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¿Sobredosis de TV?

Por 16 de noviembre de 2007 Sin comentarios

Marcelo Figueras

Es hora de hacerme cargo del desafío que presenté hace algunos días. ¿Se imaginan un mundo sin televisión? He ahí una tarea digna de los titanes de la ciencia ficción. (Ah, dónde estás Vonnegut cuando tanto se te necesita…)

El peso del aparatito sobre nuestra vida cotidiana es enorme. No debe existir paisaje mental en este mundo que no esté de una u otra manera condicionado por su horizonte. Influjo que, por lo demás, sólo parece destinado a aumentar: cada vez es más fácil acceder a sus contenidos vía ordenador o tecnología telefónica, lo cual multiplica sus bocas de expendio y por ende su ubicuidad.

He ahí una de sus características definitorias. Su endemoniada habilidad para colarse allí donde estemos. En el living, la cocina y en el dormitorio. Y ahora también en la oficina, en los medios de transporte público -¡en nuestro bolsillo!

Televisión desde del móvil

A veces pienso que allí está la clave de su poder. Se me ocurre que la cuestión de sus contenidos, si bien importante, es en algún sentido secundaria. Lo que habría considerar son los resultados de su presencia. Empezó como novedad científica, como compañía en el seno del hogar, como medio de información. Se vendía a sí misma como el coro griego de la vida contemporánea, una comentarista de nuestros dramas y comedias cotidianos. Pero poco a poco fue aumentando su influencia. El coro griego se convirtió en co-protagonista, y en muchos casos en protagonista excluyente. Empezó a convertirse en la única voz que sonaba en la casa. En el oráculo que nos decía qué vestir, qué comer, qué comprar, cómo votar -y también de qué hablar: ¿qué sería de nosotros si la televisión no nos proveyese de material para las conversaciones?

Hasta no hace tantos años existía gente que pretendía apartar a sus niños del influjo de la TV. Cualquier padre que haga eso hoy corre el riesgo de alienar a su niño por completo del contacto social. Sin el common ground de la televisión, el niño no entendería el lenguaje de sus pares, ni sus juegos, ni sus gustos, ni sus valores: a esos efectos, daría igual que hubiese llegado recién de Marte.
Por supuesto que si la pantalla quedase a oscuras sería de los primeros en lamentarlo. Sin televisión no habría Lost, ni E.R., ni Prime Suspect. Sin televisión no habría Sopranos, ni House, ni Veronica Mars. Sin televisión no habría Yo, Claudio, Los vengadores ni Friends. Mi vida sería mucho más pobre, por cierto. La televisión es una increíble máquina de narrar y yo, aunque más no sea por defecto profesional, soy presa ideal para cualquier historia bien contada. (Lo cual incluye las historias que me cuentan los noticieros.) Lo que me cuestiono, en todo caso, es si esta máquina de contar historias no está vampirizando energía que necesitaríamos para vivir nuestra propia historia como se debe. Esto es, para hacer historia.

Por lo pronto, un mundo sin televisión tendría dos consecuencias más o menos inmediatas: más violencia y más bebés. No me animaría a decir que sería un mundo mejor, pero es indiscutible que resultaría más interesante.

¿Cómo lo ven?

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Marcelo Figueras

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.   Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.   Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.   Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.   Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.  Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País. Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

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