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Asuntos metafísicos 41: el reto de la no- localidad

Por 18 de marzo de 2014 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

Digresión preliminar: Irreductibilidad de la disposición filosófica

Está fuera de duda que  la fuga de lo real,  y no la entereza para mirarlo y asumirlo, se halla en el origen  de algunas de  las grandes creaciones del espíritu, que la creación ha germinado muchas veces gracias a la sublimación de la indigencia y que  el miedo ha cimentado la  erección de catedrales. Pero es obvio que  ello no constituye la regla.  El engaño sobre el propio ser, el propio origen o el propio destino, el engaño sobre la intrínseca finitud,  no sirve en general más que  a  apuntalar el edificio mismo de la mentira, de tal manera que, cabe decir, la mentira sólo es servidora de sí misma.  La recepción sin resistencia de la propaganda sobre mezquinos valores imperantes, e incluso la complacencia en la misma, la ceguera ante intoxicaciones que un mínimo de exigencia lógica bastaría a rechazar[1],  son  indicio de este triste círculo vicioso.

Por eso mismo merecen tanto nuestro agradecimiento  aquellos que se han erigido en ejemplos de la tensión  del pensar, y en quienes  tal tensión ha cristalizado en teorizaciones que liberan de los estereotipos en los que tantas veces se esteriliza el espíritu humano.  Y aunque quepa sospechar que, en el origen,  la disposición  que lleva al pensar encubre también, más o menos sublimado,  algún  oscuro aspecto de la subjetividad, sin embargo  en el proceso mismo de activar el pensamiento,  el peso de esta  variable encubierta se achica. Pues simplemente lo que merece el nombre de filosofía  es difícilmente compatible con la escaramuza. Ya he tenido aquí ocasión de evocar la frase con la que el fallecido matemático francés Gilles Châtelet glosaba la sentencia según la cual la filosofía es una guerra: "guerra, sí, pero guerra contra la estupidez"; violencia  en todo caso contra la dificultad exterior  y la pereza y desidia interiores que frenan la disposición  a ser espejo  para la reflexión  del propio ser y el   propio entorno.

La metafísica persiste.

Si la filosofía ha encontrado en muchas ocasiones en la ciencia la privilegiada ocasión de su despliegue, vengo reiterando que en nuestro tiempo la filosofía, bajo  esa modalidad no exclusiva pero sí fundamental que es la metafísica, ha encontrado en un debate científico concreto (a saber la confrontación de los postulados cuánticos a los principios ontológicos clásicos) la ocasión de un auténtico renacimiento,  y ello en el momento mismo en que desde perspectivas tan diferentes como las de Carnap o Heidegger se anunciaba su superación. La metafísica no sólo no está muerta sino que resiste a la reducción a otras formas del pensamiento, y desde luego a ser una mera reflexión sobre el decir de la ciencia, y ello precisamente porque la propia ciencia le invita a no ceder en sus objetivos. Cuando, tras los pasos de algunos de los grandes de la física en el último siglo, Tim Maudlin da como subtítulo a un libro sobre relatividad y no localidad cuántica, Metaphysical Intimations of Modern Physics, está dando indicios de la necesidad de recuperar una palabra que (como tiempo atrás ontología) parecía reflejar una forma caduca de la reflexión filosófica.

En estas notas se intenta ser fiel a esta exigencia, se intenta mantener la disposición metafísica. En las últimas columnas me estaba adentrando en el teorema de Bell. Como dice el propio Maudlin  ello no puede hacerse sin algún "slightly technical interlude". A continuación uno de estos interludios.

Una noción técnica.

Recordemos que la luz consiste en un campo electro-magnético  que puede oscilar en cualquier dirección perpendicular a la de desplazamiento.  La dirección según la cual oscila  la vertiente eléctrica del campo es llamada dirección de polarización. Un haz de luz no tiene de entrada una polarización bien definida,  dispersión por la cual se habla de luz no polarizada. Sin embargo cuando sometemos esta luz dispersa  a cierto material con una determinada estructura cristalina (usado por ejemplo en  gafas de sol) se da el fenómeno siguiente: aproximadamente la mitad de la luz es absorbida y la otra mitad es trasmitida…ahora ya dotada de idéntica polarización. Este material que juega así el papel de filtro es denominado un polarizador, el cual tiene un eje preferente que coincide con la dirección de polarización.

Consideremos ahora la parte del haz de luz que ha pasado y que ahora coincide en polarización y sometámosla a la acción de un segundo polarizador. Ocurre lo siguiente: si el eje  preferente de este segundo polarizador coincide en dirección con el del primero, toda la luz será de nuevo trasmitida; si el segundo polarizador  es girado 90 grados, entonces nada de luz pasa (toda es absorbida); si  el giro es de 60 grados pasará una cuarta parte de la luz ; si  es de 30 grados, tres cuartas partes… . En general para un ángulo a determinado  respecto a la orientación del primer polarizador, la proporción de luz transmitida por el segundo polarizador  será coseno cuadrado de a, y la absorbida seno cuadrado de  a.

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Desde el artículo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico por el cual Einstein obtuvo el premio Nobel, sabemos que la luz no siempre se comporta como una onda, sino que a veces lo hace como un conjunto de partículas, llamada fotones. Una luz tenue está constituida por pocos fotones, eventualmente uno sólo, y  una luz fuerte por gran número de los mismos. ¿Cómo interpretamos el señalado efecto de polarización si la luz no polarizada, incidente en el  primer filtro es un conjunto de fotones? Pues simplemente diciendo que la mitad de los fotones ha pasado,  quedando ahora polarizados idénticamente, mientras que la otra mitad ha sido absorbida por el material. Diremos asimismo que  el número de fotones que pasará el segundo filtro dependerá de la orientación del mismo. Si consideramos cada fotón particular que ya ha pasado el primer filtro,  entonces la cifra antes avanzada (coseno cuadrado de a)  significa ahora  la probabilidad que un fotón individual  tiene de pasar el segundo filtro y no como antes la proporción de luz ya polarizada que pasa.  En la próxima columna aplicaremos todo esto a un caso particular.  

 


[1]    Permítaseme una digresión a este respecto. Sabido es que en Holanda  ( y de manera levemente más disimulada en múltiples otros países), grupos políticos con optimistas perspectivas  enfrentan las elecciones europeas con  propuestas de exclusión de ciudadanos de los países llamados del "Este" de la llamada "Unión", incluidos países que como Rumanía o Bulgaria forman ya parte de la misma. Pues bien, no le quepa al lector duda de que muchos de esos mismos ciudadanos que se complacen en tales propuestas y están dispuestos a votar a quienes las defienden, aceptan como palabra evangélica la  línea editorial de tantos periódicos que presentan  el conflicto de Ucrania como fruto de la tensión producida por la interferencia rusa para evitar el acercamiento de este país a una Unión Europea dispuesta a abrirle las puertas.

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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