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Blogs de autor

Que se doble, pero que no se rompa

Por 29 de mayo de 2007 Sin comentarios

Marcelo Figueras

He aquí otra cuestión que me quedó rondando después de la visión de The Night Listener. Cuando lee la autobiografía del inexistente Pete, Gabriel Noone se detiene en un pasaje que refiere a la biografía de Charles Dickens. A los doce años Dickens fue enviado por sus padres a trabajar en una fábrica de betún, hecho que, según “Pete” escribe y Noone acepta, le partió el alma y al mismo tiempo generó al narrador. La pregunta que me quedó dando vueltas es simple: ¿hace falta estar roto para ser buen escritor?

Si optamos por la ruta de la comprobación fáctica, responderemos por la afirmativa. Basta con mencionar nombres de grandes escritores y revisar sus biografías: la mayor parte de ellos han sufrido experiencias tremendas. Cervantes. Shakespeare. Kafka. Borges. Arlt. Stevenson. Hemingway. Hammett. Conrad. (Agreguen los nombres que les vengan a la mente.) Pero el recurso es engañoso: con el mismo criterio, podríamos preguntarnos si existe en verdad mucha gente que no haya sufrido hasta el desgarro. No pretenderé que el niño que fabrica betún y Paris Hilton comparten el mismo dolor, pero tampoco soslayaré el hecho de que los seres humanos tenemos una tendencia innata al sufrimiento, más allá de nuestras circunstancias; los ricos en quienes depositamos tantas fantasías de dolce vita conocen la angustia, la inseguridad y el temor tan bien como nosotros. Así somos. La conciencia de la muerte nos permite a todos saber que, aunque más no sea en el tramo final, nadie escapa al género de la tragedia.

Lo que hay que buscar, entonces, son nombres de grandes escritores que a pesar de haberlas pasado mal en uno u otro momento -como casi todos, a fin de cuentas-, han vivido lo que puede ser definido como una vida plena. Un García Márquez, por ejemplo. Un Cortázar. Un Murakami. (Aquí también se pueden agregar nombres.) Recuerdo haber leído alguna vez –no pregunten dónde, ni de boca de quién- el caso de dos escritores que habían concebido relatos sobre naufragios. Uno, que había sido víctima de un naufragio en la vida real, había escrito un relato mediocre. El otro, que jamás padeció experiencia semejante, había escrito una narración sublime. Lo que define a un gran escritor es en esencia su capacidad proléptica, el talento para imaginar lo que nunca vivió como si estuviese experimentándolo en carne propia. Lo que la anécdota no decía pero yo presumo, es que el escritor que no había padecido naufragios debe haber sufrido aunque más no sea una experiencia parangonable, tal vez en términos de privaciones físicas pero ante todo de privaciones afectivas. En último término, un naufragio no deja de ser una expresión violenta de aislamiento, un tema sobre el que tantísima gente sabe mucho aun cuando nunca en su vida se haya subido a un barco.

No hace falta romperse para ser buen escritor. Lo cual es un alivio, porque me gustaría llegar a serlo algún día sin necesidad de quebrarme en el proceso. Pero tengo claro que la experiencia de vida otorga profundidad, empatía, perspectiva. Lo mejor es vivir intensamente, que la buena escritura se produce por añadidura.

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Marcelo Figueras

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cinco novelas: El muchacho peronista, El espía del tiempo, Kamchatka, La batalla del calentamiento y Aquarium. Sus libros están siendo traducidos al inglés, alemán, francés, italiano, holandés, polaco y ruso.   Es también autor de un libro infantil, Gus Weller rompe el molde, y de una colección de textos de los primeros tiempos de este blog: El año que vivimos en peligro.   Escribió con Marcelo Piñeyro el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana, considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. Suyo es también el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; de Rosario Tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana) y de Las Viudas de los Jueves, basada en la premiada novela de Claudia Piñeiro, nuevamente en colaboración con Marcelo Piñeyro.   Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.   Actualmente prepara una novela por entregas para internet: El rey de los espinos.  Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País. Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

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