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UN SEDUCTOR

Por 14 de febrero de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Estoy leyendo unos cuentos escritos por Georges Moustaki. No están mal, pero nunca serán como sus canciones. Algunas de sus canciones tienen ya casi 50 años, “Milord” sigue viva, sobre todo en la voz de la Piaf. Que no sólo cantó algunas canciones del joven de Alejandría sino que fue su amante durante unos años. Moustaki debía ser un joven hermoso. La primera vez que me encontré con él, yo era muy joven, me pareció un maduro interesante. Ya tenía el pelo bastante blanco, conducía una moto, le acompañaba una mujer hermosa, vestía de cuero negro y se metía en un cine de arte y ensayo. Todo según el guión que uno espera de los mitos de aquellos años. Algunas de sus canciones me acompañan desde quinceañero. Algunas no las olvidaré nunca.

Pero ahora, cuando pienso en él, recuerdo algo que no viví pero que me contaron. Algo que da su imagen de seductor. Y también la nuestra de seducidos por el aura de la fama, creo.

Una amiga mía, muy hermosa, además de pelirroja, estaba citada para una rueda de prensa con el cantante. Han debido pasar diez o doce años. Ella tendría 30 y él más de 60. Estuvo encantador, cercano, amable…y en un momento, se acercó a mi amiga, le dio su  número de habitación y la invitó a subir. Todavía quedaban dos horas para el concierto. Mi amiga se quedó un tanto paralizada. No sabía qué hacer. Dudaba entre sus deseos, su curiosidad, su feminismo, su orgullo o su oportunidad. Estuvo dudando media hora… y subió a su habitación. Después, el concierto y nunca más se supo. No lo olvida. No sé si por tan memorable como historia de sexo, sino por el sujeto del encuentro.

¿Qué hubiera hecho si no hubiera sido famoso?… Es verdad que es un hombre hermoso, un maduro seductor, pero si hubiera sido un guapo o rico desconocido, ¿se hubiera encontrado con él durante una hora en una habitación de una ciudad mediterránea? Creo que no. Me lo contó mi amiga. Sentí envidia, no por Moustaki, sino pensando que nunca me pasaría eso con… digamos Francoise Hardy o Marie Laforet. Vamos, ni con Emma Suárez. Una de las buenas cosas de ser famoso es que te pueden pasar cosas como esa. Es posible que también haya que hacer hermosas canciones, tener unos ojos azules y una voz subyugadora. En fin, que no todos nos llamamos Moustaki.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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