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Palabra de gurú

Por 13 de julio de 2008 Sin comentarios

Xavier Velasco

Ya sabemos que nadie sabe para quién trabaja. Tampoco, por supuesto, para quién escribe. Lejos de las paredes que resguardan lo que pomposamente nombro mis dominios, camino por las calles del barrio de Higienópolis, en el São Paulo frío de medio año, perseguido por unos cuantos aforismos que hace un par de meses traduje de un librito de Carlos Drummond de Andrade: El reverso de las cosas. Era, en efecto, un libro muy pequeño, aunque también muy gordo, que contenía kilos de sabiduría larga y entrañable, destilada a partir de un ingenio arrollador. Lo encontré en el lugar menos pensado -una tienda del aeropuerto Antonio Carlos Jobim- y desde ese momento me aquejó la tentación de tranferir al español algunas entre aquellas perlas indispensables (cientos, por cierto). Lo hice al fin para el suplemento Laberinto, del periódico mexicano Milenio, en cuyas páginas disfruto de cálido asilo.

     Voy tras ellas ahora, de regreso en la MacBook, luego de terminar el artículo semanal para Milenio, donde me temo que escribí sin querer líneas pertenecientes a El Boomerang. Creo que todo el mundo debería leer los aforismos de Drummond, no solamente para entender mejor lo inentendible, sino también para cumplir con el primer deber del lector, que consiste en otorgarse placer, y en lo posible multiplicarlo. Vayan, pues, las palabras del gurú, por el puro placer de reproducirlas:

 

Amar sin desazón es amar sin amor.

La tradición es cultivada por los que no saben renovarla.

Hay confusión entre verso y poesía; entre estado poético y poesía; entre poesía y poesía.

La tauromaquia es menos injusta cuando toro y torero mueren juntos.

El mérito de la derrota consiste en eximir al derrotado de las responsabilidades de la victoria.

Hay muchas razones para dudar y sólo una para creer.

La ignorancia, la codicia y la mala fe también eligen a sus representantes políticos.

Dios está en todas partes, pero tan disfrazado que es como si no estuviera.

Por falta de opinión personal, el político invoca a la opinión pública.

Es función tácita de la ropa preparar el instante de la desnudez.

Dialogar es decir lo que pensamos y soportar lo que los otros piensan.

Placeres de la cama, que no participa de ellos.

En muchos de nosotros hay un artista que se resignó a ser crítico.

Al momento de intercambiar información, los maniáticos sexuales verifican que la originalidad es imposible.

Hay quien siente nostalgia por la crítica literaria, substituida por la crítica universitaria.

El sofisma adquiere validez cuando es contradicho por otro sofisma.

No interpretes al sueño; vívelo u olvídalo.

Es cada vez más difícil venderle el alma al Diablo, por exceso de oferta.

El olvido procura fabricar una red confortable para el insomnio.

La unanimidad se compone de una parte de entusiasmo, una de conveniencia y una de desinformación.

En la escuela literaria no hay discípulos; sólo maestros.

El tratado internacional realmente no obliga a nada, lo cual hace agradable firmarlo.

Al dinero le gusta circular en el área de los que no lo necesitan.

La encuadernación bella sufre con la contingencia de vestir al texto insignificante.

La unión hace la fuerza, que, aplicada, hace la desunión.

En la religión del Estado la penitencia se llama multa, y no existe indulgencia.

Al convertirse en una carta de la baraja, y no en la baraja entera, el rey propicia el advenimiento de la República.

La vida enseña que la moral de las fábulas es inmoral.

El profesor tiene derecho a enseñar cosas equivocadas que mañana serán ciertas.

En la exposición de arte se habla de todo, incluso de arte.

La naturaleza no hace milagros; hace revelaciones.

Todo hombre tiene derecho al desempleo, el hambre, la enfermedad y la muerte.

La enseñanza jamás hace un genio, pero hace especialistas.

Es necesario regar las flores sobre la sepultura de las amistades extintas.

No me contradigas, porque sabes, como yo, que ninguno de los dos tiene razón.

La elegancia verdadera ve en la moda a su principal enemigo.

El grito del orgasmo es espontáneo, pero el orgasmo es elaborado.

Somos correligionarios, esto es, nada tenemos en común a no ser el costal en que nos metemos.

La piscina es una extensión de la tina o una reducción del mar, para fines de estatus.

Vista desde la Luna, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre es irrevocable.

La pobreza tiene sobre la riqueza la ventaja de no estar sujeta a las variaciones de la Bolsa.

La Universidad enriquece el diccionario con palabras que sólo ella conoce.

No es difícil ser amado por dos personas; difícil es amarlas a las dos..

La vanidad es el mayor consuelo para la inaccesibilidad de la gloria.

La caridad sería perfecta si no causara satisfacción en quien la practica.

Madame Bovary protesta: "No soy Flaubert."

Pecar con consciencia atenúa la sordidez del pecado.

Kafkiano es todo aquello que no le ocurrió a Kafka.

Es un deber sacrificarnos por la patria, aunque algunos prefieren que ella se sacrifique por ellos.

Los Mandamientos de la Ley de Dios son diez; los pecados capitales son siete; y las virtudes teologales apenas cuatro para tamaña responsabilidad.

El voto obligatorio extendido al analfabeto anuncia el analfabetismo obligatorio.

Seamos francos: todos abominamos la franqueza.

Dios no siempre está atento a la elección de un Papa.

La fe mueve montañas, substituyéndolas por abismos.

Los animales del zoológico no viven; son vividos por los ojos del visitante.

Los hijos educan pésimamente a los padres.

Hay hombres y mujeres que hacen del matrimonio una oportunidad para el adulterio.

Si el pene contara todo lo que sabe, la moral sería otra.

El optimismo es un cheque en blanco para ser llenado por el pesimista.

El hecho de que el can sea fiel al hombre no significa que aprueba los actos de su dueño.

La libertad de pensamiento exige esta cosa rara: pensamiento.

La voluptuosidad de castigar nos induce a lamentar el buen comportamiento de los otros.

No me juzguen por mis pensamientos secretos, que hasta a mí me asustan.

El cine y la televisión divierten; el teatro emociona.

Pedir la bendición de los viejos les da la ilusión de tener el poder de bendecir.

La lluvia es igualmente responsable por las gripes y los poemas llorones.

El hombre vale por lo que sufrió y olvidó.

La comida acostumbra faltar o sobrar por motivos ajenos al apetito.

Somos humildes en la esperanza de un día ser poderosos.

El cleptómano, llegando al poder, hurta sus propias insignias.

Todos los hombres pequeños, superpuestos, no forman un gran hombre.

Con el boleto de entrada al cine, compramos un harem de mujeres maravillosas, que a la salida nos abandonan.

El hombre vive en la casa del gato, que lo tolera por política.

Mi voluntad es fuerte, pero débil mi disposición a obedecerla.

Al fracasado le asiste el derecho de encontrar que la sociedad es la que fracasó.

La nalga es una forma de belleza que despierta risa, cuando tendría que despertar admiración.

No hay envidiosos; hay admiradores bizcos.

Una civilización que, para sobrevivir, depende del petróleo, no merece ese nombre.

La ingratitud es el impuesto cobrado a la generosidad.

La libertad es defendida con discursos y atacada con ametralladoras.

Los celos, hijos del amor, se vuelven parricidas.

Todo viejo es un joven que se niega a envejecer.

Creer en nuestra propia mentira es el primer paso para el establecimiento de una nueva verdad.

Caín ya no mata a Abel: lo coloniza.

Aprendiendo a leer, desaprendemos la infancia.

Todo el mundo es bueno cuando no usa la cabeza.

Generalmente la imperfección vive satisfecha consigo misma.

Cada quien lee en la Biblia el versículo que le conviene.

El humorismo es la aptitud para despertar en los otros la alegría que no sentimos.

Mentiroso sin imaginación no merece perdón.

Marcel Proust hizo del arte una solución para el asma.

Judas impresionó de modo tal que terminó inspirando a una legión de imitadores.

Las academias coronan con igual celo el talento que la ausencia de él.

Imposible creer en la inmortalidad de las almas mezquinas.

Ignora el banquero que tiene dinero suficiente para cerrar el banco y comenzar una vida nueva.

Así como hay hombres singulares, hay otros plurales.

El camino de la felicidad, que los terroristas intentan abrir, es obstruido por los cuerpos de las víctimas.

El anonimato combina el placer de la villanía con la virtud de la discreción.

La limpieza de conciencia no siempre coincide con la limpieza del cuerpo, que es más exigente.

Vivos no hay; están los que murieron y los que esperan turno.

El purista procura cercenar la lengua cada vez que ella tiene un acceso de vitalidad.

Al contrario del amor, el amor propio no termina nunca.

Hay libros escritos para evitar espacios vacíos en el estante.

Sólo es un luchador el que sabe luchar consigo mismo.

El tiempo consumido en aprender cosas que no interesan nos priva de descubrir las interesantes.

El periodiquito escolar debería ser conservado para escarmiento del futuro escritor.

Todas las mujeres son iguales, pero cada una es diferente de las otras.

El mal se ríe de los malos incompetentes.

La obra de arte es el resultado feliz de una angustia continua.

Falta al vicio del lenguaje el sabor del vicio auténtico.

El mundo sepulta invariablemente a los anunciadores del fin del mundo. 

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Xavier Velasco

Xavier Velasco entiende la novela como un juego inocente llevado por placer hasta sus más atroces consecuencias. Sintomáticamente, dedica las mañanas a meterse en problemas por escrito y las tardes a intentar resolverlos brujuleando entre calles y avenidas de la siempre auspiciosa ciudad de México. Disfruta especialmente de la amistad perruna, el olor de la tinta y el alquiler de scooters en ciudades psicóticas. Obtuvo en 2003 el Premio Alfaguara de Novela por Diablo Guardián y es autor de Cecilia (novela), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos, Alfaguara, 2005), El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha, Alfaguara, 2004) y la novela de infancia Este que ves (Alfaguara, 2007). En su blog literario La leonina faena (www.xaviervelasco.com) afirma: "Nadie puede decir que una novela es suya si antes no se le ha dado por entero".

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