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Aprender (a amar la) literatura

Por 31 de agosto de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Marcelo Figueras

Ayer domingo en el New York Times leí un artículo sobre una profesora de Atlanta llamada Lorrie McNeill que, cambiando por completo los principios que suelen regir la enseñanza de su materia (Inglés, en este caso), deja ahora que sus alumnos elijan las novelas que quieren leer. Por supuesto, hay algunos que no salieron de lo obvio (la serie Maximum Ride de James Patterson, los libros de romance vampírico de Stephenie Meyer), pero otros optaron por novelas interesantes, que nunca habrían elegido de no haber sido desafiados a probar algo mejor: cosas de Toni Morrison, David Wroblewski y Tim O’Brien, por ejemplo. Por supuesto, las innovaciones de la profesora McNeill no son un capricho aislado, sino parte de un movimiento para “revolucionar la manera de enseñar literatura en las escuelas de los Estados Unidos”, sostiene el Times.

         ¿Habría aprendido más de lo que aprendí, durante mi educación secundaria, de haber tenido la suerte de contar con un profesor como esta McNeill? Por supuesto. Si hoy escribo novelas se debe, entre otras cosas, a que mi amor por la narrativa era tan grande que incluso toleró la tortura de las clases de literatura de cuarto y quinto año. En cuarto nos castigaron con clásicos españoles de los que nada recuerdo, y apenas nos permitieron leer uno o dos capítulos del Quijote. En quinto nos expusieron a una serie de mamotretos por completo olvidables (La Bolsa de Julián Martel, por ejemplo); por fortuna mi maestra la señorita Barbeito ya me había hecho descubrir Cortázar en la primaria, que de ser por mi profesora de la secundaria me habría perdido por completo. 

         ¿A cuánta gente se le escapó la única oportunidad de su vida para aprender a apreciar los libros, por la tendencia a enseñar historia de la narrativa en lugar de apreciación literaria? ¿Qué es más importante: registrar las características del movimiento romántico, o entender cuán maravillosa, iluminadora, transformadora puede ser la experiencia de la lectura de ficción?

         ¿Ustedes sufrieron como yo mientras estudiaban Literatura?

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Marcelo Figueras

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.   Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.   Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.   Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.   Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.  Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País. Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

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