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Carta sin batalla por Mario Vargas Llosa

Por 17 de junio de 2008 Sin comentarios

Javier Rioyo

Estoy en Santillana del Mar -ya saben, ni santa, ni llana, ni marítima- y el guión se cumple: llueve y parece un día de primavera en Irlanda. Hoy es el "bloomsday". Un buen día para beber y recordar a uno de los más grandes de la literatura. Hoy es el día para celebrar a Joyce, para celebrar Ulises. Todo empezó con una masturbación de su novia y terminó en esa unión ejemplar de forma e historia. Lo que debe tener una novela: la verdad de las mentiras. Una verdad que desde hace décadas nos hace volver a Vargas Llosa.

Hoy, en el día del Ulises se han inaugurado las jornadas con tres escritores en esta ciudad, en este pueblo cargado de historia, del norte de España. Hay muchos escritores, críticos, profesores, incluso hay lectores. Las desgracias, como las gracias, nunca vienen solas. Una vez más Vargas Llosa, con su capacidad para arriesgar esa unión entre vida y literatura, nos ha dado una lección de las dos cosas. Decía José Donoso que estaban lo escritores del "boom", los excelentes, los buenos, los otros y el primero de la clase, ese era Mario Vargas Llosa. Con los años ha mejorado, ya no parece el primero de la clase.

Mantiene esa voluntad deicida de recrearlo todo, de contarlo todo desde lo pequeño hasta los más grande. Lo mismo que él admiraba en ese libro tan apasionante y extraño, ese libro sin tiempo y con época que es Tirant lo Blanc.

Uno de esos libros que se atreven a suplantar a Dios, de esa estirpe de escritores en la que podemos poner además del reivindicado autor de Tirant, a su admirador Cervantes. Y por hacer caso a Vargas Llosa, en esa tropa podría estar Fielding, Balzac, Dickens, Flaubert, Tolstói, Joyce, Faulkner… Y ahora, al margen de Vargas Llosa, o a su lado, también nos podrían acompañar en este día tan literario Kafka, Borges, García Márquez, Roth, McEwan y otros que deberían estar en la historia de nuestros deicidios.

La lista podría ser larga. Esta noche, con algún vino de la cena, después de que el novelista deicida haya reposado su visita al monasterio de Liébana, a esa biblioteca de un lugar de meditación, reposo y dudas, me atreveré a preguntar a Mario Vargas Llosa qué amplía su lista de los suplantadores de Dios. De esos dioses tan nuestros que no ocupan todo el lugar de un impr Lobable paraíso. En los cielos literarios los dioses tienen que saber compartir los espacios.

Y eso lo sabe Mario Vargas Llosa que cada día está más en la tierra. Aunque él también sea un deicida. 

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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