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ARTE Y MERCADO

Por 15 de febrero de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Para conocer una ciudad visito los mercados. Allí permanecen los olores esenciales de la ciudad. También allí se conserva el habla popular. Incluso allí se perciben los cambios. Me gustan los mercados, aunque sean unos espacios en extinción. Nada que ver con lo práctico, útil y aséptico de algunos modernos y excelentes supermercados de grandes superficies. Cumplen con el objetivo, pero son otra cosa.

Con  ese espíritu de mirón de mercados, de observador de mercaderes me fui a ARCO en el primer día, en las primeras horas. Son unas horas de mucha actividad, de mover dinero, de paseos de las instituciones, los millonarios, los banqueros y los inversores en general. Dicen que son los días para los coleccionistas. Así será, pero sobre todo es el momento de saber dónde y cómo invertir. Muchas de las obras que se compran están apalabradas antes, están decididas de antemano, por amistad, por indicación del intermediario o por buena posición en “el mercado” del artista y de su galería.

Lo pasé bien. Era como asistir desde cerca de un intercambio de abalorios. Llegan los conquistadores a las tierras indígenas, les quieren cambiar el oro por unos espejos, por una espada o por un fusil…Los indios se hacen los tontos, no saben, no están, no contestan, entonces llegan los intermediarios, los galeristas. Ellos son de la misma raza de los compradores. Son finos, encantadores, hablan idiomas y saben cómo va el mercado. La rareza del artista, del indígena, del buen salvaje  queda domesticada con el intercambio favorable. El indio se lleva su parte. Le gusta que sus juguetitos les gusten a esos señores. Mañana harán más. Se ponen a buscar, incluso a veces encuentran.

Los compradores se van contentos. Hace muchas décadas ya se dieron cuenta que un mingitorio, una mierda seca, el aire de una habitación, la sangre coagulada, un hierro de toneladas, un cartel de un pobre, una foto de los abuelos con un antifaz, unos esqueletos, un insulto… todo está en el mercado. Todo es arte. Todo vale. Todo se puede comprar. Lo malo es que no te devuelven nada cuando no te gusta la compra al llegar a casa. Y es que ARCO, todavía no es “El Corte Inglés”, todavía no es perfecto. Hoy vuelvo. Me gusta este supermercado, es casi tan emocionante como el “Parque de Fieras” del Retiro. Es como volver a los años de la plastilina. ¿Tuve yo plastilina?

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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