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AVISO PARA MITÓMANOS

Por 21 de agosto de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Soy un confeso mitómano. He sido capaz de encontrarme feliz en algún lugar porque allí estuvo Robert Graves- incluso en su tumba, un lugar perfecto para descansar el resto de la no vida- o porque allí bebió Ava Gadner. He recorrido lugares, casas, bares, bibliotecas, cementerios, playas u hoteles en las que estuvieron algunos de mis mitos. Y no hablo de mitologías del siglo XX. También he seguido la estela de Safo, Virgilio o John Ford. No me importa la época. Incluso estuve en un lugar donde nunca pudo dormir un tal Ricardo Reis, ese heterónimo de Pessoa redimido por Saramago.

La ciudad, creo, más visitada por razones de mitomanías ha sido París. Casas, cementerios, cafés, calles y hoteles en los que he dejado que mi imaginación me acercara al admirado me han proporcionado momentos de placer. Incluso con algunas incomodidades. Pero, ¿qué importa que el hotel sea incómodo si allí durmieron -o mejor no durmieron- Sartre y Simone De Beauvoir? Y lo que aún me emocionaba más. Estuve en la misma habitación donde escribió, y seguramente tuvo muchos encuentros con esos amantes callejeros que le gustaban, el admirable Jean Genet. Más de una vez estuve alojado en el hotel La Louisiane. Todo un mito de los hoteles del barrio Latino. Un lugar privilegiado para imaginar la vida de Saint-Germain-Des-Prés en los años de la mejor canción francesa. Un lugar donde se citaba Sartre con “el Castor” y con otras amantes. Un lugar donde el escritor de Las criadas bebió, escribió, amó y desamó. Un lugar así, además de otros muchos en la nómina de mitos, bien merecía un poco de sacrificio si de comodidad hablábamos.

Hace años que no voy al hotel La Louisiane, ya me pareció demasiado precario, sin aire acondicionado, sin un buen baño, de dudosa limpieza y de comodidad francamente mejorable. Pero recuerdo sus habitaciones de rotonda como un lugar mítico. Como un grato recuerdo. Un amigo, también mitómano, me preguntó por ese hotel. Quería pasar unos días con su pequeño hijo, con su mujer. Y quería vivir en ese París que pertenece más al decorado que a la realidad. Muy vivamente le aconsejé estar en ese hotel. Conseguir una habitación de rotonda. Y pensar que por allí estaría el espíritu de un París que ya solo está en la literatura. Debería haberle recomendado el Lutetia pero, por razones de presupuesto, me pareció que La Louisiane estaría bien. Al menos una vez.

Todavía me habla. Pero ya no se fía más de mis recomendaciones. El hotel, eso sí, está muy bien ubicado, eso no lo puede negar. Pero tuvieron que huir la primera noche. Además de incomodidades varias, obras, ruidos, ausencia de servicios, aparecieron unos pequeños habitantes. Esos bichos que solo nos son simpáticos en algunos dibujos animados. Salió huyendo de los mitos.

Hay mitomanías, rituales, que corresponden a la edad inmadura. Todavía tengo mucho de inmadurez, esa de los seguidores de Gombrowitz, pero tampoco me fío de mis hoteles de mitómano. Pues eso, aviso para mitómanos que quieran pasar unos días en París. Cuidado con algunos hoteles. Al menos con ese hotel tan mítico llamado La Louisiane. Ya no se pasea por sus habitaciones el espíritu de los ilustres habitantes, los que se pasean son bichos. Ni Albert Camus, ni Kafka estarían dispuestos a vivir con esos habitantes. Al menos no con los que se mueven con nocturnidad por ese hotel parisino.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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