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Amor y aeropuertos

Por 19 de junio de 2019 diciembre 23rd, 2020 Sin comentarios

Joana Bonet

Íbamos a emprender nuestro primer viaje juntos, un fin de semana en los acantilados de Andratx, para celebrar todas las pequeñas ca­sualidades y bendiciones con las que habíamos confeccionado el traje de un amor recién estrenado. Eran días en que él me sorprendía con flores, compraba chocolate negro y me traía el primer café a la cama. Un auténtico gentleman, según mis amigas.
Aquel viaje sería un auténtico festín de besos y nados, me decía a mí misma. Hasta que sacó el horario del bolsillo y propuso lo siguiente: “Tendríamos que estar a las 6 en el aeropuerto”. “Hombre, con que salgamos a las 7.30 es suficiente… el avión es a las 9”. Vi cómo mudaba de color. Sus labios parecían más gruesos, los ojos empequeñecidos. Movía la cabeza de un lado a otro, negando. Uno de los dos se habría equivocado, pensé, enseguida daríamos con el malentendido.
Pero el malentendido era yo misma. ¿Por qué llegas estresada, corriendo y sintiendo ese sudor frío de pensar que pierdes el vuelo? A él le gustaba contar con horas de ventaja: “Te tomas un cafecito, haces un par de llamadas, lees el periódico…”. Le respondí que me parecía una ridícula manera de perder el tiempo, y ese fue nuestro primer desacuerdo. Lo espantamos como a un moscardón, aunque a lo largo de los años daría paso a grandes broncas y reproches, hasta aquella primera y dolorosa ocasión en que le oí decir: “Somos la noche y el día”.
Más de una vez me he preguntado si no estaré enganchada a la adrenalina de la gesta, a ponérmelo difícil para superarme. ¿O no es esa otra manera de expresar el estrés del viaje? “No es que la gente que llega tarde no encuentre la experiencia del aeropuerto tan estresante como quienes llegan dos horas antes del embarque; la diferencia está en que sus mecanismos para afrontar los episodios negativos de la vida son radicalmente diferentes”, razona el profesor Gerkin, de la Universidad de Carolina del Norte, que ha estudiado estos dos modelos antagónicos de pasajero. Los puntuales tienden a ser impacientes y ambiciosos, mientras los tardones suelen ser más relajados y menos neuróticos. Pero quienes procrastinamos, ¿acaso no buscamos una absurda satisfacción aventurera, convencidos de que las horas que pasamos en dichos no-lugares nos envilecen?
Han pasado los años, y entre mi amor y yo han variado algunas costumbres. Hallamos una solución de consenso: salir por separado de casa. Él tres horas antes, yo bien apurada, pero controlando el reloj. Y cuando nos encontramos en la puerta de embarque, el ordenador libre de toda sospecha, los periódicos bajo el brazo, nos miramos por un instante de manera furtiva, como si siguiéramos siendo aquellos enamorados que iban a nadar a Andratx.
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Joana Bonet

Joana Bonet es periodista y filóloga, escribe en prensa desde los 18 años sobre literatura, moda, tendencias sociales, feminismo, política y paradojas contemporáneas. Especializada en la creación de nuevas cabeceras y formatos editoriales, ha impulsado a lo largo de su carrera diversos proyectos editoriales. En 2016, crea el suplemento mensual Fashion&Arts Magazine (La Vanguardia y Prensa Ibérica), que también dirige. Dos años antes diseñó el lanzamiento de la revista Icon para El País. Entre 1996 y 2012 dirigió la revista Marie Claire, y antes, en 1992, creó y dirigió la revista Woman (Grupo Z), que refrescó y actualizó el género de las revistas femeninas. Durante este tiempo ha colaborado también con medios escritos, radiofónicos y televisivos (de El País o Vogue París a Hoy por Hoy de la cadena SER y Julia en la onda de Onda Cero a El Club de TV3 o Humanos y Divinos de TVE) y publicado diversos ensayos, entre los que destacan Hombres, material sensible, Las metrosesenta, Generación paréntesis, Fabulosas y rebeldes y la biografía Chacón. La mujer que pudo gobernar. Desde 2006 ejerce de columnista de opinión en La Vanguardia.

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