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El efecto Guggenheim

Por 22 de octubre de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Así se llama un ensayo del pensador y profesor que surgió de Deusto, Iñaki Esteban y que sabe muy bien de qué espacio habla. El lugar donde hoy está ese corazón de Bilbao ayer, hace diez años, era el lugar de la herrumbrosa decadencia de una  ciudad famosa por su orgullo -entre otras muchas cosas- pero que estaba conociendo tiempos de decadencia. Llegó el Guggenheim, y sobre todo, llegó el edificio de Frank Gehry y el basurero de esa zona se convirtió en emblema de modernidad. En ornamento de una ciudad que pretendía ser otra, quitarse boina, soltarse mitos y mirar al futuro sin complejos.

Eso no es fácil, no se hace solo con una arquitectura espectacular, con un museo llamativo, con esponsorizaciones globales y con otros arquitectos estrellas llenando con su  firma el metro, los puentes o los nuevos rascacielos de una ciudad tradicional, de una ciudad que conoció el cambio -no sin resistencia- de los verdes valles a las colinas rojas. No es solo el efecto Guggenheim el que permite el cambio en el espíritu de la ciudad.

Como dice Iñaki Esteban, “hablar del Guggenheim sólo como cultura es como hablar de fútbol de Primera División solo como deporte”. El Guggenheim y su efecto son mucho más que un hecho cultural. El efecto Guggenheim, si no se tuerce en proyecto solo ornamental o se banaliza en sus contenidos, es en diez años de vida el ejemplo de cómo se inventa un lugar simbólico del cambio de una ciudad. De la transformación de un pueblo y de sus relaciones con el exterior. El efecto de apertura al mundo y su complejidad, la ruptura con un nacionalismo cerrado y de taberna , el fin del orgullo de raza y el ser capaces de saber que en el mestizaje, en la llegada del otro, de los otros, está la mejor solución contra el muro de la intolerancia.

A pesar de los gustos de Gerhy también han limpiado el entorno. Lo han ajardinado, suavizado, dulcificado. Ya no tiene la personalidad herrumbrosa de antes, ese aspecto industrial, lleno de contenedores, de vías electrificadas o de pintadas pro-etarras. Han querido limpiar, despejar y hacer brillar lo que Esteban llama “un inmueble fotogénico, orgánico y orgásmico”.

Estuve en la inauguración, he vuelto después de diez años. Han pasado muchas cosas, muchos Armani, Hugo Boss y otras fáciles marcas del lujo “popularizado”, pero también han venido algunas exposiciones que merecieron la pena. Y sobre todo, ahora, en esta conmemoración, para los que quieran seguir el mejor arte del imperio americano, la innovación de lo que nos vino de USA -un arte imprescindible para entender nuestro tiempo- que se disponga a visitar esa exposición llamada “Art in the USA”. Un mundo lleno de hermosas paradojas.

Visita aparte los laberintos de Richard Serra. Como si paseáramos por Fez, por un cañón o por las estrechas calles de alguna ciudad silenciosa. Hermosas sus hierros que van cambiando el color con los años. También la herrumbre es hermosa. ¿Dónde estarán las toneladas perdidas en el Reina Sofía? ¿Estará la obra de Serra siendo vendida como chatarra? Que la chatarra no llegue al efecto Guggenheim.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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