Ficha técnica

Título: La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop | Autor: Tom Wolfe | Traducción: J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez | Editorial: Anagrama | Colección: Otra vuelta de tuerca | Páginas: 280 | Precio: 17,90 euros | Ebook: 13,99 euros

La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop

Tom Wolfe

ANAGRAMA

En este libro, Tom Wolfe examinó provocativamente, sobre el terreno, los recientes monstruos sagrados, las instituciones de la era pop, los representantes de la nueva cultura: los surfistas, los locos de la moto, los Muchachos de la Melena y la estética de lo rancio, Hefner (Playboy), el rey de los reclusos voluntarios, la topless trucada con silicona, el revoltijo mcluhaniano, los «Swinging London», las heathfields y las dollies, los hoteles climatizados, la decadencia del cocktail-party y la aparición de la cena con mono, la nueva etiqueta de la nueva café-society neoyorquina.

Entre los sorprendentes fenómenos sociales que estimulan a Tom Wolfe aparece un tema recurrente: la búsqueda de estatus por parte de las nuevas generaciones o (lo que es el reverso de la medalla) el ocaso de las jerarquías sociales tradicionales. En conexión con este fenómeno se testimonia la aparición de fórmulas artísticas y códigos de conducta absolutamente ajenos al viejo establishment.

INTRODUCCIÓN

Escribí estas historias, salvo dos («El hotel automatizado» y «El nuevo libro de etiqueta de Tom Wolfe»), en un período de diez meses, después de la publicación de mi primer libro:

El coqueteo aerodinámico rocanrol color caramelo de ron. Fue una época extraña para mí, con varios pícaros voltios de euforia. Anduve de un lado a otro del país y luego, de un lado a otro de Inglaterra. ¡Qué gente conocí…! ¡Qué cosas hacían…! Estaba extasiado. Conocí a Carol Doda. Había inflado sus pechos con silicona emulsificada; más tarde se convirtió en pieza clave de la industria turística de San Francisco. Conocí a un grupo de surfistas: la banda de la casa de la bomba. Asistieron a la sublevación de Watts como si se tratase de una partida en la bolera de Rose, en Pasadena. Fueron a ver a los «negros borrachos» y éstos los reprendieron por escandalosos. En Londres conocí a Nicki, una tenaz muchacha de diecisiete años que se apuntó un tanto frente a sus condiscípulas al hacerse con un amante kurdo y con un pie torcido. Conocí a un oficinista de los de nueve libras a la semana, llamado Larry Lynch. Pasaba todos los días la hora del almuerzo, con otros cientos de trabajadores adolescentes, en las profundidades alucinantes y oscuras como boca de lobo del Tiles, un club nocturno de mediodía. Todos en éxtasis por el frug, el rock and roll y Dios sabe qué más, durante una hora… Luego: otra vez al trabajo. En Chicago conocí a Hugh Hefner. Giraba en su lecho, segregando teatralmente mensajes mientras su cabeza flotaba…

Hablemos de Hefner. Me dirigía a California, desde Nueva York, y, accidentalmente, me detuve en Chicago. Iba bajando por la North Michigan Avenue cuando tropecé con un tipo de la organización Playboy, Lee Gottlieb. Algo que dijo me hizo suponer que Hefner estaba fuera de la ciudad.

-¿Fuera de la ciudad? – dijo Gottlieb-. Hef nunca sale de casa.

-¿Nunca?

-Jamás – afirmó Gottlieb, y prosiguió-: Al menos demora meses el hacerlo e, incluso entonces, sólo sale para meterse en una limusina, ir al aeropuerto y volar a Nueva York para participar en un programa de televisión o para inaugurar, en algún sitio, un nuevo club Playboy.

La idea de que Hefner, Playboy Número Uno, fuese un recluso me fascinó. La tarde siguiente fui a las oficinas de Playboy, en East Ohio Street, a ver si podía hablar con él. En la oficina estaban informados de la ubicación física de Hefner en su mansión de la North State Parkway, como si dispusieran de un télex en directo. Me dijeron que estaba en la cama durmiendo y que no despertaría hasta aproximadamente medianoche. Aquella noche yo estaba matando el tiempo en un garito del centro de Chicago cuando apareció un mensajero para decirme que Hefner ya se había levantado y podía verle.

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Tom Wolfe

Tom Wolfe (Richmond, Virginia, 1931) se reveló en los años sesenta como genial reportero y agudísimo cronista. Fue el impulsor y teórico del llamado «Nuevo Periodismo», al que definió como el género literario más vivo de la época. En Anagrama se han publicado los siguientes títulos: La Izquierda Exquisita & Mau-mauando al parachoques, La banda de la casa de la bomba y otras crónicas de la era pop, Los años del desmadre, El Nuevo Periodismo, Lo que hay que tener (Elegidos para la gloria), La palabra pintada, ¿Quién teme al Bauhaus feroz?, Las Décadas Púrpura, Ponche de ácido lisérgico, En nuestro tiempo y las novelas La hoguera de las vanidades, que tuvo un éxito descomunal, y Bloody Miami. 

Obras asociadas