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El deshonor de los poetas

Por 15 de enero de 2008 Sin comentarios

Javier Rioyo

No diré lo que pienso. Pero intentaré pensar lo que digo. ¿Hay que ser honorable para ser poeta? ¿Se puede ser poeta viviendo con deshonor?

¿Hay que ser bueno machadianamente, angelgonzalezmente para ser poeta? Para ser llamado poeta no. Incluso para ser premiado, alzado a los altares de un gobierno que anda en compañía de la poesía secreta. Yo creo, sigo queriendo creer que se puede ser poeta y buena persona. Incluso otras cosas, otros cargos. De vez en cuando lo dudo. Pero es ponerme prosaico.

Hay poetas y otras cosas. Hay premiados y poetas. Hay clases también en los poetas. Y hay poetas con clase. Hay poetas tapados, silenciosos y fríos que quizá así han estado porque era su condición de oscuros poetas. Como la negra provincia. Como la patria oscura. Hay poetas sentidos y poetas resentidos. Hay poetas que no soportan su premio. Que no soportan la falta de lectores. Hay poetas que presumieron de todo lo que después negaron con los laureles de los amigos. Hay poetas leídos y poetas galardonados. Hay poetas para el abrigo y poetas para los desnudos. Hay poetas que no perdonan la muerte. Hay que no perdonan la vida. Hay mezquindades disfrazadas de falsas bondades. Hay sufrimientos inventados, incapacidad para la alegría.

/upload/fotos/blogs_entradas/el_deshonor_de_los_poetas_portada_completa_med.jpgAcabo de recibir el regalo de las navidades del editor Chus Visor, con perdón.

El libro, el "visorín", es un texto del poeta que más quería mi querido Luis Buñuel, Benjamín Peret. Un texto que escribió en México en los momentos finales de la Guerra Mundial. Se llama El deshonor de los poetas, dice cosas, hermosas, inteligentes y de hombre bueno, verdadero y honorable. Si pudiera se lo mandaría a algún poeta laureado…"pero el poeta no está para mantener en el prójimo una ilusoria esperanza humana o celestial, ni para desarmar a los espíritus insuflándoles una confianza sin límites en un padre o en un jefe contra el cual toda crítica se vuelve sacrilegio. Por el contrario le corresponde pronunciar palabras siempre sacrílegas y blasfemias permanentes"

Como no soy poeta callaré mis blasfemias, contendré mis sacrilegios y no señalaré a los poetas hincases de voces sacrílegas ni blasfemas. El silencio les vendrá a visitar algún día, de noche.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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