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Escribir a oscuras, escribir a máquina

Por 22 de enero de 2009 Sin comentarios

Eder. Óleo de Irene Gracia

Javier Rioyo

Escribo deprisa, naturalmente con mi ordenador. Aunque para ser más sincero, ni soy muy rápido, ni desde luego ordenado. Pero sí, me fui naturalmente adaptando a las nuevas formas de escribir. Como todos los niños comencé con lapiceros. Seguí con bolígrafos. Me pasé a los rotuladores. Y siempre envidié a los que usaban las plumas. De ellas también tengo difusos recuerdos infantiles, sobre todo de los tinteros.

Seguí con la máquina. Me pasé a la eléctrica. Y de allí a los ordenadores. Cada vez más pequeños, cada vez más de diseño. ¿Hubiera sido distinto escribir siempre a mano, con tinta, con velas, a la luz o las sombras de un mundo sin luz eléctrica?

Estos días, recordando nuestras lecturas de adolescentes maravillados ante el miedo, seducidos por los mundos oscuros de Edgar Allan Poe- no hay que perderse la edición de Páginas de Espuma con la traducción de Cortázar, edición de Iwasaki y Volpi, prólogos de Vargas Llosa y Carlos Fuentes, e introducción de otros 65 novelistas españoles, total 69- en los días de la celebración de sus doscientos años. Un escritor que, como tantos, no conoció la luz eléctrica, ni ninguna máquina que no fueran su mano y su pluma para escribir algunos de los más inmortales relatos de la historia. Además escribió en situación precaria. En tabernas, con ruido y furia, con alcohol y con poca comida. Escribió como pudo. Y nos emocionó como pocos.

La primera novela que se escribió con máquina fue Huckleberry Finn, fue en 1885 y Mark Twain, Samuel Clemens, ya era una leyenda mucho más allá del Mississippi. El clásico escritor del Sur se hizo un moderno y fue el primero que escribió sin tener esa relación tan cercana con las letras, con las palabras. De vez en cuando me gustaría ser uno de aquellos tipos del Mississippi. Mejor uno como Twain. Pues nada, seguiré siendo ese que de vez en cuando los puede leer. Aunque sea en un Ibook.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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