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ARMAS Y LETRAS

Por 29 de junio de 2007 Sin comentarios

Javier Rioyo

Estoy en Bogotá, dentro de unos minutos se debatirá sobre los desafíos de la Industria Editorial, se están celebrando el II Acta Internacional de la Lengua Española. Hasta hace un rato todos estábamos matizadamente contentos, optimistas y esperanzados con la gran transformación que ha vivido, que sigue viviendo el país colombiano. Con el cambio vital y cultural en una de las más complicadas capitales del mundo.

Es Bogotá una ciudad fascinante por su crecimiento, por su transformación, también por su peligro, su manera de crecer bajo volcanes que no se ven, pero que ahí están. En la Capital Mundial del Libro de 2007, como así lo decidió la UNESCO, después de haber escuchado un discurso inaugural, también matizadamente optimista del escritor William Ospina sobre el futuro del libro, sobre el futuro de la lectura y sobre el comienzo de la modernidad de la mano del crecimiento del libro como un bien común para la mayoría.

Yo, como Ospina, soy de la tendencia optimista. Después viene la realidad y te muestra sus garras, sus miserias y su brutalidad. Mientras nosotros nos disponemos a debatir sobre las bondades de la cultura y su difusión,  en las sierras de Colombia acaban de asesinar a once diputados secuestrados por la guerrilla. Es muy difícil hablar con normalidad de las letras cuando las armas hablan de esa manera.

Ya ayer, antes de escuchar a Ospina, guardamos un minuto de silencio por la muerte de los soldados españoles y colombianos en lugar del mundo donde las armas están por encima de las letras. Ahora comenzamos con la sombra de esos otros muertos.

Hubo un tiempo que muchos intelectuales miraron con simpatía esos movimientos de “liberación” que se daban en muchos países de dictaduras en América, en otros lugares del mundo. Hoy ya no podemos justificar, por más torpes y vendidos que sean algunos gobiernos, por más desacertadas que sean algunas medidas y por más injusticia y desigualdad que exista en la sociedad. No podemos usar las armas. No se puede creer en el fundamentalismo del arma, la fuerza, el secuestro. No tengo solución. No tengo idea qué se debe hacer para terminar con las guerrillas secuestradoras y antidemocráticas. Tampoco sabemos cómo liberarnos de malos gobernantes. Cómo terminar con tantas desigualdades o injusticias. Hoy tampoco nuestra pluma vale lo que sus pistolas.

Y poco, no estoy seguro si nada, tiene que ver aquella pistola que cantaba Antonio Machado, con estas pistolas de las guerrillas colombianas. Poco vale nuestra pluma, pero no queremos cambiarla por sus pistolas.

Quería hablar de la hermosa y literaria ciudad. Lo haré en otro momento.

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Javier Rioyo

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía. En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones. Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico. En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

En 2011 fue nombrado director del centro del Instituto Cervantes de Nueva York en sustitución de Eduardo Lago.​ Ocupó el cargo hasta septiembre de 2013, cuando fue sustituido por Ignacio Olmos.​ En 2014 fue nombrado responsable del centro del Instituto Cervantes en Lisboa.​ En febrero de 2019 deja el cargo y pasa a dirigir el centro de Tánger de la misma institución.

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