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un raro español, antonio muñoz molina

Por 26 de junio de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Javier Rioyo

 

 

 

Hace muchos años me encontré en Madrid con un joven serio. Acababa de publicar "Beatus ille", una sorpresa en la narrativa de los años ochenta. Llegaron escritores de mi generación y se pusieron a contar historias. Recontar el pasado, rescribir el presente. Llamazares, Millás, Ferrero, Rosa Montero o Gándara con Muñoz Molina y otros renovaron nuestra literatura. O al menos fueron puente para otras formas y otros fondos. Fuera estaba creciendo la "movida" pero ellos tuvieron la sinceridad de mirar hacia dentro, hacia atrás y hacia los lados. Lo que no quiere decir que no estuvieran dotados, unos más que otros de un muy singular sentido del humor. También del hartazgo o del desencanto. Como os guste llamarlo.

Hablaré de los tres escritores- maestros dice la cita- otro día. Hoy quería empezar diciendo algo del último en intervenir, de Antonio Muñoz Molina.

Desde su primera novela, incluso desde sus primeros escritos en los periódicos que después fueron sus primeros libros, sorprendía, su mirada moral. Su capacidad para reflexionar sobre "éste país de todos los demonios". No ha dejado de preocuparse de Sefarat, sus vicios, sus sueltas virtudes, sus heterodoxias y sus insoportables maneras de afirmar, de vez en cuando, lo peor de nosotros mismos.

Entre las muchas cosas que señaló, en su reflexión de español que vive voluntariamente desterrado en la capital del mundo la mitad del año, dos me sorprendieron y me hicieron reflexionar. No tengo tiempo, ni quizá ganas de hacerlo ahora, pero lo dejo señalado para invitación del que quiera hacerlo. La primera es que no fuimos demócratas, al menos que la mayoría no lo éramos y por varias razones. No sabíamos. E incluso no queríamos. Es cierto que algunos estábamos más preparados para que esto fuera un republica de izquierdas- ¿cómo sería eso?- que una democracia occidental. De esa carencia éstos lodos. ¿Queremos y sabemos ser demócratas?

Y la segunda cuestión, que mucho tiene que ver con la anterior. Llegará un día que no nos parecerá raro que alguien entre nosotros se levante, por ejemplo de un desayuno placentero de un domingo, y:"diga perdonarme, pero tengo que ir a misa". Y no pensemos todos, quiero decir los nuestros, nuestras afinidades electivas, lo que hemos elegido cómo amigos, ¡qué tipo tan raro! Soportaríamos amistades que fueran creyentes de esas misas que nos parecen tan incomprensibles a nosotros los cultos y demócratas. ¿Tiene que llegar nuestra formación democrática hasta el extremo de tener que admitir esos fanatismos religiosos? Las creencias y las misas, ¿también debemos admitirlas como las admitimos en nuestras madres, aunque no las compartamos?

Otro día sigo con Muñoz Molina y sus reflexiones. Incluso con algunos de sus educados y vehementes cabreos sobre el cómo somos y dónde vamos.

 

 

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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