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¿Ha empezado la nueva guerra?

Por 15 de enero de 2010 Sin comentarios

Lluís Bassets

Imagino ahora mismo cómo será una guerra del futuro. Los contendientes ya no son los ejércitos de dos países distintos. Es probable que uno de los polos combatientes sí sea un Estado, una superpotencia con intereses muy instalados y en expansión, por ejemplo. El otro, en cambio, puede ser una multinacional, un cartel financiero, una ong o por qué no una mafia internacional. Es posible, incluso, que no se conozca muy bien la identidad de los contendientes. Y además, que tampoco se sepa quiénes son exactamente los ejércitos combatientes: igual ni aparecen las instituciones militares y sus prácticas codificadas de la guerra. Pueden ser, en cambio, agencias de inteligencia o compañías de seguridad privadas subarrendadas. Tampoco se sabe muy cáando empieza y cuándo acaba, porque no se conocen, ni siquiera, los objetivos que se persiguen. Lo único real, efectivo, es que de vez en cuando aparecen extrañas noticias de acciones de espionaje o de bombardeos realizados por aviones teledirigidos, cada vez más pequeños, capaces incluso de entrar por la ventana de las casas; de ataques cibernéticos que paralizan a un Gobierno o infectan el sistema entero de una compañía; o misteriosos atentados de atribución incierta en los que tan pronto se utilizan venenos nucleares como los sicarios clásicos de la bomba y la pistola.

Imagino, digo, y no sé por qué. Las nuevas guerras llevan tiempos con nosotros. Precisamente porque son inasibles van pasando desapercibidas, ocultas tras los grandes despliegues convencionales y la gran retórica bélica que todavía se exhibe en el ancho Oriente Próximo que va desde Gaza hasta Afganistán. Las muertes violentas de periodistas, antiguos espías, o potentados rusos son las bajas visibles de una guerra sorda y subterránea por el poder económico y político de la gran potencia decadente. Vemos también como se metamorfosean las viejas guerras, automatizadas y robotizadas, hasta convertirse en cuestión quién sabe si finalmente exclusiva de los servicios secretos mientras los soldados uniformados se emplean en tareas más rutinarias y en el fondo policiales o, irónicamente, de apariencia humanitaria. Pero el episodio que da más que pensar sobre las guerras del futuro es esta pelea súbita entre Google y Pekín, capaz de levantar las mayores suspicacias y temores pero con muy escasos signos ciertos para la interpretación sobre su carácter.
Pudiera ser una mera guerra comercial, en la que están en juego cuotas del mercado mundial y derechos de autor. Así es, si atendemos a los que dicen algunos competidores de Google, como Microsoft y lo que se destila desde las esferas oficiales chinas. Pero si hacemos caso a Google y a fuentes de la disidencia, puede ser que nos encontremos con una de las mayores guerras contemporáneas por el poder, en la que la marca comercial más poderosa del mundo se declara perdedora en esta primera batalla frontal con el partido único que dirige el mayor país del mundo. Lo que estaría en juego en este envite es, ni más ni menos, que la determinación de las reglas de juego de la comunicación entre los 1.3000 millones de chinos y éstos y el mundo, algo que muy probablemente los dirigentes chinos no quieren ni siquiera someter a discusión con nadie.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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