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Tres puentes jubilados

Por 27 de febrero de 2013 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Eduardo Gil Bera

 

El puente románico de Reparacea (el nombre viene del vasco Erre-baratcea: el Soto del Rey, que alude a la isla de aluvión que formaba originalmente el Bidasoa, al dividirse en dos brazos entre este lugar y la iglesia de Narbarte), tiene un hermano pequeño, el puente de Errezkile (del vasco Erre-Ezkile: la Campana del Rey) que se camufla trescientos metros aguas abajo, en la margen derecha, sobre la regata de Otaltzu. 

 

Pegante a este pequeño puente, se alzaba una torre de seis varas en cuadro y veinte de altura, con una campana en lo alto. La construcción funcionaba como cuerpo de guardia y alarma de la fortaleza de Reparacea y, por su situación, daba tiempo a bloquear el puente, o tomar cualquier medida. La campana apellidaba a las armas y avisaba de incendios y otras incidencias. También ejercía de picota y cadalso: en 1311, el merino de Pamplona Johan Lopiz de Urroz, hizo ejecutar aquí  Miguel Periz de Eratsun, ladrón y malhechor pésimo.

 

Bajo la torre de Errezkile se cobrabaron arbitrios y peajes durante la Edad Media.  Luego los usos medievales decayeron y  el concejo de Narbarte edificó Aizate Berea y Garaya con las piedras de la torre, para tener cobro del arriendo del vino y otras mercancías que pasaban por el puente y el camino. Aizate Garaya todavía era propiedad del pueblo en el siglo XIX. 

 

El gran cambio vino con el puente nuevo de Narbarte, levantado en 1846 bajo la direccion de Pedro Ansoleaga, con piedras extraídas del subsuelo de Oieregi. La nueva carretera atravesaba, en terraplén, la isla de Reparacea en medio del Bidasoa. Y el puente de Narbarte se construyó sobre seco, mientras el río fluía por el brazo de Tipulatze. Una vez hecho el puente, se dejó el brazo de Tipulatze para laminar grandes riadas. El puente nuevo tenía una garita con cadena para cobrar peaje. El viejo puente románico de Reparacea pasó entonces al retiro tras mil años de servicio. Por su parte, la genial obra pontificia de Ansoleaga, se jubiló este siglo.

 

Esta mañana, había una lagartija helada en el pretil del puente de Errezkile. Tiene el Bidasoa aquí, en un corro breve, que no llegará al kilómetro, tres puentes jubilados, ¿qué es un puente más o menos en la vida de un río? Más o menos, lo que una lagartija en la vida de un puente.

 

 

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Eduardo Gil Bera

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012).

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