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¿Kafka en Sevilla?

Por 13 de noviembre de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Javier Rioyo

 

Estoy en Sevilla. ¿Podría vivir aquí? Tengo mis dudas. Es una de las ciudades más interesantes del mundo. En estos días, por ejemplo, se está viendo el mejor cine europeo. Hay un teatro de la ópera notable. La mejor plaza de toros- después de la de Madrid-, algunos de los bares, de las barras, más tentadoras para uno que sabe bastante de barras. La ciudad con sus fiestas, sus santos en procesión, sus risas, sus llantos de diseño, sus calles enrevesadas, sus parques es una joya. Ciudad monumental, divertida, buena para el paseo, está cerca de Cádiz…y sin embargo no me veo viviendo en Sevilla.

Mi amigo el escritor, Juan Antonio Maesso, imaginó una  Sevilla con vampiros Y el genial Kiko Veneno, canta eso de "cuando nieva en Sevilla me gusta verte". Y Silvio, ese genio que se mató a chupitos de coñac, cantaba a sus vírgenes. Pues ni así me imagino viviendo en Sevilla. Es demasiado fácil vivir sin hacer nada, contemplando, tomando una tapitas, dándole a la manzanilla y dejando que la vida transcurra sin trabajar. "Menos mal que aquí en Sevilla la vida tengo ganada pues con tanto calor sudo aunque nada haga". Es eso, tal como lo cantaba Silvio. En Sevilla atacan unas enormes ganas de no hacer nada. Nada que tenga que ver con el trabajo. Preferiría no hacerlo podría ser el mejor eslogan de Sevilla. Aunque creo que ya nada es cómo antes. Ahora la gente que trabaja, madruga, se altera y ganan el pan con el sudor de su frente.

La Sevilla que me gusta es esa que enganchó a alguien tan vital vividor y tan poco trabajador como Pepín Bello. Pues bien, yo que siempre he pensado que quería ser eso,  un maestro de la contemplación y el "dolce far niente" me encuentro agotado después de tres días de practicar la buena vida. Tengo que huir. Volver al tedio del trabajo y las obligaciones.

Esa tentación de no hacer nada debe ser un mal que afecta a los visitantes de la ciudad. Que no se enfaden los trabajadores que viven en su ciudad, ellos se salvan de esa peculiar enfermedad del espíritu. Es una enfermedad poco contagiosa pero yo la pillé. Así que no me puedo quedar en Sevilla porque sería demasiado fácil buscar excusas para no hacer nada.

 

¿Hubiera sido posible ser Kafka  y sevillano?

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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