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PLAZA DE COLÓN

Por 12 de marzo de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Nunca fue una plaza simpática para mí. No acertaron con esas piedras, creo que eran de Guayasamín porque no aceptaron la propuesta de Oteiza, con las fuentes del sótano, ni con el teatro estilo mal gusto burgués. Los pasos subterráneos son impracticables y sucios, el Botero para quién lo quiera. En fin una plaza para pasar deprisa. Para ir a la Biblioteca Nacional o para recordar a los Beatles que se alojaron en esa plaza cuando no era plaza, cuando allí estaba la Casa de la Moneda. Cuando en una calle hoy demediada ya estaba el mejor sitio de jazz que conoció la ciudad, el “Whiskie Jazz”, el feudo madrileño de Tete Montoliú o de Lou Bennet, el bar donde nos empezó a acompañar esa música tan libre, tan sin ira…aunque algunas veces se toque con furia interior.

Unas músicas, el pop o el jazz, que nada tenían que ver con las que sufrimos -en televisión, por supuesto- al ver ese desfile de despropósitos españolistas, de ficciones nacionalistas de una nación que parecía rescatada de los restos del franquismo. ¡Qué horror estético! Y qué desprecio ético por los manipuladores y por los manipulados, que ya son  mayorcitos. Ya reflexioné hace semanas sobre la apropiación de la bandera y del himno que viene esa derecha, esa España que parece sacada de un baúl de malos recuerdos. No quiero repetirme. Pero esa mezcla de la plaza de Colón, de la multitudinaria marcha de las mentiras, de músicas “progre cursis” -“Libertad sin ira”-, de músicas cañís- “Y viva España”- o de músicas que usan como amenazas, el llamado himno español. Les faltó el “Cara el sol”, pero muchos lo cantan en la intimidad. Y algunos en las traseras de la manifestación. Me lo contaron quienes lo escucharon.

¿Dan miedo? No, pero preocupan. Esas formas, esos gestos, esas poses unidas a sus manipulaciones, a sus deseos de poder y a sus olvidos voluntarios de las víctimas, lo que provocan no es miedo, es rechazo desde la razón. Hay otro país. Hay otra España que no es así. Que así no canta, que ni así manipula ni así se deja manipular.

La plaza de Colón, ¡ay!, con esa bandera que parece exportada de la plaza de Armas de México, con un tamaño que tiene forma de agresión, de imposición. Ni esa enorme bandera, ni las banderas ondeadas en algunas manos, son las banderas de la mayoría de los que todavía nos sentimos españoles. No tenemos que sacar España, que es un lío pero es nuestro lío, en procesión. Ni con esos símbolos, ni con esos cantos.

Hace años se reunían en la plaza de Oriente. Pasó el tiempo y esa plaza, monárquica y liberal -se la inventó José Bonaparte- es de todos los ciudadanos. Lo mismo le deseo a esa otra plaza, que pase el tiempo, que se libre de sus secuestradores y que se ponga más libre, más guapa. Más jazz, menos himnos.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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