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Las ocho claves de un video viral

Por 29 de noviembre de 2016 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Roberto Herrscher

¿Por qué no podemos dejar de mirar cómo explota la sandía apretada con gomitas? Hace un par de meses Héctor Pavón, editor de la revista cultural Ñ de Clarín me pidió que escribiera sobre la “viralidad” de ciertos videos en Internet a propósito del insólito éxito de esta aventura frutal. Me divirtió mucho buscar antecedentes y comparaciones en la historia de la literatura, el cine y hasta la ópera. Le dedico estas reflexiones sin pretensión alguna a mi gurú en cultura digital, series y posmodernidad, Jorge Carrión.

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Con el auge de Youtube y Buzzfeed, se van viendo con claridad cuáles son los videos breves que en muy poco tiempo la gente hace propios, cuelga en sus muros, comparte con amigos, aprueba y celebra. Tomemos el ejemplo de los dos empleados de Buzzfeed poniendo gomita tras gomita en la “cintura” de una sandía (http://www.techinsider.io/watermelon-rubberband-explosion-buzzfeed-video-2016-4).

Era un patio, estaba lleno de gente expectante, con cada gomita crecía la curiosidad por ver cuándo explotaría. Y en un determinado momento, saltan los pedazos rojos, carnosos de la fruta y los dos hombres vestidos de bata blanca hasta la cabeza, como científicos en un experimento de alto riesgo, salen corriendo. Total: 17 segundos.

Hay una variante, algo más larga, de National Geographic (http://natgeotv.com/ca/street-genius/videos/exploding-watermelon): el periodista Tim Shaw invita a un grupo de personas en un parque a calcular cuántas gomitas harían explotar una sandía, y luego a poner las gomitas alrededor de una. Este video, mucho más largo (tres minutos y medio, como una canción en la radio) incluye infografías que muestran lo que sucede con las fuerzas que presionan la sandía, y también más juego: el espectador se involucra tratando de adivinar cuál de los participantes acertó con el número de gomitas que serán necesarias.

En ambos casos hay una serie de elementos que los hacen altamente viralizables.

1.      Desafío

En el mundo de los videos de Internet, no hay tiempo para una saga como La Odisea o El Señor de los Anillos. Pero en toda historia debe haber una aventura, un camino que recorrer, un enigma que resolver. Estas píldoras de desafíos a cumplir se nutren de la sabiduría de décadas de publicidad en televisión: en pocos segundos, se plantea un problema y el espectador dedica el tiempo mínimo a ver cómo el esquemático héroe logra resolverlo. Si no hay tiempo, como en el video Buzzfeed, los que lo plantean son los mismos que lo resuelven. Si le podemos dar dos o tres minutos, el “líder” – el periodista en el caso de National Geograhpic – plantea una tarea al “pueblo”.  Deben adivinar con cuántas gomitas explotará la sandía. Una tarea digna de los héroes griegos.

2.      Arco narrativo

Aunque todo se resuelva en unos pocos segundos, no puede faltar el ensayo y error: los actores colocan gomita tras gomita. Cuando el que está mirando piensa: “de esta no pasa, seguro que ahora explota”… y no sucede nada  y hay que seguir, ese es el momento en que el video nos tiene atrapados. Somos parte del experimento. Apostamos, hemos invertido en lo que estamos viendo, deseamos que pase algo. Como la historia canónica de nuestra cultura, el Nuevo Testamento, cada paso, aunque dure dos o tres segundos, es una estación del Via Crucis: secretamente queremos y tememos el desenlace.  

3.      Resolución inmediata 

Llega el momento. Explota la sandía. Es lo que estábamos esperando. Y en ambos videos, mostrado al menos dos veces y en cámara lenta. El fútbol por televisión nos enseñó a que teníamos derecho a ver los goles varias veces, de varios ángulos, relamiéndonos por volver a disfrutar del momento en que la espera termina y explota el júbilo. Sabemos que seremos retribuidos con la fiesta de la explosión de la sandía, pero no sabemos con cuál de las gomitas vendrá… y por eso estos videos tienen la ventaja de aunar certeza y sorpresa.

4.      Juego y humor

Los videos virales ponen alegría, sonrisa, humor en un día gris, sin quitarnos más de unos segundos o a lo sumo unos pocos minutos de nuestras tareas. Suelen incluir, como en estos casos, a adultos haciendo de niños. Jugando. Es un experimento pero es un juego, y como el resultado es un enchastre, tiene también elementos de lo prohibido. No deberíamos jugar a hacer explotar cosas, y por eso al hacerlo estamos siendo moderadamente traviesos. La vestimenta de científicos de los dos juguetones, en uno de los casos, y el papel del periodista serio que pide la participación del público en el otro, y el hecho de que todos terminan saltando y riendo, enfatiza el elemento de tener permiso para estar haciendo algo habitualmente prohibido.

5.      Morbo

¿Sería lo mismo con un melón, con una papaya, con una fruta de otro color? Claro que no. Hace unos años el director de teatro vanguardista catalán Alex Rigola puso en escena Coriolano, la tragedia más sangrienta de Shakespeare. A lo largo de los cinco actos los reyes en pugna matan, decapitan, violan y torturan a miembros de familias rivales. En un momento de la representación, los verdugos se ceban con palos contra un grupo de sandías. Las destrozan, los pedazos rojos y brillantes vuelan por los aires. La violencia es explícita. En el caso de la explosión de la sandía estrujada lentamente hasta que no puede más y finalmente se derrama en pedazos rojos, hay un obvio juego implícito de referencias a la violencia, a la sangre y al sexo. No sabemos muy bien por qué no podemos dejar de verlo. Pero este tipo de seducción tiene siempre unos gramos de horror y de atracción por lo prohibido.

6.      Calidad

Decía Mozart en una carta a su padre, refiriéndose a una de sus óperas, que los que no saben de música van a disfrutar sin saber bien por qué, mientras que los conocedores apreciarán la sapiencia del compositor en contrapunto, armonía y juego rítmico. Es importante hacer notar que en la mayoría de los videos que vuelven virales la factura técnica es impecable. Los que no saben de manejo de luz, ángulos, pixeles, edición, ritmo, sienten que todo está como debería ser sin saber bien por qué. Los que saben de técnica notan la diferencia clara con los videos caseros.

7.      Participación, identificación

En la mayoría de estos videos muy exitosos hay un público participante, que representa a cada uno de los “viralizadores”. Entre los pioneros de estos videos muy repetidos están los flashmobs: grupos de instrumentistas y cantantes que se van instalando en pasillos y escaleras de centros comerciales muy concurridos y de pronto se ponen a tocar Beethoven y cantar Verdi. La misma música, incluso con mayor calidad de ejecución, pero en los teatros donde habitualmente se hace, no causaría ni de lejos el mismo efecto. El público, como saben bien los creadores de programas en vivo desde el nacimiento de la televisión, es vital para que del otro lado de la pantalla el espectador se sienta identificado. Aquí el público acepta el reto, participa, espera, se mueve inquieto y salta de susto y alegría cuando explota la sandía. Somos nosotros.

8.      Ciencia, aprendizaje

Había hacía años un programa muy desagradable pero imposible de dejar de ver en la televisión por cable: Mil maneras de morir. Combinaba escenas actuadas mal a propósito de hombres o mujeres que por lascivos, amarretes, descorteses o gritones terminan sufriendo muertes terribles. Mucha gente los veía por el morbo de ver hasta dónde podían llegar los guionistas y directores, por la burda moralina y el viejo placer culposo de ver a gente que nos cae mal recibiendo un castigo tremendo. Pero para aliviar nuestro placer culposo, un supuesto científico explicaba las causas de cada una de las muertes. Así funciona con la sandía que explota. Hay una pizca de ciencia, sentimos que no perdimos totalmente el tiempo, que estábamos aprendiendo algo. 

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Roberto Herrscher

Roberto Herrscher es periodista, escritor, profesor de periodismo. Académico de planta de la Universidad Alberto Hurtado de Chile donde dirige el Diplomado de Escritura Narrativa de No Ficción. Es el director de la colección Periodismo Activo de la Editorial Universidad de Barcelona, en la que se publica Viajar sola, director del Premio Periodismo de Excelencia y editor de El Mejor Periodismo Chileno en la Universidad Alberto Hurtado y maestro de la Fundación Gabo. Herrscher es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Periodismo por Columbia University, Nueva York. Es autor de Los viajes del Penélope (Tusquets, 2007), publicado en inglés por Ed. Südpol en 2010 con el nombre de The Voyages of the Penelope; Periodismo narrativo, publicado en Argentina, España, Chile, Colombia y Costa Rica; y de El arte de escuchar (Editorial de la Universidad de Barcelona, 2015). En septiembre de 2021 publicó Crónicas bananeras (Tusquets) y su primer libro colectivo, Contar desde las cosas (Ed. Carena, España). Sus reportajes, crónicas, perfiles y ensayos han sido publicados The New York Times, The Harvard Review of Latin America, La Vanguardia, Clarín, El Periódico de Catalunya, Ajo Blanco, El Ciervo, Lateral, Gatopardo, Travesías, Etiqueta Negra, Página 12, Perfil, y Puentes, entre otros medios.

 

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