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I Congreso de periodismo cultural

Por 21 de abril de 2015 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

Santander.
Los outsiders siempre tendemos a justificar nuestra presencia para no sentirnos además de outsiders, impostores. Y más si nos persigue un pasado mundano.  Recuerdo que en una ocasión llamé a la Chispa, la viuda de Camarón, porque hacíamos una historia larga con motivo de un aniversario ?las efemérides, un recurso tan lustroso que a menudo nos sirve de percha para soltar mitos y demonios?, y ella me dijo: “ay, cómo me acuerdo cada día de ustedes?”. Yo estaba perpleja porque apenas nos conocíamos, y ella añadió: ?no sabes lo de medias Marie Claire que vendo al día en mi mercería”. Era tal su emoción que me costó deshacer el malentendido. Del mismo modo una se acostumbra a que el equívoco forme parte de ti? en aquel momento hubiera querido vender medias.
Hace pocos días, el director de la Fundación Santillana, Basilio Baltasar me confesó que años atrás, cuando leyó mi nombre propuesto por Vicente Verdú para venir a comentar su obra aquí, a Santander, dio un saltó de la silla: ?¡una directora de revista de moda!?, exclamó para sus adentros y sus afueras, herejía; y el bueno de Verdú tuvo que darle explicaciones. Desde entonces, me invita a todo lo que organiza. Por supuesto, no voy a ahondar en pedanterías tales como que la moda es una expresión cultural de las sociedades; o que Cocteau le escribía poesía costurera a Coco Chanel y ésta,  gracias a las ganancias del Nº 5, le pagaba sus rehabilitaciones; ni tan siquiera que la vuelta al mundo a través de sus peluquerías resulta una narración diáfana de sus habitantes, siempre que se haya sabido contar, no solo con datos sino con experiencias.
La palabra “periodismo” invoca, en cualquier de sus adjetivaciones, una conversación. Interpreta el mundo en que vivimos, decía ayer Borja Casani; ?la cultura tiene un poder transformador?, afirmó Pepe Ribas. Dichoso del artículo o la entrevista, de la foto, el video, el post o la crónica que consigue moverte una idea, proporcionarte una dentellada de hallazgo.
Ayer asistimos a la disección del periodismo cultural como un todo, y como parte del todo, también del periodista cultural. Hay periodistas culturales infiltrados en la sección de deportes o en la crónica parlamentaria,  en los dominicales, en la crítica taurina… individuos con cultura, conocimiento, y talento en la escritura,  cuyas sus narraciones se convierten en crónicas de nuestro tiempo. Creo, como mantenía ayer Eva Díez, que el periodismo cultural tiene que ser transversal, más que periférico, no permanecer en un compartimento estanco ?lejos de tratar la cultura como un nicho?. Debe de ser creativo, buscar formatos diferentes, repetir los clásicos y producir ideas.
¿Tiene buena foto el periodismo cultural? ¿Por qué cuesta tanto ilustrar la portada de un suplemento literario? Recursos: retrato autor, ilustración abstracta, fotitos? ¿No es la imagen un estímulo narrativo que no solo acompaña sino que tiene que dialogar con el texto? Hay que entender como periodismo cultural los ensayos fotográficos, pero también el arte hecho con iPhone? ¿Por qué no han invitado aquí a periodistas culturales gráficos?, ¿acaso no los hay? Y, ¿por qué la prensa española no publica ensayos fotográficos?
Para los jóvenes estudiantes que ayer pedían consejos: un breve resumen de lo sostenía Paul Johnson: el buen articulista debe de llevar una biblioteca en la cabeza ?la mejor referencia literaria es la que insta al lector a comprar el libro de inmediato?,debe  conocer mundo, viajar, morder testimonios sin utilizar a taxistas y camareros, tener instinto para las noticias, y producir ideas, abstenerse de promover causas personales y amiguismos, tampoco ser adulador, confiado o extremadamente bonachón. Todo ello es aplicable al llamado periodismo de tendencias, que pretende capturar el aire de los tiempos, contar qué está pasando en la sociedad, detectar su pulso.
Los magazines y las revistas de los 60 y 70 influyeron en grandes periodistas como Mailer o Didion: Esquire, Rolling Stone, más tarde Interview? Se cuestionaba la noción de objetividad, convertida en mito y dogma, y se exigía inspiración literaria, investigación y tendencia. El llamado periodismo cultural, más allá de la especialización, se ha extendido por las secciones de internacional, sociedad o deportes. Culturas reza el suplemento de mi periódico, que dirige mi querido Sergio Vila Sanjuan. En plural, decidido a no excluir la fenomenología, que en lugar de ser transcendente como la de Husserl es cotidiana.  Pasear y observar?la observación de los fenómenos que despuntan en la sociedad, a la manera de Gaston Bachelard, poniendo en juego la intuición intelectual.
En este sentido, en mi opinión, debemos plantearnos el periodismo cultural, desde el punto de vista de (perfecta) ?perspectiva de una relación?, como decía Bachelard: topografiar las nacientes relaciones del hombre con el mundo cambiante que habitamos. Y así, nos permite cuestionarnos por el relativo fracaso del libro digital en una sociedad absolutamente pantallizada, por qué Beyoncé y Rihanna abanderan el nuevo feminismo, o por qué se ha acumulado tanta literatura del duelo de los hijos de los hijos de la gauche divine. Y esa inmediatez y ese cambio continúo nos apelan a poner entre paréntesis lo accidental, lo fáctico y lo contingente, para enfocar el espejo en la realidad de esas tendencias sociales nacientes. No las tendencias en sí, sino a las fuerzas que las crean y las transforman permanentemente.
Existe menos tradición en la práctica de la poética de lo cotidiano, que atrapa todo aquello que tiene que ver con la flecha del tiempo, la forja de nuevas rutinas y la influencia del cambio en los gestos corrientes. El tan traído y llevado zeitgeist a fin de captar el verdadero pulso de la sociedad, su latido subterráneo. Qué buena cita   de Josep Mª Esquirol que trajo Borja Casani: ?no hay profundidad, la profundidad está en las grietas de la superficie?puedes encontrar profundidad de la forma más extraña?.
Hay una imagen que hoy me persigue: los fantasmas de Thomas Mann y Luchino Visconti deambulando por el recién clausurado Grand Hôtel des Bains en el Lido. Las arañas de cristal ciegas, el esplendor que antaño simbolizó la más gloriosa decadencia consumido por las goteras y las termitas. El mítico hotel cerró hace unos veranos, en silencio, como se hacen estas cosas. Un complejo de apartamentos de lujo se levantará sobre el porche donde la alta cultura se vio desvanecerse la tarde veneciana. El fin de una época y el inicio de otra lleno de tantos alicientes y conflictos. Hoy el periodismo debe empaparse de la frescura para desarrollar contenidos visuales atractivos y que sean exportables. Nuevas narrativas, viralidad, aplicaciones con hambre de contenido además de información.
A mí, más que de periodismo cultural, me gustaría hablar de periodismo de calidad. Damos por hecho el rigor, la buena escritura, la mirada atenta, sin forjar tópicos ni acusar pereza ante los prejuicios. La subjetividad del periodista cultural es su valor diferencial: desde que posición moral, desde que  visión del mundo afronta el ejercicio de descubrir, contar, reconstruir una obra de Lepage o una novela de Salter? sobre todo si a través de ellas entendemos algo nuevo acerca del desamor y la adicción, como en “Agujas y opio” de Lepage, o de lo cambiantes que somos los individuos y la laxitud que nos invade cuando nos hacemos viejos, tal y como ilustra la obra de Salter. La cultura es sobre todo una fuente de conocimiento sobre el misterio de la condición humana.
En este congreso, de entrada, parece obvio que existe una tendencia alcohólica, porque ni el pesimismo ni la euforia se podrían entender si la botella ?medio llena o media vacía? no es de alcohol. Ha sido una trampa, la del lugar común, la que nos ha tendido, deseosos de ver cómo la manejábamos en las mesas el tópico del pesimismo y del optimismo. . Se sucedió el ingenio. unos vieron dos botellas, otros  descorcharon la segunda. Yo no veo ni botella, ni petaca ni porrón, sino que solo espero que la cultura, las culturas, me sigan llenando la copa.

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Joana Bonet

Joana Bonet es periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena SER y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan Hombres, material sensible, Las metrosesenta, Generación paréntesis, Fabulosas y rebeldes y la biografía Chacón. La mujer que pudo gobernar. Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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