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El relevo

Por 8 de julio de 2014 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

Mi padre hurgó en mi bolso, creo que en busca de unas monedas para comprar tabaco, y encontró un librillo de papel de fumar, Smoking rojo. Ya habría cumplido los dieciocho y aprobado el COU con matrícula, por lo que creía que aquel logro me eximía de cerrar unos cuantos bares con el melancólico Walk on the wild side, si es que alguna canción puede ser melancólica a los dieciocho años. No supe cuánto le había sorprendido su hallazgo por él, sino gracias a esa incontinencia maternal que siempre se anticipaba para tender puentes a riesgo de no saber guardar secretos. El silencio de mi padre me heló más que mil discursos. No mencionar aquella molesta revelación ?porque entonces los jóvenes no fumaban tabaco de liar, sino Fortuna?, hacer la vista gorda, me hizo sentir lo que en verdad era: la única responsable de lo que llevaba en mi bolso. ?Ya es mayor?, escuché que decían en la sobremesa ante el mantra materno de ?habla con ella?. Nunca conversamos sobre ello, ni hacia el final de su vida, cuando hablamos de tantas cosas.
Los que pertenecemos a la generación del rey Felipe VI -nacidos entre en la década de los años sesenta y los setenta- y que conocimos un mundo mucho más próspero que el de nuestros padres pero también más que el que se han topado nuestros hijos, nos acostumbramos a dibujar una línea imaginaria en casa que distinguía el amor de la confianza. Queríamos a nuestros padres, sí, pero ni los besábamos tanto como hacemos hoy con nuestros hijos, ni ellos nos dedicaban largas y profundas conversaciones como ahora se impone en el imaginario de la paternidad ejemplar. Ignoro por qué, a pesar de la glorificación de la familia, hace apenas cuarenta años el cariño entre sus miembros era esquivo y las distancias marcadamente jerárquicas, inviolables y tediosas, independientemente del grado de tolerancia.
Ignoro si a los veinte años, Don Juan Carlos de Borbón le registró alguna noche la cartera a su hijo. Ni qué control ejercía sobre él, y si lo hacía, hasta cuándo. Corren leyendas de algunas de sus juergas en el internado, pero siempre se mostró comedido, con novias y rupturas como cualquiera a su edad. Hasta el día en que su padre, como les ocurre a casi todos, observó que su hijo echaba canas, sonreía con un encanto del que él ya se sentía huérfano, y tenía ?el plato lleno de ocupaciones alegrías ? ?como dijo el entonces príncipe a los periodistas cuando nació su hija Leonor, eligiendo una metáfora insólita-.
Había que dar paso a la generación capaz de dominar unos tiempos en permanente cambio y llamada a ejercer otro tipo de liderazgo, un distinto manejo del poder, los privilegios y prebendas. La mayor parte de directivos de las empresas más importantes de España están presididas por hombres (solo una mujer, Esther Alcocer) de edad parecida a la de Felipe VI. No son nativos digitales, comieron algún Tigretón, vieron a Curro Jiménez en la tele, hicieron la transición de la Olivetti al Mac y pasaron de ir a la discoteca a cenar sushi en casa convertidos en DJ´s. De sus madres valoraron su sacrificio, y defendieron sus causas olvidadas, que han intentado aplicar en sus casas.
Felipe VI dejó bien claro en su proclamación que es un rey con familia. Un padre que acostará a sus hijas por la noche. Un hijo capaz de hacer emocionar a su madre. Un marido que se deja acariciar por su mujer, protectora: ?la reina de clase media? que ha vivido más que él, tan acolchado entre algodones y pistas de esquí. Fotogénicos, pletóricos, exhibiendo sus afectos en la principal campaña de publicidad global, Felipe VI y su familia estrenaron reinado con una puesta escena de bajo perfil, contenida pero besucona.

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Joana Bonet

Periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena Ser y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan "Hombres, material sensible", "Las metrosesenta", "Generación paréntesis" y "Fabulosas y rebeldes". Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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