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FILLOY, ESE IMPRESCINDIBLE

Por 16 de abril de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Descubrir ahora a Juan Filloy es como descubrir el Mediterráneo. Pero así somos muchos de osados, ignorantes y entretenidos en tantas cosas, libros y gentes inútiles. Incluso entretenidos en mares innecesarios. ¡Qué digo mares!…a veces lo que nos entretiene no son ni charcos de gran consideración. Pues bien, ahora estoy descubriendo, ese mar literario tan rico, tan sorprendente, de tanta sabiduría y conocimiento que es Juan Filloy. Claro que había oído hablar de él. Que algo había leído sobre este raro escritor de Córdoba, Argentina, que vivió ciento seis años, que escribió muchos libros, que siempre tituló con siete letras y que tuvo algunos admiradores a los que también admiramos mucho. Sabía esas pocas verdades, esos datos tan parciales y secundarios en una rareza literaria que le acerca a los grandes. Por sus formas y por su fondo.

Ahora, que sigo leyendo a Filloy desde que hace apenas dos semanas, me tropecé en Buenos Aires con la edición de una de sus más singulares obras: Yo, yo y yo, (Monodiálogos paranoicos), me alegro de haberlo tropezado en esa editorial argentina El cuenco de plata, que está editando la “Biblioteca Juan Filloy”.

En España hace tres años publicaron una de sus obras mayores, Caterva, en una hermosa edición de Siruela. Que, además, añade un epílogo de Tempo Giardinelli que nos da una breve y excelente información de este escritor casi oculto.

Fascinantes sus libros, fascinante, por metódica y poco usual entre escritores su larga vida. Hijo de emigrantes, gallego y francesa, que tuvieron un almacén de ramos generales llamado “La Abundancia” en Córdoba, donde el niño Juan trabajaba y leía furtivamente. Después como abogado, como magistrado estuvo 64 años en la pequeña ciudad de Río Cuarto. Desde allí creó una inmensa obra, casi inédita, autoeditada, atrevida, procaz en muchas ocasiones- era Juan gran aficionado a lo prostibulario- y siempre con una inusual maestría en el uso del lenguaje.

Original, rebelde, perfeccionista, gran polígrafo, sonetista, maestro del palíndromo y autor de una gran obra que no debe quedar oculta. Más cerca de Bioy Casares que de Borges. De Borges decía que “escribía bastante bien, pero que le faltaba calle. En Borges no hay coito, no hay sangre”…En fin, nunca es tarde. Yo, con mi edad avanzada me siento rejuvenecer leyendo a este grande al que tanta gentuza me había dejado en la sombra. Un letraherido que también se supo divertir. Que vivió en su pequeño mundo haciéndonos llegar muchos mundos.

Como dice Giardinelli, “un ejemplo de libertad y virtud”, decía Filloy: “Jamás di un paso para hacer un negocio ni para conseguir nada. Pero di miles de pasos para encontrar un adjetivo gravitacional. Mi felicidad consiste en eso y, como Plinio el Joven, todo mi gozo está en las letras.”

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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