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El ruido y la fiesta

Por 4 de agosto de 2008 Sin comentarios

Javier Rioyo

Mi amigo en Buñuel, en Barros y en otros heterodoxos, el periodista Ramón Rozas- uno de los que mejor conocen los secretos de las piedras y las calles de Pontevedra- me había invitado a los toros en Pontevedra. Una plaza histórica, un reducto, un símbolo de resistencia de una fiesta que sigue viva a pesar de la razón. Única plaza gallega, aunque haya corridas en otras ciudades, en otros pueblos, ésta de San Roque es la única plaza estable en Galicia, territorio poco taurino si exceptuamos Pontevedra. Fue una experiencia, no mística, ni religiosa, ni mucho menos silenciosa. Juerga y ruido en una fiesta que, cuando más me gusta,  se escucha "esa música callada" de la que hablaba Bergamín.

No escuchamos música callada. Había música de banda, pitos, tambores, trompetas y otros ruidos de peñas. También había muñecos de feria, pistolas de agua, litronas, bocadillos y otros elementos que poco tienen que ver con mi forma de entender lo taurino…Y sin embargo, disfruté. Fui masa de pan y circo. No aumenté el ruido, no grité a los toreros, ni usé pitos o cláxones, pero me vi envuelto en esa juerga que me hizo ser joven y estar en San Fermín. Otra forma de la fiesta. Me extrañaba que, como en el fútbol, parte del público gritaban orgullosos "soy Español, Español, Español". Nunca he presumido de esa condición. Lo soy sin prejuicios, sin fatalidad y desde luego sin aquel orgullo de los falsos patriotas. Disfruté de la corrida en compañía de la peña "Los Tiritis", los más civilizados entre los ruidosos. Y lo hice porque allí, en el ruedo, en el lugar de la verdad, dónde la vida y la muerte se miran de cara, allí, más allá de los ruidos, la furia, la juerga y la fiesta, estaba ese torero que ha sabido devolver a la fiesta toda su seriedad, su emoción y su silencio. Toreó José Tomás en Pontevedra. Cortó tres orejas, salió por la puerta grande e hizo, por algunos segundos, que la plaza llena de juerga se callara para escuchar por unos instantes el silencio de lo verdadero. Gracias, amigo Ramón, volveré al circo el próximo año. Se que es un espectáculo razonable, que seguramente sus seguidores somos animales en extinción, pero me gusta y me emociona. También, con otros toreros me divierte o me aburre. Lo de José Tomás es una extravagancia, como la de esos que tanto nos gustan.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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