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Asuntos metafísicos 40: resistencia de la representación clásica.

Por 11 de marzo de 2014 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Víctor Gómez Pin

Qué seguir discutiendo tras John Bell

"Por gemelos auténticos que dos hermanos J y L sean, si se encuentran en lugares alejados nadie espera que una acción física sobre J, tenga asimismo efectos en L (las cosquillas en el uno no provocan la risa en el otro, como dice socarronamente un cronista científico)". De esta manera informal me he  referido aquí   al  principio de contigüidad en el orden natural, el cual  posibilita un segundo enunciado cuando es considerado en perspectiva local: todo fenómeno físico que quepa observar en L es independiente de las observaciones que en paralelo puedan hacerse en J. Este segundo enunciado  pone mayormente de relieve la independencia  de quien se encuentra protegido por el hecho de tener  un lugar  o  espacio propio, pone mayormente de relieve la localidad.

El asunto puede ser presentado de una manera algo más precisa:

Sean A y B dos acontecimientos temporales que ocurren en lugares distintos.  Entonces una influencia de A  en B (o viceversa) no puede ejercerse en un tiempo inferior al que la luz tardaría en recorrer el espacio que les separa. Si A y B son simultáneos, es decir, si el tiempo que les separa es nulo, la influencia entre ellos que sólo podría ser instantánea  está simplemente excluida. [1] Necesario será presentar en su momento  un compendio de los principios reguladores del orden natural, compendio que además de la  localidad incluye  individuación, causalidad, determinismo y realismo. En el marco de la teoría cuántica cada uno de ellos puede ser objeto de un tratamiento riguroso, el cual a veces se hace imprescindible a la hora de extraer el meollo conceptual  y poner de relieve las enormes implicaciones filosóficas.

La postulación de la localidad constituye  quizás la viga maestra en la arquitectura de los principios. De hecho en los trabajos de Einstein (o a los que Einstein está asociado) relativos a este asunto, la localidad es hasta tal extremo relevante que incluso la reivindicación del realismo puede interpretarse como mero corolario de la asunción de la localidad. [2]  Cabe decir que sin localidad no hay para Einstein  garantía de que se de una  realidad independiente del  observador susceptible de perturbarla y, en consecuencia, no hay razones para excluir la indeterminación en el orden natural.  Que otros hayan intentado salvar el realismo sin sostenerse en la localidad no excluye que  discutir la localidad es  esencial, lo cual in embargo puede dejar al lector perplejo:

¿Por qué pues volver al origen del problema en Einstein?  En la última  columna señalaba que se cumplen cincuenta años del teorema de Bell ¿No quedábamos en que esto supone un antes y un después? ¿No está claro desde 1964 que localidad, realidad física, observables compatibles, todo ello reivindicado por   la concepción clásica del orden natural pero incompatible con las previsiones de la mecánica cuántica ha perdido la partida a partir de estas últimas? Por si fuera poco ¿no fue dado el golpe de gracia por un teorema tres años  posterior conocido como de Kochen -Specker al que aquí me he referido ya en alguna ocasión?

Y sin embargo sigue habiendo  mucho que discutir, tanto por razones técnicas como por razones conceptuales. No se ventila fácilmente un asunto en el que se juega una parte de la metafísica imperante desde Aristóteles a Einstein. No se renuncia sin combate  a los principios sobre los que, al decir de Einstein, se sustentaba el trabajo de la física, ni siquiera al de localidad que parece a veces haber sido  definitivamente sacrificado.

¿Las dos vías de Parménides? Vamos a dar vueltas a la localidad, a la vez en una dimensión filosófica (cuando sea necesario apoyarse en  una dimensión técnica esta será expuesta en apartado para no interrumpir el hilo del discurso), intentando determinar el estado de la cuestión respecto a los posicionamientos sobre la misma.

Correlativamente nos preguntaremos sobre las condiciones de posibilidad de la interiorización de la no localidad, abordando el peliagudo asunto siguiente: en el caso de que indiscutiblemente quepa afirmar que, en sus estructuras elementales, la naturaleza se comporta sin sometimiento al principio de localidad ¿hay algún tipo de estrategia que permitiera adaptar nuestro comportamiento efectivo a este espejo profundo? ¿Cabe  interiorizar un entorno que, una vez traspasada  la  apariencia inmediata, ni siquiera es seguro que responda a las leyes de la Relatividad Restringida?  ¿O más  bien, como en los ejemplos de Zenón, el saber de la cosa  ( si cabe llamar cosa a lo que ni siquiera obedece a lo más básico)  va por un lado y el efectivo estar del ser del hombre en el mundo por otro?

El propio John Bell dudaba de que los corolarios de su teorema determinaran no ya su disposición ante la vida sino su disposición como hombre de ciencia. Dudaba de que pudiera  un físico aceptar sin más que aquello de lo que se ocupa carece de garantía fuera de su testimonio. La vía parmenidiana de la verdad pone en tela de juicio pero no excluye del mundo la vía de la opinión. Nunca el lector de Zenón ha adoptado la resolución de dejar de acercarse al lugar situado a diez metros  que aleja del peligro en razón de que antes ha de recorrer cinco metros  y antes dos metros y medio…Nunca el saber de la elasticidad y división infinita del continuo paralizó la acción por mucho que sí activara el pensamiento. "Afirmar que realmente es así…"constituiría el verdadero pecado  mientras que en el hecho de meramente salvar los fenómenos "no existe peligro alguno", escribe el cardenal Roberto Belarmino  intentando poner en guardia a su muy apreciado Galileo.

 


[1]

      Existe una versión restringida de este principio de contigüidad-localidad que dice así : "Aunque hubiera manera de ejercer una influencia  instantánea  de A sobre B, esta influencia no podría ser utilizada para enviar una señal. O dicho de otro modo: no podemos comunicar a velocidad superior a la velocidad de la luz. La terca constancia de esta versión restringida del principio tendrá  enorme importancia a la hora de ponderar la verdadera trascendencia ontológica de ciertos experimentos de la física contemporánea.

[2]             Así en el ya histórico artículo conocido como  Einstein- Podolsky Rosen ( A Einstein, B. Podolsky, and N. Rosen: "Can quantum mechanical description be considered complete?" Phys Rev 47, 777 1935) se sostiene  la tesis de que la mecánica cuántica   no puede ofrecer una representación completa del estado de cosas en el orden natural dado que el principio de incompatibilidad de observables a ella asociado  es inconsistente con la asunción del realismo. En síntesis el argumento es que si en determinados casos de correlación  los valores cuantitativos de la posición y el momento (por elegir el ejemplo convencional) pueden ser previstos con absoluta certeza sin perturbar el sistema,  entonces  dichos valores corresponden a un elemento de realidad física. Así pues  el hecho de que cuando disponemos del valor preciso de la posición no dispongamos del valor del momento, y viceversa, sería tan sólo resultado de nuestra ignorancia, en absoluto de una ausencia de determinación en el orden natural. Mas si el argumento directamente esgrimido contra el principio de incertidumbre es el realismo, de hecho  la hipótesis realista se sostiene en el escrito  en base a  una situación que garantiza la localidad.

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Víctor Gómez Pin

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO. Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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