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Los cuerpos que busca el tiempo

Por 28 de mayo de 2008 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

/upload/fotos/blogs_entradas/las_edades_de_la_vida_med.jpgEn El Prado se encuentra la obra de Hans Baldung Grien Las edades de la vida, estremecedora alegoría del Tiempo, donde se presenta la imagen de una muchacha sobre cuya espalda una vieja posa la mano derecha, mientras la mano izquierda tira del velo, con vistas a ocultar su propia desnudez, la parte posterior que cubre a la joven desde los pechos. Traslúcido en el cuerpo de la joven, el velo se oscurece en el cuerpo de la vieja. Al brazo izquierdo de la vieja se anuda el brazo de la figura esquelética que encarna la muerte. En la mano de este mismo brazo de la muerte un reloj de arena sirve de soporte a la bola del mundo. De tal manera, lo único que parece escapar al lazo del cambio destructor es un niño que duerme en tierra delante del trío.

"El tiempo, normalmente invisible, para hacerse visible busca cuerpos y cuando los encuentra proyecta sobre ellos su linterna". Ya he dicho, respecto a esta estremecedora línea de Marcel Proust, que se trata de cuerpos rigurosamente seleccionados, es decir, exclusivamente humanos. No es en absoluto un azar que Hans Baldung Grien no introduzca en su escenario otra representación de la vida que la de seres humanos. No hay en la naturaleza que enmarca (a la cuál cabe con propiedad calificar de muerta) animal alguno. Y el árbol que se erige al fondo, más que seco parece mineralizado por el rayo. Y es que, tratándose del Tiempo, el artista necesariamente se exige a sí mismo depuración, sobriedad rayana en el ascetismo, excluye todo aquello que pudiera distraerle de lo esencial.

Y obviamente no se trata de que los animales, las plantas, y hasta los minerales, no estén afectados por la corrupción, es decir, por esa modalidad de cambio que, desde Aristóteles hasta el Segundo Principio de la Termodinámica, sirve de concepto propio al vocablo Tiempo. Lo fundamental reside en que si del ser humano se trata, el cuerpo es indisociable de lo que denominamos con los términos alma o espíritu y en última instancia indisociable del lenguaje. Mas entonces, la cifra del cambio destructor adquiere tonalidades incomparables, irreductibles a los efectos de la termodinámica en los cuerpos dotados de vida y hasta de sistema nervioso central, pero no provistos de lenguaje. Y esto que digo del Tiempo se traduce, como veremos, en la singular relación que tiene el ser humano con la enfermedad y el dolor.

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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