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Feliz descabello

Por 28 de julio de 2010 Sin comentarios

Lluís Bassets

El Parlamento de Cataluña ha dado el descabello a la fiesta taurina. Estaba muerta ya en Cataluña y en el deseo de algunos lo estará a plazo en toda España. En pocas ocasiones las instituciones del autogobierno catalán han merecido tanta atención y han recibido tantos ataques. La ocasión lo merecía: que Barcelona, histórica capital taurina, vaya a prohibir los toros, la ?fiesta nacional?, no puede ser leído en todo el mundo más que como un serio revés para el espectáculo. Algunos dentro y fuera proyectarán sin remedio la interpretación nacionalista de unos y de otros, sobre todo después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán. Pero la realidad es mucho más simple: ha sido fruto de una iniciativa popular, que ha exigido una compleja recogida de firmas; ha dado pie a un riquísimo debate, en el que todas las posiciones han podido expresarse y deliberar libremente; y al final los diputados catalanes han podido votar, con la peculiaridad de que los dos partidos mayores, CiU y PSC, les han dado libertad de votos, que han ejercido responsablemente.

Si algo ha quedado perfectamente avalado en todo este proceso ha sido el buen funcionamiento de la democracia en la España de las autonomías, donde las comunidades autónomas tienen competencias y capacidad de autogobierno suficientes como para llegar a tomar una decisión como ésta, juzgada de gran gravedad para una parte importante de la opinión pública española, hasta el punto de que algunos la identifican con la ruptura de España o como un ataque a sus esencias. Nadie impide a los taurófilos que promuevan una nueva iniciativa popular para legalizar de nuevo la fiesta y que intenten alcanzar una nueva mayoría en su favor en el futuro parlamento que saldrá de las urnas en las elecciones del próximo otoño.
Los partidarios de mantener las corridas en Cataluña tienen muchas e incluso algunas buenas razones. Entre ellas, que no hacía falta una iniciativa de este tipo para que la fiesta corriera hacia su extinción en Barcelona, la única ciudad catalana donde todavía se celebran corridas. Pero el aprovechamiento político del envite ha permitido escuchar argumentos muy distintos, que responde a un preocupante resquemor frente a las instituciones democráticas. Los parlamentos son al parecer buenos cuando sus grupos votan disciplinadamente a los partidos que previamente han cocinado las leyes y las votaciones. Las autonomías tampoco están nada mal cuando sirven para dejar las cosas tal como son en el conjunto de España, sin salirse del carril de lo normal y lo correcto. Y las iniciativas populares, naturalmente, también son buenas cuando sirven a los intereses de los guardianes sempiternos de la moral.
No me gustan los toros y prefiero no escribir los adjetivos que me vienen a la cabeza para expresar el disgusto que me produce el espectáculo. Tampoco considero que sea muy feliz legislar sobre esta materia. Pero respeto una iniciativa popular capaz de conseguir sus objetivos, como ha sido la de los abolicionistas. Y aplaudo calurosamente esta otra fiesta nacional, incruenta y civilizada, que nos ofrece el autogobierno catalán amparado constitucionalmente en la democracia española.

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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