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El viejo gorila todavía cena con nosotros

Por 2 de diciembre de 2008 Sin comentarios

Lluís Bassets

¿Se acuerdan ustedes del gorila? "Hay un gorila de 800 libras sentado en la mesa con nosotros". Esta fue la frase que le lanzó a la fama. La pronunció Condoleeza Rice el 7 de diciembre de 2005, en una cena en Bruselas con los ministros de Exteriores de la Alianza Atlántica. La secretaria de Estado norteamericana culminaba con este encuentro un viaje que la llevó a varios países europeos y que estuvo rodeado de una fuerte controversia. La señora Merkel acababa de instalarse en el Gobierno de coalición con los socialdemócratas, después de ganar las elecciones, y el propósito del viaje de Rice no era otro que enmendar en lo posible el pésimo estado de las relaciones transatlánticas después de la penosa situación en que habían quedado como resultado de la guerra preventiva de Irak y de la pelea entre Washington y París, con el apoyo de Berlín, en el Consejo de Seguridad.

Pero el propósito del viaje se fue al garete porque justo en aquellos días se conoció la existencia de cárceles secretas en territorio europeo y de vuelos clandestinos sobrevolando cielo también europeo y con escalas en sus aeropuertos, organizados por la CIA para interrogar a los sospechosos de terrorismo fuera del ámbito de protección legal de la justicia norteamericana. Antes de salir para Europa, al pie de la escalerilla del avión en la base de Andrews, la señora Rice tuvo que leer una solemne declaración, preparada por sus asesores legales, para cubrirse bien las espaldas.

Ahora todo parece un juego trivial, lleno de sobreentendidos y restricciones mentales, pero entonces produjo su efecto. Estados Unidos no violaba ninguna ley propia ni ajena, no torturaba y se mantenía siempre dentro de los cauces estrictamente legales, decía la señora Rice. Y también lo repitió en la cena de Bruselas. Pero a continuación vino la explicación sobre los nuevos tiempos que requieren nuevos conceptos, la necesidad de ayudar a Washington para ser ayudado, la caracterización de los terroristas como combatientes ilegales sin cobertura por parte de las convenciones internacionales. El gorila estaba ya sentado en la mesa.

Los vuelos, las cárceles y la cena trascendieron. Ha habido procesos y en algún caso condenas en Canadá, en Italia y en Alemania por el secuestro y tortura de sospechosos de terrorismo que eran perfectamente inocentes y tuvieron la fortuna de poder denunciarlo. También hubo investigaciones en el Consejo de Europa y en el Parlamento Europeo, todo lo inconclusivas que suelen ser en estas instituciones. Y se acabó. Hasta este fin de semana, en que el apestoso olor que acompaña al gorila ha regresado de nuevo.

Tal como acreditan los documentos secretos publicados por El País, en sus ediciones del domingo y del lunes, el Gobierno de Aznar colaboró con Estados Unidos en la organización de vuelos militares que transportaban a sospechosos de terrorismo a Guantánamo, en una acción que vulnera la legislación europea y española, y que constituye un avance de los posteriores vuelos de la CIA, éstos de carácter civil pero igualmente ilegales, realizados tanto bajo gobierno de Aznar como en la etapa de Zapatero.

La revelación viene al pelo, justo unas semanas antes de que se produzca el relevo en la Casa Blanca. Todos estos vuelos, los militares de la primera época y los civiles de la CIA de la segunda, nos indican que varios países europeos han estado colaborando con la guerra sucia de Bush, incluso cuando se han negado a participar en la guerra de Irak. Y nos llevan a concluir con la obligación que tenemos todos, parlamentarios europeos y norteamericanos, periodistas y opiniones públicas de las dos orillas del Atlántico, de hacer toda la luz sobre las vulneraciones de los derechos humanos y del Estado de derecho efectuadas bajo el amparo de la Guerra Global contra el Terror.

El Gobierno español ha mirado hasta ahora hacia otro lado: ahora tiene la oportunidad de demostrar que efectivamente no tiene nada que ver con todo esto. No es lo que piensan muchos observadores. En territorio europeo ha habido cárceles secretas, presumiblemente en Polonia, Rumania y en la Macedonia protegida por la UE. Numerosos aeropuertos europeos, españoles entre ellos, han sido utilizados para transportar prisioneros en vuelos militares y secuestrados en vuelos civiles. ¿A qué esperamos entonces para abrir una gran investigación sobre las complicidades europeas con la guerra ilegal contra el terrorismo declarada por George W. Bush?

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Lluís Bassets

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.  

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