Skip to main content
Blogs de autor

De eso ni hablar

Por 28 de julio de 2012 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Eduardo Gil Bera

Alguna vez he hablado con poetas de puntos particulares de su creación, y he encontrado una impaciente pulsión explicadora referida a sus metáforas y alegorías. Y siempre acabo por pensar que aún peor que una obra de arte quiera decir algo, es que el artista lo diga. A los poetas y novelistas explicadores trato de explicarles que una obra ya dice, pero que si además quisiera decir, se trataría en todo caso de algo que no se puede definir ni acotar, sin ocasionar una pérdida estúpida y lamentable, porque ese algo ya no tiene que ver con el autor ni sus intenciones, no le pertenece ni le incumbe, por más sabedor y poseedor de las claves que sea. Lo más valioso de cualquier creación es precisamente su virtualidad de legitimar reverberaciones no escritas, pintadas ni explicadas. La mayor cima creadora es la alegoría que camina no vista, comprendida, ni sospechada por nadie. Por lo demás, todo es alegoría y es vano. Todo nos representa a nosotros y a nuestro destino inane. Estas líneas están sugeridas por el artículo de Patricio Pron, nuestro comentarista con más visión literaria, sobre la hipótesis alegórica. La discrepancia al fijar el sentido habla de una alegoría que no se deja fijar, una alegoría lograda, una que ya no lo es, su recto sentido tiene infinitas paralelas y está en todas ellas.

[ADELANTO EN PDF]

profile avatar

Eduardo Gil Bera

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012).

Obras asociadas
Close Menu