empezó con un tipo duro llamado Jesús García Sánchez, después, y para siempre, simplemente Chus, que nos mantenía a distancia y en guardia, con esa manera de estar a la defensiva, de su continua pelea contra la estupidez, una aptitud muy suya que sólo se consigue con una sabia dosificación y una peculiar  mezcla de boxeador descuidado y poeta atrabiliario. Tres virtudes que acompañan al personaje más allá que nunca se haya puesto guantes, ni escrito un poema ni sea atrabiliario. Pero tiene la esencia de esa mezcla de boxeador lírico y de pegador sentimental Nunca fue de simpático de librería, ni de amable vendedor en su caseta de Feria, ni de editor pelotilla, siempre le dio por pertenecer a unos raros, excéntricos, extravagantes, extravagarios tipos que permanecen empeñados a decir lo que piensan. Aunque circulen por la dirección contraria del pensamiento mayoritario. Sigue siendo un batallador pacífico contra el pensamiento único. Desde que nos conocemos mantiene una insólita forma de ser él mismo. No importa si está solo o rodeado de amigos, si está serio o sonriendo, es el dueño de una manera peculiar de estar en el mundo chusvisoreando.

 

Uno ya le tenía respeto y agradecimiento desde Rimbaud. Antes de Char, Joyce, Montale, Gramci, Pasolini, antes de todos aquellos libros que desde su  negro exterior ayudaron a nuestros deseos de iluminaciones. El responsable de esa editorial que nos inoculó la poesía abierta, el librero que nos ayudó a encontrar lo que aún no sabíamos que buscábamos, ese chico listo de barrio, ese atlético por la gracia de los sin dios, este amigo sin realeza, con Madrid y repúblicas, con sed y cervezas, con coros y de solista, entre poetas y pelotas, ese mal cantante por todas las plazas y en cualquier barra, ese chino tan chamberilero, tierno con geta de duro, sentimental al que no le avergüenza mostrar en público lágrimas de amistad, el hombre menos cursi de un mundo de cursis, el amigo de tantas experiencias, el que supo llegar a los lugares propicios para la poesía, el dueño del club de los chusvisores, ese tipo es nuestro compañero de barra, compañero, que ya está en edad de celebraciones, de aniversarios, de abuelez, de premios y de estudios. Es un animal exótico, una cosa sin plumas, un mirón que da tabaco, un poeta sin poemas, un amigo sin gilipolleces. Presidente de la república de los chusvisores. 



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10 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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Cien años de Malcolm Lowry

 

 

 

No recuerdo cómo fue, quién fue y si yo sólo caí en sus tentación. Pero sí recuerdo aquella primera lectura de "Bajo el volcán", querido camino de muchas perdiciones, reivindicación de la borrachera perpetua, amor por las cantinas y reivindicación del placer de beber aunque nos haga daño. Una propensión a seguir los caminos salvajes que todavía no se nos ha quitado. No estamos curados, quizá tampoco lo queremos. Pero ya no somos los que fuimos. Ya no queremos ser como el cónsul Firmin, ni siquiera como el constructor de esos mundos llenos de soledades, de oscuridades, de infiernos cercanos, no, ya no queremos ser como Malcolm Lowry.

Ahora se celebra su centenario. Y la editorial Tusquets edita y reedita su obra. Y volvemos a tropezarnos con ese mundo del que nunca se pudo escapar este hombre que vivió intensamente la aventura y la desventura del alcohol. No cumplió cincuenta años pero nos dejó unos cuantos libros que le mantienen vivo más allá de su afán autodestructivo. Hace años peregrinamos al hotel de Cuernavaca, allí dónde transcurre parte de "Bajo el volcán". Si ya se describe como decadente en los años treinta, en los noventa que fuimos nosotros, aquello ya no tenía más sentido que el espíritu mitómano. Al día siguiente nos cambiamos a otro hotel, otro bar, otra cantina.

También se han publicado en Tusquets sus poemas traducidos por Juan Luis Panero, el poeta que muy bien conoció las sendas de Lowry.

Me siento cercano de muchos, pero de ninguno tan afín como el titulado "Sin miedo al dragón nocturno"

 

"Todas las nociones de libertad están asociadas al alcohol

y nuestro ideal de vida se reduce a una cantina

donde los hombres puedan sentarse y hablar o tal vez pensar

sin miedo al dragón nocturno.

O quizás otra cantina

sin letreros de "Aquí no se fia"

y con su crédito ilimitado

donde- aparte de innumerables botellas de cerveza-

nos podamos sentar- bien borrachos

y lo suficientemente locos-

a escribir tratados sobre una tierra prodigiosa

en la que los hombres beben un vino maravilloso

que les emborracha suavemente, sin vómitos ni resacas,

mientras tejen el sueño de otra cantina

en la que beberán siempre gratis,

con la puerta abierta, mirando pasar el viento"

 

Sabía que caminaba hacia la muerte pero nunca dejó de beber. Nunca encontró esa cantina de puerta abierta, ni se pudo sentar mucho tiempo mirando el viento. Nos dejó sus libros, su vida aventurera y un epitafio:

" Malcolm Lowry

fantasma del Bowery

retórico en su prosa

borrachera penosa

de noche vivía, de día bebía

y tocó el ukelele hasta el último día"



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8 de septiembre de 2009

Eder. Óleo de Irene Gracia

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¿Lejos de China?

 

 

 

Estoy en casa sin haber dejado Pekín. "Quien se aleja de su casa ya ha vuelto": como decía Borges en aquél poema que dedicó al I King, o I Ching, es decir al "El libro de las mutaciones". Por cierto el libro más antiguo que la humanidad ha conservado y que sigue ejerciendo su influencia en la poesía, el pensamiento o en la narrativa fantástica.

Sigo con la cabeza en ese país, en esa ciudad que todo lo mezcla, lo transforma, lo asume y lo hace suyo. Mantiene la fuerza de lo sombrío del pasado- del remoto y del cercano- y es capaz de adornarse de belleza para no dejar ver la convulsa belleza de los interiores. Ciudad de secretos, de murallas y de rascacielos. Ha cambiado sus colinas imperiales por edificios de la arquitectura de la posmodernidad. De callejones tan estrechos por dónde solo pasan los gatos o de plazas tan enormes capaces de acoger ejércitos enteros. Plaza por dónde pasó la historia por el lado más siniestro y por dónde sigue pasando la vida cada día de este país que produce terrores y ternuras. Lugares que recuerdan a aquél relato de Kafka sobre la edificación de la Muralla China. Kafkiana ciudad y sin embargo de dulzuras de sal, lugar de todas las agridulzuras. Y ahora mezcladas con un "dry martini" en algún bar abierto en algún "hutong" a la luz de la luna.

Hace días hablé del libro "Brothers" de Yu Hua, una novela que deben leer los amantes de la literatura y los que quieran saber más de China contemporánea y pasada. Mucho más dura que aquella hermosa narración de Dai Sijie, "Balzac y la joven costurera china". Hoy quiero recomendar una novela que estoy leyendo sobre ésta ciudad que me atrapó durante cinco días- que podían haber sido cincuenta y cinco o quinientos cincuenta y cinco o...- y también es el personaje de central de la novela de Ma Jian, "Pekín en coma". Otro escritor que conoció el país y sus miserias, que lo recorrió por trabajo y por placer, que ama y teme a la gente que gobierna en la ciudad, en el país. Mirada poética, mirada crítica, mirada amarga y dulce a una ciudad que todo lo permite y mucho prohíbe.

Ciudad capaz de llenar uno de sus grandes teatros porque uno de sus renovadores teatrales, Meng Jinghui, se enamora del Quijote y se empeña en trasladar al teatro esa obra casi inabarcable llamada "El Quijote". Un moderno almodovariano, un atrevido director capaz de hacer que el Caballero de la Triste Figura baile un rap, Sancho se mueva con un casco de moto o los del Toboso bailen el "Sevilla" de Miguel Bosé. Todo era posible en esa ciudad que culturalmente no está en coma sino todo lo contrario está sobre varios volcanes.

Comienza la realidad. Tendré que desengancharme de esa irrealidad que he llamado Pekín. ¿He vuelto?



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6 de septiembre de 2009
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El Boomeran(g)
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