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Voto por las Olimpiadas de la mentira

Por 8 de agosto de 2008 Sin comentarios

Marcelo Figueras

¿Son ustedes de los que se vuelven locos con las Olimpiadas? Siendo pésimo espectador de deportes en general, admito que no me mueven un pelo. Supongo que la ceremonia de inauguración será espectacular y que me cruzaré todo el tiempo con tal o cual competencia, dependiendo del grado de triunfalismo que nuestros deportistas nos permitan. Sólo disfruto estas competencias en términos estéticos y, si se quiere, naturales: el cuerpo humano en acción puede ser una cosa muy bella -siempre y cuando no haya víctimas que lamentar.

Las Olimpiadas sólo cruzaron por mi mente por cuestiones políticas. Hace pocos meses, en camino hacia el centro de salud donde nos aguardaba una ecografía, mi mujer y yo nos topamos aquí en Buenos Aires con una manifestación por los derechos del Tíbet. Habiendo vivido en un país donde el pensamiento y por ende la libre expresión estaban censurados, no me cuesta nada sentir empatía con los disidentes. Esa es, quizás, la gran razón por la que no podría gozar abiertamente con estas Olimpiadas, aunque fuese fan de los deportes. La participación de tantas naciones a pesar de las violaciones del régimen a los derechos humanos me trae recuerdos del Mundial 78. La belleza del deporte no me resulta razón suficiente para soslayar dramas flagrantes.

Lo que entró en el terreno del humor fue la intervención de George W. Bush, que obviamente cuenta con mucho tiempo libre en sus manos. Visitar China durante las Olimpiadas, reunirse con el presidente Hu Jintao y criticar al régimen durante una breve excursión a Tailandia constituye un récord en materia de hipocresía para un mandatario que ya viene de batir muchas marcas en ese terreno. Si el hombre es tan religioso como dicen, ¿cómo es posible que no haya oído nunca del pasaje evangélico donde Jesús dice: ‘El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra’? ¿O es que Bush cree que el mundo considera que la administración que invadió Irak y creó Guantánamo es un faro mundial en materia de derechos humanos?

Si existiesen Olimpiadas de la mentira, el nefasto George W. se habría garantizado ya una medalla de oro.

En qué manos estamos, Dios mío.

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Marcelo Figueras

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.   Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.   Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.   Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.   Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.  Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País. Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

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