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Más Europa, mejor Europa

Por 12 de mayo de 2010 Sin comentarios

Lluís Bassets

El consenso de hace 60 años fue para no verse de nuevo unos y otros enfrentados en una guerra europea. Así, con la Europa resistente empezó todo. Un nuevo y voluntarioso esfuerzo fue necesario para unificar luego el continente: fue la Europa militante. Ahora, cuando todo parece ganado, también todo puede perderse si no hay un nuevo esfuerzo. No lo dictará la resistencia a una guerra que ha desaparecido del horizonte, ni el entusiasmo que suscitaba la perspectiva engañosa de un protagonismo futuro. El papel de Europa en la nueva arena mundial está perdido, quizás ya definitivamente, y por eso el actual impulso es reactivo y defensivo, dictado por la obligación de preservar lo conseguido y evitar una regresión que cuartee primero el continente y nos devuelva más tarde al mundo de los enfrentamientos y la guerra.

El problema es saber si puede construirse algo a partir de la resignación, no para ganar algo si no para no perder lo que todavía se tiene. Una Europa meramente de necesidad, organizada para darnos lo que ya no está de la mano de los Estados nacionales, difícilmente obtendrá la adhesión de los ciudadanos. Si hay que salvar el euro sólo por el valor del euro mismo, fácilmente cabe imaginar que los europeos empezaremos a detestar la moneda única en cuanto empiecen los sacrificios y los recortes que afecten directamente a nuestras vidas. Es difícil adherirse a una Europa que se gobierna a sí misma sólo para salvar su moneda con un programa que conduce a un empeoramiento del nivel de vida y de las oportunidades de sus ciudadanos.
Es evidente que la solución es más Europa. Lo contrario, como sería el regreso a las monedas nacionales y a las devaluaciones competitivas, es el camino a ninguna parte. Pero no basta con avanzar en la gobernanza económica para que los europeos nos impliquemos y nos sintamos identificados con la Unión Europea. Hace falta avanzar en la unión política, potenciar de nuevo las políticas de solidaridad y de cohesión social, romper el tabú de la fiscalidad común, y sobre todo, no dejar que sea la banca financiera y los hedge funds los que marquen el paso a los europeos. No basta por tanto un poco más de Europa, sino que necesitamos Europa en grandes dosis, mucha Europa, tanta como sea posible y menos Alemania, menos España, menos Francia o menos Polonia. Con un propósito: una mejor Europa, mejor sobre todo para sus ciudadanos.
No será fácil la superación del europeísmo de necesidad, adoptado resignadamente por una clase política renacionalizada. Exige, en todo caso, un proyecto europeo e incluso un método o modelo europeo pensado a propósito para alcanzarlo. Esto es lo que ha intentado ofrecer el Grupo de Reflexión presidido por Felipe González, con su documento sobre el horizonte 2030 que ya comenté ayer y que seguiré desarrollando en días sucesivos. Además de defender el euro con uñas y dientes, hora es ya de que los europeos nos comprometamos en un debate serio sobre nuestro futuro. Antes de que ya sea demasiado tarde y ya no quede del futuro ni las migajas.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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