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Ríos avergonzados

Por 1 de diciembre de 2013 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Eduardo Gil Bera

El río Mediavilla de Tudela, que no llegará a los cuatro kilómetros de largo desde su nacimiento en Canraso hasta el Ebro, es casi protagonista de un cuento de Iribarren que nos gustaba mucho, donde dos chavales lo exploran bajo las calles y edificios urbanos para no ir a la escuela. Durante años, vivimos en una casa desde donde veíamos su cauce mínimo y exangüe, todavía sin cubrir, antes de que fluyera por debajo de la iglesia de san Nicolás. Según los  historiadores, el río Mediavilla se llamó antes Merdancho que, por lo visto, no sonaba bien.
 
En Nájera también hubo un río Merdancho, igualmente llamado Merdánix, Merdaniel o Sórdido, en busca del eufemismo perdido. Pasaba por el centro de Nájera, se adentraba en la ciudad por el sur y corría entre las casas de la calle Santiago y las de la plaza del Mercado, hasta la iglesia de San Miguel y la calle las Parras, hasta desembocar en el Najerilla.
 
El río y la calle Merdacho en Sorzano mantuvieron el nombre hasta casi este siglo. También lo hizo el río Merdancho, que excavó con paciencia fluvial el  celebrado desfiladero de Pancorvo, y ahora lo llaman Oroncillo. 
 
Entre los Merdanchos que aún mantienen el nombre, está el que fluye al pie de  la famosa Numancia antes desembocar en el Duero, el arroyo Merdancho en Albacete, y el generoso Merancho que riega Murcia y Alicante.
 
Casi siempre se trata de arroyos y riachuelos. En la documentación de la abadía de Cluny se describe un lugar en ripa rivuli, qui Merdantius dicitur, y otro como rivum quæ appellatur Merdanzonum, que recuerda la antigua riera Merdança en Barcelona, que corría ante Santa María del Mar. A propósito del río Merder en Vic, en el pasmoso Orígenes históricos de Cataluña, se informa que “la pureza del agua se significó (en catalán) por medio de la palabra merder” y así explica riera Merdança, riuo Merdario, riuo Merdero, riunculo Merdanciano, torrente Merdancio, rinulum Merdançano y otros muchos.
 
También en Livorno disfrutan de un río Merdancio. Y, si nos asomamos al Hérault y la comarca de Montpellier, encontramos repetido el arroyo Merdanson, el Merdoux, el Merdeaux, el Merdols, el Merdantio, el Merdalon y otras variantes. Muchos arroyos y corrientes con nombre parecido han cambiado su denominación original por un eufemismo.
 
Lo cual hace pensar que se trató de un hidrónimo frecuentísimo. Las explicaciones, quitando la de la pureza catalana, suelen ser del estilo de “la calle Merdacho se llamaba sí de cuando no había desagües ni alcantarillas” o bien “c’étaient des ruisseaus collecteurs d’immondices”.
 
Pero ya toca saber que no fue así. El origen del Merdancho y sus incontables primos es la divinidad celta Smertatius, (cfr. smertatius > merdatius > merdancio > merdacio ) de cuyas funciones poco sabemos, pero  una vez establecido su empleo como hidrónimo, habrá que revisar las alegres conclusiones, como la del celtólogo Vendryes, que lo asimilan con el dios Marte.
 
La presencia de un derivado de Smertatius en la hidronomía es un marcador seguro de la  presencia de un asentamiento celta. En el caso de Tudela, el origen celta del nombre de la ciudad está reforzado por el testimonio de Marcial (IV, 55) que enumera Tutela entre los nombres más ásperos de nuestra tierra (nostrae nomina duriora terrae) que “nosotros, nacidos de celtas e íberos, no nos avergonzamos de introducir en nuestros versos”. De la serie de nombres celtas enumerada por Marcial, hay dos de identificación segura, Tutela (Tudela) y Turasia (Tarazona), y otros dos, Cardua y Rixama, que están acreditados en otras fuentes epigráficas. El caso de Tutela tiene de singular que es una palabra de apariencia latina, pero en realidad se trata de una divinidad celta que presidía los manantiales y cursos de agua. 

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Eduardo Gil Bera

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012).

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