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Filosofía, retorno a Atenas

Por 9 de mayo de 2013 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

Es bien sabido que desde hace años, en razón de los imperativos de la llamada Troika, hay en Grecia fuertes recortes presupuestarios en materia educativa. Los profesores de la enseñanza primaria y secundaria sienten que se desmantela el sistema público y (como en nuestro país) proliferan las declaraciones en las que el hecho educativo es concebido bajo el prisma exclusivo de forjar ciudadanos susceptibles de abrirse camino en la arena de la competitividad y del libre mercado. La cosa no va mejor en materia sanitaria, al ser socavados uno tras otro los sistemas de protección social. Se asiste a la reaparición de enfermedades consideradas extinguidas, como las provocadas por el llamado virus del Nilo Occidental, o la malaria, y habría asimismo un recrudecimiento de los casos de SIDA (casi un 60/100 de incremento tan sólo entre 2010 y 2011), desgracia que sirve de pasto para alimentar la inclinación paranoica a buscar en el exterior la causa del mal interno. El partido de extrema derecha Aurora Dorada hace circular imágenes de población inmigrada cero-positiva, con el objetivo directo de generar fobia contra la misma. La propia policía griega llegó a publicar la fotografía de una joven de 22 años de nacionalidad rusa en razón de ser cero – positiva.
Leo que la señora Jenny Kremastinou directora de KEELPNO un Centro de Prevención oficial habría declarado que ciertas personas se harían inocular el virus para cobrar uno de los raros subsidios que no han sido aún suprimidos. Sean cuales sean las intenciones de esta responsable, con su declaración no dejaría de estar reconociendo que la administración griega, ejecutora de la política fijada por los poderes internacionales, está llevando a Grecia a una situación límite. En cualquier caso en las condiciones en las que viven muchas personas, inmigradas o no, constituiría casi un milagro que no fueran diezmados por enfermedades. Quizás no llegue gente a morir de inanición en la Grecia actual pero sí a vivir en condiciones higiénicas y sanitarias en general tanto o más incompatibles con la dignidad de la condición humana como el verse privado de alimentos. Pues bien:
Es en este contexto que tendrá lugar en agosto el congreso Mundial de Filosofía, cuya última edición fue en 2008 en Corea del Sur, Seúl, uno de los faros de la economía mundial y en su capital Seul, ciudad escaparate del capitalismo desarrollado. Regreso pues a Atenas de la disciplina que, al decir de Aristóteles, constituye la expresión mayor de que el hombre, superadas las exigencias propias de la necesidad animal, afrontaría lo específicamente humano. Acudirán entre cuatro y cinco mil filósofos procedentes de muchísimos países… no de todos.
He defendido en este foro que afirmar o negar la universalidad de la filosofía es casi una cuestión de confianza en una común disposición de los seres de razón, más allá de las diferencias contingentes que separan a pueblos, culturas y civilizaciones. Y no obstante habrá seguramente en Atenas escasísimos representantes de países como Haití o Mauritania, lo cual es simplemente un indicio de la contradicción entre la objetiva situación del mundo y el proyecto mismo de la filosofía.
Es bien sabido que lo difícil de todas las proclamas cargadas de buenas intenciones es que se den las condiciones sociales de su cumplimiento. En el momento en que la filosofía retorna a Atenas en las evocadas condiciones, es útil preguntarse qué se ha hecho del artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos "la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad". Misión de la filosofía es recordar cuales son los contenidos de esa educación integral. Mas cuando la penuria, la insalubridad, el miedo y la esclavitud marcan o amenazan a una gran parte de la humanidad, tan perdida puede parecer la causa de la filosofía como la causa de la salubridad. Y obviamente el objetivo de la primera puede sonar a sarcasmo mientras la segunda esté aun pendiente.
Y sin embargo se ha filosofado en campos de concentración como se ha hecho música y se han resuelto teoremas. Quiero con ello indicar que la praxis está siempre al alcance de la mano. Pues una cosa es la vana esperanza de que el pensamiento nos hará reyes pese a las cadenas, y otra muy diferente la tensión por mantener vivo el pensamiento, y en general las facultades que singularizan al humano, precisamente para que las cadenas sigan resultando insoportables.

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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