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El Camino: pícaros, peregrinos y burdeles

Por 14 de julio de 2008 Sin comentarios

Javier Rioyo

/upload/fotos/blogs_entradas/camino_de_santiago_1_med.jpgHemos recorrido una parte del riojano Camino de Santiago. Unos días travestidos en peregrinos. La mochila cargada con nuestra poca fe, sin sellos de mercaderes, ligeros de equipaje. Más seguidores de Jack Kerouac que de Santiago Matamoros. Caminantes sin gregoriano, paseantes con el iPod lleno de músicas de Tom Waits, uno de nuestros profetas. Me puso la banda sonora por este misterioso, viejo e imprevisible camino europeo. Su voz de aguardientes, caminos, tabernas y burdeles -la misma que mañana nos hará peregrinar a Barcelona y escuchar su mensaje en directo- dice cosas, canta historias que hacen meditar en el peregrinaje por estos senderos de santos y pecadores. Una de las canciones de su disco dedicado al maldito, o sangriento, dinero, ese ídolo pagano, dice que "Dios está en viaje de negocios". Dios on the road. Y no le va mal. Estelar negocio que empieza desde la curiosidad, desde la fe, la aventura o el deseo de fuga, y termina, a golpes de tarjeta de crédito, cerca de nuestro finisterre gallego.

A lo largo del Camino crecen los negocios. Bodegas, mesones, hostales, templos, burdeles…, conviven desde sus orígenes y ofrecen sus mercancías al peregrino. Tentaciones de todo precio. Adaptadas al cliente, crecen y se transforman con los siglos. Nos tropezamos con faunas de variado pelaje. Disfrazados de místicos, capaces de vender su imagen por unas monedas. Lenguaraces o silenciosos, veteranos peregrinos que han sabido vivir por la barba de la candidez del turista de santidades. Pícaros de la calzada, capaces de robar hasta los huevos del gallinero de la catedral de Santo Domingo. Podían venir de allí los que nos comimos, a precio de asalto, en un mesón al lado del monasterio donde nuestra lengua empezó en "roman paladino en el cual suele el pueblo fablar a su vecino". Ni Gonzalo de Berceo, ni el pobre de San Millán podrían fondear en esos garitos.

Seguimos los desvíos. Veo subir, disfrazado de Bahamontes, al monasterio de Suso a Carles Francino. Como no creo en los milagros, con mis pies de plomo, propongo parada y fonda en Ezcaray. En Echaurren, que nunca falla. Al lado de la casa natal de uno de nuestros más bohemios y trágicos poetas, Armando Buscarini. Brindamos con vino divino por el versificador de rezos y blasfemias.

Estamos condenados. Nos encontramos con María San Gil, buen color, buen humor y sin apariencia descentrada. Regresamos al camino. Allí, un moderno burdel. Seguimos. Nos salvamos del pecado. No como aquel viajero alemán que hace siglos por allí se encontró "gente burlona, y la hospitalera hace muchas picardías a los peregrinos…". No era hospitalera. Se llamaba Carla, venía de los Balcanes y quería hacerse rica. No con estos castos peregrinos.

Ártículo publicado en: El País, 13 de julio de 2008.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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