Ficha técnica

Título: Diario de un escritor | Autor: Fiódor Dostoievski | Traductor: Victor Gallego | Editorial: Alba  |  Páginas 640 | Número de colección: 50 |  Encuadernación: Rústica   | ISBN:  97884-90652039 | Precio: 14,90 euros | Fecha: junio 2016 |

Diario de un escritor

Fiódor Dostoievski

ALBA

Con su reputación literaria plenamente afianzada gracias a Crimen y castigo y Los demonios, Fiódor M. Dostoievski volcó en el periodismo, entre 1873 y 1881, su prpdigiosa capacidad de análisis psicológico y su extraordinario talento para la controversia. A raíz de aceptar la dirección de la revista El Ciudadano, comenzó a redactar el que habría de ser su libro más personal, extraño y desconocido. En Diario de un escritor el gran novelista ruso privilegia su compromiso moral con los sucesos más acuciantes de su tiempo, a través de una entreverada mezcla de géneros -autobiografía, ficción, ensayo, crónicas judiciales, necrológicas, estampas de costumbres, breves tratados sobre el carácter nacional-, de la que resulta un experimento de arte integral, un triunfo de la pasión por la libertad humana. En esta selección del inmenso cajón de sastre que es el Diario, impecablemente confeccionada y traducida por Víctor Gallego, se ha prescindido de consideracionesy polémicas hoy trasnochadas. Dos temas obsesivos, profundamente dostoievskianos, recorren sus páginas: los malos tratos a los niños en la familia y las causas de los suicidios. Junto a la ardorosa defensa de la piedad y la justicia, se encuentran también aquí los mejores relatos del autor: «La mansa», «El sueño de un hombre ridículo», «El mujik Marei» y, en especial, «Bobok», que constituye, según Bajtin, «casi un microcosmos de toda su obra».

«Esta obra singular, concebida por el autor como interludio entre novelas o trabajo preparatorio para El adolescente y Los hermanos Karamázov, es imprescindible para conocer y comprender al escritor y a la persona.» Jesús García Gabaldón, El País 

 

INTRODUCCIÓN

El 20 de diciembre me enteré de que todo estaba decidido y de que me había convertido en director de El Ciudadano. Ese acontecimiento extraordinario -al menos para mí (no quiero ofender a nadie)- se produjo de forma bastante sencilla. El 20 de diciembre, a la sazón, estaba leyendo un artículo en Novedades de Moscú sobre el enlace matrimonial del emperador de la China; el artículo en cuestión me causó una profunda impresión. Ese acontecimiento grandioso y, por lo visto, extremadamente complejo se había desarrollado también con sorprendente sencillez: hasta el menor detalle había sido sopesado y analizado hacía mil años en un ceremonial de casi doscientos tomos. Al comparar la grandeza del acontecimiento chino con mi nombramiento como director, sentí una repentina ingratitud por las prácticas de nuestra patria, a pesar de la facilidad con que mi nombramiento había sido confirmado, y me dije que nos sería incomparablemente más ventajoso (me refiero al príncipe Mescherski1 y a mí) editar El Ciudadano en China que aquí. Allí está todo tan claro… El día señalado ambos nos habríamos presentado en la Dirección General para Asuntos de la Prensa del país. Después de golpear el suelo con la frente y de lamerlo con la lengua, nos habríamos incorporado con el índice levantado y la cabeza inclinada en señal de respeto. Naturalmente, el director general de asuntos de prensa habría fingido no prestarnos más atención que a una mosca que pasa volando. Pero el tercer ayudante del tercer secretario se habría puesto en pie y, con la notificación de mi nombramiento de director en la mano, habría pronunciado con voz imponente y a la vez amistosa las instrucciones previstas en el ceremonial, tan claras y comprensibles que para ambos sería un inmenso placer escucharlas. De haber estado en China y haber sido tan estúpido y noble de corazón para reconocer, al asumir el cargo de director, mi falta de capacidad y sentir miedo y remordimientos de conciencia, en seguida me habrían demostrado que era doblemente estúpido por albergar tales sentimientos y que, a partir de ese momento, no necesitaba la inteligencia para nada, suponiendo que la tuviera: al contrario, sería mucho mejor que careciera de ella. Y, sin duda, habría sido muy agradable escuchar tales razones, que habrían concluido con estas bellas palabras: «Vete, director. A partir de ahora puedes comer tu arroz y beber tu té con renovada tranquilidad de conciencia». El tercer ayudante del tercer secretario me habría entregado un hermoso diploma impreso en letras de oro sobre raso carmesí. El príncipe Mescherski le habría deslizado una generosa propina y ambos habríamos regresado a casa y habríamos editado, sin pérdida de tiempo, un número magnífico de El Ciudadano, un número como jamás publicaremos aquí. En China habríamos editado una publicación excelente.

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Fiódor Dostoievski

Fiódor Dostoievski (Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881). Autor de novelas, ensayos, relatos cortos, artículos y otros textos, retrató como nadie la sociedad rusa del siglo xix. Figura clave de la literatura universal, es uno de los autores más significativos de la conocida como edad de oro de la literatura rusa, con obras tan reconocidas como Crimen y castigo, El idiota, El eterno marido o Los hermanos Karamázov, entre otras muchas.  

Obras asociadas