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La ideología del ritmo

Por 18 de abril de 2015 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

Michelle ha iniciado su retirada de la Casa Blanca bailando, dispuesta a demostrar que en ritmo difícilmente alguien supera a los Obama. Del funky al soul, o al rap, de la entrega de aquel Oscar a la mejor película a Argo -protesta de Irán incluida- a su amistad con el diablo vestido de Prada, Anna Wintour, han ejercido de demócratas tan concienciados como mundanos. Ni los Happy birthday Mr. President de Kennedy, los vals de Ronald y Nancy, el saxo de Clinton o Bush jr. bailando la Macarena pueden compararse con las glorias del Apollo Theatre que viajaron de Harlem a la Casa Blanca. El acta de libertad que Michelle firmará dentro de pocos meses no podría ser más gráfica: “¿Qué es lo primero que hará al abandonar la Casa blanca?”, le preguntó la show woman más cómplice del matrimonio, Ellen DeGeneres. “Abrir la ventanilla del coche”, respondió la aún primera dama, y añadió casi con dolor que añoraba sentir la brisa en el rostro, aventándose con la mano como hacen algunas mujeres víctimas de sofocos, no necesariamente hormonales.
Hija de un operador de bombas del Departamento Hidráulico de Chicago aquejado de esclerosis múltiple, salió de los ladrillos rojos de su South Side con un cum laude de Princeton (que luego completó con otro título de Harvard). Fue moldeando sus hombros, basculando sus caderas y demostrando que aunque supiera fruncir el ceño era mucho más que una angry black woman. A pesar de su brillante formación, durante sus años en la Casa Blanca nunca ha ejercido de abogada de los ricos -ni de los pobres-, a diferencia de Hillary Clinton, que, con sus collares de fantasía, ha pasado de first lady a lady first. Michelle, en cambio, prefiere las perlas y juega con la ventaja de su piel de ébano, pues las perlas en señoras blanquísimas y rubias producen una gran desconfianza. Michelle ha reinado con más esplendor que Barack Obama, y su popularidad no ha mermado, humanizando más de una vez al presidente de EE.UU., pero también solemnizándolo.
Obama, probablemente el presidente global más deseado de todos los tiempos, va a pasar a la historia de acuerdo con aquella vieja fórmula de los críticos perezosos: “Mejor planteado que resuelto”. De ningún modo ha sido un bluf, pero es cierto que su política no ha sido capaz de cumplir las homéricas expectativas que el “Yes, we can” engendró. Aquel premio Nobel tan coyuntural más bien lo inhibió, visto que en política exterior su liderazgo ha sido demasiado discreto. Sus mandatos se han caracterizado por gestos justos, oportunos, incluso valientes. Pero gestos al fin y al cabo. Como Cuba: cerrar simbólica y definitivamente la guerra fría 26 años después de la caída del muro va a ser su mediática despedida. El gran Eduardo Galeano aseguraba que nunca había confundido a Cuba con el paraíso, “¿por qué iba a confundirla, pues, con el infierno? Yo soy uno más entre los que creemos que se puede quererla sin mentir ni callar”.
Michelle y Barack, ungidos por el son y el filin, en su recta final, están dispuestos a demostrar que el ritmo también es una ideología.
La máquina trendy / Kendall Jenner

En Coachella la música es lo de menos. La pasarela, digamos alternativa, ha ido subiendo el caché para epatar vía Instagram con sus outfits festivaleros, a lo Kendall Jenner y sus looks de 4.000 dólares. Se trata de exhibir actitudes provocadoras, como en su día se hizo en Woodstock o Canet, aunque tan intrascendentes como estrenar tatuaje acompañado por tu guardaespaldas (Brooklyn Beckham), besuconas como el inesperado lengüetazo a un rapero de moda sobre el escenario (Madonna a Drake), o poco ejemplares: Rihanna esnifando cocaína a la vista de todos en el backstage. Paradójico lugar de encuentro de la música alternativa, gigantes de la moda del tamaño de H&M o ASOS y la simple y llana memez.
Cañas y barro / Rodrigo Rato
Con la nuca doblada, “protegida” es el eufemismo, hemos visto al que sacaba pecho cimbreado por el halo de la droite divine y se fundió con la burbuja inmobiliaria; el que participó del hundimiento de la caja de ahorros más antigua de España y toleró los millones de euros expoliados con tarjetas black en alcohol, huevos estrellados de Lucio y spas urbanos. El que representó la pura esfinge de la derecha “civilizada”, ahora auto-humillado por el entramado que presuntamente levantó. Es el cierre de la barra libre para los que convirtieron la ley en trampa. Hace poco, volviendo de Suiza -¿de dónde, si no?-, unos pasajeros le montaron un escrache celeste, olfateando el abismo. La paciencia, en el aire, se impacienta.
Discreta elegancia / Ignacio Vidal-Folch

Si hubiera habido mención a la elegancia en el primer Congreso de Periodismo Cultural de Santander, esta hubiera correspondido a Ignacio Vidal Folch, el mismo que cuestionó sobre la función decorativa -que no estética- de la cultura en los medios. El que fue corresponsal del frío centro y este europeos combinaba el jersey de pico azul Klein con corbata asomada y bota marrón de media caña. Acabo de leer su última novela: Pronto seremos felices (Destino), una fascinante colección de personajes y escenarios, de reencuentros e identidades y de una clave femenina que maneja con maestría y antidepresivos: “Cada día, una pildorita de escitalopram, que me va muy bien, me da tranquilidad…”. Todo vale como antídoto contra el mal de amores.
(La Vanguardia)

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Joana Bonet

Joana Bonet es periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena SER y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan Hombres, material sensible, Las metrosesenta, Generación paréntesis, Fabulosas y rebeldes y la biografía Chacón. La mujer que pudo gobernar. Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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