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UN ACTOR ESPAÑOL

Por 2 de noviembre de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Javier Rioyo

 

Se parecía al país. Me refiero a esa España, aquella y un poco ésta. No era alto, ni guapo, ni valiente. No es fácil ser más tópicamente español desde por nombre, apellido o aspecto. Un español del pasado que felizmente no será ya el que fue.

José Luis López Vázquez es la representación mejor terminada de un español que supo supervivir disimulando. Podía haber sido un pelotilla de ministerio, un siervo simulador, un medico de provincias, un tapado republicano o un facha sin demasiado correaje. Un superviviente, un rijoso simulador o un hombre cerrado en el armario de sus secretos. Y un falso amigo, admirador o siervo. Un hombre que fue mejor actor que pensador, mejor ficción que realidad. Tal cómo fuimos.

No podía ser un galán pero ha sido imprescindible en lo mejor de nuestro cine. Sin olvidarnos del teatro y de historias de la televisión de tiempos pioneros. López Vázquez, capaz de estar bien en el cine de Ozores o en las más crípticas películas de Saura, un actor que fue capaz de que Chaplin o Cukor se fijaran en él.  Nunca se atrevió. Hizo bien, allí ya estaban Lemmon o Mathau. El era el hombre perfecto para la España berlanguiana que se parecía a la verdadera España. Siempre estamos cerca de nuestra imagen deformada. De nuestro esperpento.

Unas cuántas veces coincidí con él. Hablamos poco. Yo creo que tenía una perpetua desconfianza o una educada reserva. Era un gran actor. Lo que no quiere decir que fuera tan grande en otras actividades o cualidades. Era, cuentan, un hombre muy preocupado por el dinero. Sobre todo por la carencia de dinero. En la lista de los "roñosos" siempre ocupará un privilegiado lugar.

Una vez esperaba que se publicara una entrevista suya en "ABC". Haciendo una excepción, en un descanso de rodaje, compró el periódico. Se decepcionó porque la entrevista se había convertido en una corta información y sin foto. Una inversión inútil. Un compañero le pidió prestado el periódico. López Vázquez- viendo una salida digna para recuperar su inversión- se lo ofreció en propiedad por cincuenta pesetas. La mitad de su precio y ¡casi sin usar!

Los actores, incluso tan geniales, también son esos económicos seres humanos.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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