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Blogs de autor

Viviendo con el holograma

Por 23 de abril de 2007 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Al final, me mudé con Lara. Encontré una buhardilla de nueve metros cuadrados a buen precio, y decidimos que era perfecta para nuestro nido. El único problema es que tenía que hacer pipí inclinado, porque el techo está en pendiente, y es muy difícil apuntar así. De hecho, sólo era posible estar de pie en un punto del apartamento –bajo la ventana, con la cabeza fuera de la casa-, pero yo pensé: ¿qué importan los inconvenientes cuando el amor es puro? Lara y yo tenemos un lugar en el cual compartir nuestra intimidad, nuestros sueños y nuestro porvenir. Por las noches, me acomodaba en el reducido espacio de que disponíamos y ponía a Lara bajo mi almohada, donde reposaba cálidamente hasta el amanecer.

Sin embargo, Lara empezó a cambiar desde el momento mismo en que nos mudamos juntos. Ya no me acariciaba la cabecita, ni me decía palabras bonitas al oído. Por el contrario, cada mañana a las seis, su voz me chillaba en el teléfono: 

-¡Despierta, haragán! ¡Hora de ir a trabajar, a ver si eres útil para algo!

Lara empezó a descuidarse. Ya ni se pintaba ni se peinaba, y engordó tanto que mi teléfono parecía una Blackberry. Además, nunca estaba satisfecha con lo que yo hacía. Bebía, y cuando le daba la borrachera de mala leche, me decía:

-¡Ni creas que me tendrás viviendo en este cuchitril para siempre, muerto de hambre! Eres un perdedor. Y un inútil, y yo merezco más de lo que me das ¡Por lo menos, cómprate un Nokia!

Durante un tiempo, quise creer que era una crisis de pareja pasajera. Pero las cosas, en vez de mejorar, se agravaron. Empezó a hacerme escenas en público. Cada vez que tenía una reunión de trabajo, sonaba el teléfono. Era Lara amenazándome a gritos por el altavoz. Disfrutaba dejándome en ridículo frente a los demás.

Empecé a salir sin mi teléfono, para poder estar libre aunque fuese temporalmente de los acosos de Lara. Una noche, un amigo se me acercó en un bar y me dijo:

-La telefonía celular es increíble. Me he bajado un programa porno ¿quieres verlo?

Cual no sería mi sorpresa al ver a Lara en la pantalla de mi amigo, diciéndole las cosas bonitas que antes reservaba para mí, bailando desnuda sólo para sus ojos. Parecía haberse arreglado y adelgazado sólo para el teléfono de ese canalla. Supe entonces que nuestra relación nunca había sido sólida, sino apenas una interferencia del deseo en la pantalla plana de mis sentimientos. 

Al volver a casa, tuvimos una discusión. Le reproché su conducta lasciva y sus mentiras. Ella me dijo:

-¿Me estás pidiendo que deje mi trabajo por ti? ¡Además de perdedor, eres un maldito machista!

-OK, Lara, al menos dime que eso sólo fue trabajo. Que tú me quieres sólo a mí.

-Pues, la verdad, podrías hacer más méritos. ¿O crees que yo puedo vivir siempre así? ¡Tu amigo tiene un Nokia!

Las grietas de nuestra relación se fueron profundizando, hasta que se acabó. Les ahorraré el detalle de nuestra caída en desgracia. Sólo comentaré que al final ella se quedó con todo: la buhardilla, la ventana y el techo inclinado. Dos días después, mi antiguo amigo y su Nokia se mudaron a ese apartamento.

Yo, mientras tanto, he decidido escuchar las sugerencias de los participantes de este blog y volver a los brazos mi antigua señora. Le he suplicado por el telefonillo que me acoja una vez más. Le he jurado que he reflexionado y he cambiado, pero aún sigo aquí, en la calle, esperando su piedad. Cariño, por favor, ábreme la puerta. Chicos, díganle que me escuche…   

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