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Berlanga en la huerta

Por 3 de diciembre de 2009 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Vicente Molina Foix

En mi casa practicábamos un humor ‘berlanguiano’ sin saberlo, y sin saberlo sobre todo yo, que era el pequeño y el más alejado, por mi nacimiento en Elche, del lugar de los hechos. Por supuesto, esa particular modalidad humorística de mi familia no era constante, ni trascurría toda en planos-secuencia, tan cultivados, sobre todo en la última fase de su carrera, por el autor de ‘Plácido’. Habitualmente brotaba de noche, algunas noches caseras, y también como colofón de las fiestas señaladas: bautizos, cumpleaños, bodas de plata, y ciertas concentraciones veraniegas en las que, entre primos, hermanos, padres y tíos carnales, llegábamos a formar una tribu de casi veinte valencianos haciendo el indio en Jávea.

   Invariablemente, al final de esos actos festivos, mi padre, que era por lo demás un hombre de leyes serio y algo tímido, aunque con brotes de humor dislocado en la intimidad, se ponía en pie a petición de los comensales y recitaba de memoria una copla soez y rimada a la patalallana por su padre, mi abuelo Visént Molina Maset (así firmaba), titulada ‘Casamiento de María la Chapa’. La composición está escrita en una jerga valenciano-castellana deformada por los retruécanos y términos voluntariamente incorrectos y algunas aportaciones del habla de Sueca, el pueblo natal de mi abuelo y de una buena parte de mi familia y asimismo  -y este dato tiene su importancia en el argumento de este texto- de Josep Bernat i Baldobí, el inmarcesible autor de ‘El virgo de Visenteta’.

    El ‘Casamiento de María la Chapa’, sin duda la obra magna de mi abuelo, tiene 117 versos, y no es cosa de reproducirla, ni siquiera en honor de Berlanga, que sin duda la desconoce. Pero voy a citar dos fragmentos, tomados de la última reedición que se hizo, en 1981, de este único libro de Visént Molina. Así describe él, por ejemplo, el lugar donde trascurre el enlace matrimonial del hijo de la sinpar María, gente "de muy buena casa":

 

                            El corral donde soparon

                            Neteyado a ramasadas…

                            Ya no lin cabía más

                            De aligante que paraba.

                            ¡Y qué de allumenasiones

                            que de las cuerdas colgaban,

                            compuestas de pimentones

                            que en un ansa s´aguantaban.

 

    Remedando siempre, por lo bajo, el estilo satírico-escatológico de su admirado antecesor e inspirador Bernat i Baldobí, Visént Molina procede a continuación a dar el menú del convite nupcial: "Se comieron entre todos / tres friteradas de ratas / en suquito, coentitas, / y mescladas con patatas. Y había quien en un rote /apagaba una canela / y hasía más alborote / que el tiro de una pistuela". Antes de pasar al baile, y "una ves sopados bien / y con la pancha bañada", la anfitriona María la Chapa va distribuyendo regalos a los invitados de ambos sexos, los ‘pollos’, el Moco, el Caguit, el Verdolaga, "que ballan com una trompa / y menjan com una draga",  y las ‘femejas’, que reciben "cada una un got de horchata / hecha con un cubilete / que tenía un dit de caspa".

    Aunque él decía hacerlo mal, en comparación con la gracia rapsódica que tenía el abuelo Visént (a quien yo apenas conocí), mi padre se llevaba en cada una de sus innumerables declamaciones de ‘El casamiento de María la Chapa’ una sincera ovación del público, a veces formado únicamente por su esposa, mi madre, y sus tres hijos, mis hermanos y yo, que aún recordamos de memoria, pasados cuarenta y cincuenta años de aquellos recitales, pasajes enteros de ‘El casamiento’ y otras piezas ligeras del abuelo poeta. Me dicen que en Sueca aún las evocan alguna tarde los mayores del lugar.

 

                                                   &     &      &

 

   Hay muchas maneras de amar a Luis García-Berlanga, y creo sinceramente que todas ellas han sido ejercitadas por el público. La crítica, esa hidra a veces caprichosamente venenosa, también le ha acompañado y entendido, si bien yo lamento que las tal vez últimas obras de Berlanga, ‘París-Tombuctú’ y el corto ‘El sueño de la maestra’, fueran consideradas ‘menores’. Para mí constituyen el magistral remate de una carrera que marca la historia del cine español.

    No voy a repasar aquí su filmografía, sobradamente conocida, estudiada y recordada. Según algunos, el final de su colaboración con Azcona, que se produjo después de ‘Moros y cristianos’ (1987), señalaría el inicio de una decadencia berlanguiana plasmada en sus siguientes títulos, ‘Todos a la cárcel’ (1993) y las citadas ‘París-Tombuctú’ (1999) y ‘El sueño de la maestra’ (2002). Yo no veo tanta diferencia (Azcona, como artista disciplinado que era, también se ponía un tanto ordinario, más valenciano que logroñés, en ‘Nacional III’, ‘La vaquilla’ y ‘Moros y cristianos’) entre el Berlanga ‘con’ y ‘sin’ Azcona de esa fase postrera. Simplemente, ayudado en los últimos guiones por otras manos, Berlanga recuperaba una esencia que siempre estuvo en su obra: el rudo humor fallero y rústico, no tan alejado del de los sainetes de Bernat i Baldobí. Conviene en ese sentido recordar que ‘El sueño de la maestra’, estrambote añadido a ‘¡Bienvenido, Mr. Marshall!’ (a partir del original en su día censurado), está firmado como "una falla de Luis García-Berlanga", y añade en los créditos: "’plantá’ en la Plaza del Caudillo en 1952 y ‘cremá’ en 2002". Un breve pero exuberante monumento de ‘ninots’ de carne y hueso, escatológico, disipado, impúdico y cazurro (ese tan creíble Santiago Segura con boina), que enlaza con los episodios picarescos y los chascarrillos, casi ninguno vulgar, alguno estupendamente surreal ("tiene usted pies de pianista"), de ‘París-Tombuctú’, gran despedida cinematográfica con fuegos artificiales en la que el director, a punto de cumplir ochenta años, se desnudó frontalmente ante el espectador (en la carne de Michel Piccoli) como un disolvente viejo verde y no como un eminente viejo sabio.

     Berlanga nunca ha querido ser satírico, es decir, regeneracionista. En 1958, después de rodar ‘Los jueves, milagro’, que aún seguía pautas de un neorrealismo a la española, el cineasta escribió esta declaración de principios en la revista ‘Film Ideal’: "no estoy de acuerdo con los que me encasillan como satírico. Barnizar con una fina ironía, quizá por vergüenza de expresar abiertamente nuestra ternura, todo aquello que nos rodea, no da derecho a centrar a uno en el áspero ejército de los Aristarcos [se refiere al teórico y crítico cinematográfico marxista Guido Aristarco]. Yo soy un gran egoísta, tan gran egoísta que lucho por la felicidad de los demás, sólo para que no me molesten. Y por esto mismo no me interesa señalar puntos de ataque a futuros ejércitos sino disfrutar de los paisajes que en este lado, llamémosle civilización occidental, tenemos. Si pretendo ensanchar, pues, mi cantón independiente o por lo menos delimitar sus fronteras surge inmediatamente la calificación de humorista. Sólo pido que Dios sea humorista en la medida que yo lo deseo".

     Egoísmo, hedonismo, separatismo individual, humorismo como medio de secesión. El radical proyecto aislacionista y demoledor de Berlanga viene de antiguo, como puede verse, pero yo me atrevo a decir que ha alcanzado su forma más pura, guste o no, en las desordenadas, deslenguadas y desinhibidas películas finales. Quizá las más huertanas; para mí las más atávicas. Las que muestran -en todo caso- al genio, según la formulación de Baudelaire, recobrando su infancia a voluntad.

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Vicente Molina Foix

 Vicente Molina Foix nació en Elche y estudió Filosofía en Madrid. Residió ocho años en Inglaterra, donde se graduó en Historia del Arte por la Universidad de Londres y fue tres años profesor de literatura española en la de Oxford. Autor dramático, crítico y director de cine (su primera película Sagitario se estrenó en 2001, la segunda, El dios de madera, en el verano de 2010), su labor literaria se ha desarrollado principalmente -desde su inclusión en la histórica antología de Castellet Nueve novísimos poetas españoles- en el campo de la novela. Sus principales publicaciones narrativas son: Museo provincial de los horrores, Busto (Premio Barral 1973), La comunión de los atletas, Los padres viudos (Premio Azorín 1983), La Quincena Soviética (Premio Herralde 1988), La misa de Baroja, La mujer sin cabeza, El vampiro de la calle Méjico (Premio Alfonso García Ramos 2002) y El abrecartas (Premio Salambó y Premio Nacional de Literatura [Narrativa], 2007);. en  2009 publica una colección de relatos, Con tal de no morir (Anagrama), El hombre que vendió su propia cama (Anagrama, 2011) y en 2014, junto a Luis Cremades, El invitado amargo (Anagrama), Enemigos de los real (Galaxia Gutenberg, 2016), El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017), Kubrick en casa (Angrama, 2019). Su más reciente libro es Las hermanas Gourmet (Anagrama 2021) . La Fundación José Manuel Lara ha publicado en 2013 su obra poética completa, que va desde 1967 a 2012, La musa furtiva.  Cabe también destacar muy especialmente sus espléndidas traducciones de las piezas de Shakespeare Hamlet, El rey Lear y El mercader de Venecia; sus dos volúmenes memorialísticos El novio del cine y El cine de las sábanas húmedas, sus reseñas de películas reunidas en El cine estilográfico y su ensayo-antología Tintoretto y los escritores (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg). Foto: Asís G. Ayerbe

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