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CENSURA ILUSTRADA

Por 23 de febrero de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Soy partidario de la censura. Al menos de la censura ilustrada. Incluso, de alguna censura sin ilustración. Por ejemplo, la censura del cine en tiempos franquistas mejoró algunas películas de Berlanga. Les obligó a él y Azcona a realizar un peculiar ejercicio de la imaginación que no hubieran realizado sin tener que dar esos rodeos. La burla del censor les hizo más imaginativos. También la censura mejoró el final de la película Viridiana de Buñuel. El censor no permitía que Paco Rabal se quedara solo con la ex monja que interpretaba Silvia Pinal y propuso un final con mesa camilla y juego de cartas, pero con una carabina, con otra mujer que interpretaba Margarita Lozano, servidora y amante de Rabal. Una perversa idea de menage a trois que no se le había ocurrido a Buñuel y que se debe al censor.

¿Y qué es la censura ilustrada?…No tengo ni idea, pero yo también soy censor y, con perdón, más o menos ilustrado. Una vez me preguntaron a quién no llevaría al programa de televisión Estravagario. Muy correctamente democrático dije que a nadie censuraría, que me gusta hablar con mis contrarios, con mis oponentes éticos o estéticos… Lo pensé un poco más sinceramente y confesé que sí censuraría al algún personaje que- a mi juicio- no merece ser llamado escritor, y menos historiador. Di un nombre, el de Pío Moa y podría haber dado alguno más. ¿Para qué llevar a televisión, a las páginas de un periódico o a la radio a alguien que sabes que es manipulador de la historia? ¿Para qué invitar a televisión a insultadores, ventajistas, marrulleros, mentirosos, manipuladores y falsarios? ¿Para qué hacer más famosos a los que se hicieron ricos y famosos con las peores artes de la escritura o del periodismo? ¿Por qué soportarles en una televisión pública?

¿Es eso censura? Puede ser, será, pero es lo que yo llamo censura ilustrada. En este blog se sorprendía de mi optimismo el amigo Filemón Pi porque aplaudía vivir en un país donde no se censura a provocadores tan inteligentes como Albert Pla. También me congratulo de que se puede representar con normalidad, y en un teatro público, el muy vitriólico y extraordinario montaje de Marat Sade, un Peter Weis, versionado por Alfonso Sastre e interpretado por “Animalario”. Tampoco les gustará a los bien pensantes, a los lectores de Pío Moa, a los oyentes de la COPE o a los nostálgicos de algún comunicador de deportes. Se siente, tuvieron su tiempo, sus dictadores, sus censores y sus púlpitos. No es lo mismo callar a un falsario que a un hombre libre, aunque sea el marqués de Sade. Con él nos iríamos al infierno, pero ni un paso más. Con los otros no me voy ni al paraíso un fin de semana. Será censura, pero tendrá sentido. Por eso lo que hizo la otra noche la televisión pública me pareció un acto de sinceridad y de buen gusto. No dejar insultar. Entre otras cosas.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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