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Serpiente en el pedregal

Por 21 de mayo de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

He evocado en diferentes ocasiones los ojos reidores inquietos, reflejo de un alma atravesada por una exigencia de verdad, de uno de los seres a los que el personaje del Narrador no consigue reconocer en esa epifanía de la consunción de cuerpos, espíritus, clanes sociales y valores morales, que constituye la fiesta de los Guermantes, cuya descripción cierra la Recherche proustiana. El tiempo, la aristotélica "cifra del cambio corruptor", había supuesto tal mutación que, en los ojos del actual político rapaz, sólo rasgos de astucia, desconfianza, y despotismo consigue entrever el Narrador.

Y aquí la pregunta: ¿dónde reside la cusa de esta mutación de la disposición del alma? ¿Cuál es el análogo en el registro espiritual de lo que el segundo principio de la termodinámica constituye en el registro corporal? Pues estando todo ser humano abocado a la degradación de los cuerpos, constatamos sin embargo que en algunos casos no se da la correlativa corrupción en las almas. Se diría que en estos privilegiados, la suerte, la buena suerte, ha hecho que el declinar no se acompañe de algo que tantas veces parece su corolario, a saber, el miedo, pura y llanamente el miedo.

Evoco con tristeza a una amiga entonces muy joven (aunque superada ya la edad en que el pasar es sólo portador de promesa) y con un cuerpo menudo que parecía siempre a punto de quebrarse, poseía una belleza tan cargada de osada espiritualidad que, en la entonación de una sencilla canción de náufragos (amis partons sans bruit, la pêche sera bonne…), la lectura de la Elegía a Ramón Sijé, o la evocación del destino de Micol Finzi-Contini, generaba en nosotros una exigencia de, simplemente, hallarse a la altura. Su presencia, en efecto, incrementaba en los que la deseaban o amaban el sentimiento de ser capaz de mantener el desafío, de no bajar la guardia en un reto esencial con uno mismo.

Pues en su entorno parecía no haber lugar para el que se resignara a ser mezquino, para el que renunciara a la belleza, para el que confundiera los ideales de fraternidad con el espíritu samaritano, para el que no despreciara profundamente el aprovechamiento de las situaciones de debilidad, para el que aceptara que la emoción y la embriaguez pudieran dejar de constituir nuestra atmósfera… simplemente desde tales lodazales no había posibilidad alguna de alcanzar complicidad con aquella mirada, que exigía en todo hombre inteligencia y sobre todo valentía.

Una vez más el tiempo ha efectuado su labor de corrupción y el miedo ha ejercido de eficaz mediador. Unida mi amiga al que, sencillamente, le pareció mejor y más valiente, su relación debió un día esterilizarse a la par (o quizás en razón de) que se empantanaba en legajos matrimoniales. Desaparecido hoy el entonces afortunado y perdida desde hace lustros para ella toda promesa de nueva embriaguez, nuestra compañera de canciones y manifiestos (siempre entrañable en mi evocación) ha confirmado que, efectivamente, el miedo es libre… tan libre como esterilizador del ansia de libertad de quien no logra vencerlo. Y así, me dicen que los evocados legajos en los quedó archivado su lazo con el ser que más admiró y amó, son ahora el arma a la que recurre para reivindicar una prioridad respecto a ese vínculo perdido; prioridad respecto a quien, amando a otra persona, evitaba (siempre en los márgenes de la caballerosidad) incluso su presencia. Me dicen que (con la atenuante de necesidad, atenuante que ella misma jamás hubiera en su tiempo considerado tal) se ampara en tales legajos para garantizarse un lugar más espacioso bajo el sol triste, el sol asténico y casi apagado, que apenas garantiza la mera subsistencia. Y sin embargo quiero creer que algo de aquella inquietud perdura en su mirada:

"los ojos moribundos sólo vivían relativamente por contraste con esa terrible mascara osificada y brillaban débilmente, como una serpiente adormecida brilla en medio del pedregal."

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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