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La inteligencia deportiva

Por 13 de julio de 2010 Sin comentarios

Lluís Bassets

La sabiduría es espontánea y natural. Puede surgir como fruto del estudio y de la reflexión, claro que sí, pero también de la mente tranquila y observadora de un trabajador manual o de un deportista, debidamente ejercitados en su trabajo físico. No hay que ver el magisterio de la mano o del cuerpo como cosas alejadas de la inteligencia, al contrario: en la coordinación entre mente y gesto es donde mejor se conforman las capacidades creativas y comprensivas del ser humano. Para ser excelente con la mano, como un artesano o un artista, o con el cuerpo entero, como un deportista, hay que serlo a la vez y además con la mente.

A veces esta inteligencia se expresa también en la palabra. El sabio lo es también en la palabra, en sus palabras sencillas pero claras y llenas de significado. Para Iniesta, La Roja es un equipo, sus seguidores es la afición y el trofeo ganado esa copilla. La historia, la trascendencia, los dioses quedan para otros, los glosadores, con las bocas llenas de palabras estentóreas y amontonadas. Si llega a saber el lío que se monta no marca el gol, ha dicho. Sin saberlo este futbolista excelente y magnífica persona ha marcado otro gol, pero esta vez en la portería de las limitaciones ópticas, comprensibles pero limitaciones, de muchos que le admiran y le aplauden.
El fútbol tiene la virtud extraordinaria de que es todo y es nada: un gol, un instante de gloria. Si nos empeñamos, todo funciona en clave futbolística. Los líderes del G20 estuvieron más atentos en su reunión de Toronto a finales de junio cuando empezaban los primeros compases del campeonato que a una coordinación económica que ya sabían arruinada antes de viajar. Mejor se hubieran dedicado a trabajar en vez de demostrar su interés político por el fútbol. No olvidemos que Francia e Italia, imperios futbolísticos caídos, suscitan la chacota y la vergüenza, y que el presidente de la República llamó a consultas a los futbolistas y decidió hacerse cargo de la crisis de su selección. Cataluña pidió el sábado su Estatut entero, pero el domingo se añadió a la fiebre de La Roja, en un fin de semana cruzado de sentimientos que algunos, los más miopes y los más cínicos, han querido convertir en opuestos y contradictorios. Igual Zapatero también consigue rebañar en el cuenco de este trofeo.
También los analistas geopolíticos han metido los dedos en este campeonato, y nos han explicado el mundo en clave de grandes cambios multipolares que han resultado totalmente falsos. Los países emergentes y la multipolaridad preceden en el fútbol a la realidad geopolítica. El verdadero cambio se producirá el día en que los asiáticos lleguen a semifinales y los africanos, con sus excelentes jugadores y equipos, sean también capaces de llegar a tener grandes selecciones. Mientras tanto, la declinante Europa se ha llevado los tres primeros puestos. Y esto tiene una explicación que está ya inscrita entre las sentencias clásicas del género: fútbol es fútbol y todo lo demás son fantasías. Los únicos que tienen al final el secreto de su significado son los jugadores inteligentes que saben hacer goles en los partidos más difíciles, como es el caso de Iniesta el pasado domingo. Por eso son los que después también mejor lo expresan espontáneamente en sus palabras.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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